@JoseMezaPereira Ahora rasgas vestiduras! Cuando ustedes denostaron la figura presidencial durante 4 años. Son caraduras. Ahora olvidan todo lo que dijeron de G. Boric.
CARTA ABIERTA A LA DIPUTADA BARCHIESI.
Diputada @BarchiesiDip
He leído su publicación sobre el INDH., y confieso que me produjo una mezcla difícil de describir: primero incredulidad, luego preocupación y, finalmente, una cierta ternura intelectual. No todos los días una parlamentaria consigue condensar tanta ignorancia jurídica e histórica en tan pocas líneas.
Usted afirma que el INDH sólo defiende “delincuentes y zurdos”. La frase, además de impropia de quien ostenta un cargo de representación nacional, revela una comprensión extraordinariamente precaria de aquello sobre lo que pretende legislar.
Los DD.HH no fueron inventados para proteger a las personas buenas, simpáticas o ideológicamente aceptables. Fueron concebidos, precisamente, para impedir que el poder del Estado pudiera atropellar la dignidad de cualquier ser humano. Son un límite al poder, no un premio a la virtud.
Resulta curioso que una diputada que admira con tanta devoción al régimen militar parezca olvidar por qué Chile creó el INDH. No nació por generación espontánea ni para satisfacer algún capricho de la izquierda. Nació como consecuencia de una historia marcada por detenciones ilegales, torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones y un Estado que durante años confundió la autoridad con la impunidad. La memoria institucional existe precisamente para evitar que esas páginas vuelvan a escribirse.
Su publicación, sin embargo, incurre en un error todavía más elemental. Pareciera creer que si el INDH investiga abusos cometidos por agentes del Estado, entonces está en contra de Carabineros. Esa lógica es tan absurda como concluir que un médico odia a sus pacientes porque diagnostica enfermedades.
Los carabineros también son titulares de derechos humanos. Son personas antes que funcionarios y, cuando alguno de ellos es asesinado, secuestrado o víctima de un delito, sus derechos son tan inviolables como los de cualquier ciudadano. La diferencia —ese pequeño detalle que parece haber escapado a su lectura— es que cuando ejercen la función policial representan al Estado y, por ello, tienen además el deber de respetar y garantizar los derechos de los demás. Porque quien porta legítimamente las armas no dispone de más derechos que el resto; dispone de más poder. Y cuanto mayor es el poder, mayor es el control que debe ejercerse sobre él.
Eso no debiera escandalizar a nadie que haya abierto un libro de Derecho Constitucional.
El INDH no fue creado para combatir delincuentes ni para reemplazar al Ministerio Público. Tampoco para actuar como oficina de relaciones públicas de Carabineros. Su misión consiste en observar cómo el Estado ejerce el poder frente a las personas. Exactamente igual que un auditor no administra una empresa, sino que fiscaliza su funcionamiento.
Usted podrá discrepar de informes, criterios o resoluciones específicas. Eso forma parte del debate democrático. Lo que resulta más difícil de justificar es pretender eliminar una institución porque no confirma sus prejuicios ideológicos. Esa actitud no es propia de una legisladora; es la reacción de quien rompe el termómetro porque no le gusta la temperatura que marca.
El problema de fondo, diputada, no es su opinión. En democracia todas las opiniones tienen cabida. El problema aparece cuando una representante de la República habla con absoluta convicción sobre materias que evidentemente desconoce. Entonces la ignorancia deja de ser una limitación personal para convertirse en un riesgo institucional.
Quizá antes de volver a opinar sobre DD.HH., convendría dedicar unas horas a estudiar su origen, su evolución y su finalidad. Descubriría algo fascinante: que existen precisamente para proteger a los ciudadanos de los excesos del poder político. Incluso cuando ese poder cree tener siempre la razón.
Y esa, diputada, es una deliciosa ironía. Porque hoy usted ocupa un escaño gracias a un sistema democrático cuyos cimientos descansan exactamente sobre esos derechos que parece despreciar.
@MisColumnas
“La estupidez organizada*
Antes, la estupidez no tenía la capacidad para generar redes y vincularse entre si para producir alguna idea. Salvo pequeños grupos, siempre locales, jaurías que reclamaban desde sus sillones o murmuraban desde taxis sus frustraciones y minúsculos odios.
Hoy, la tecnología los dotó de las herramientas y liderazgos que nunca fueron capaces de producir por si mismos. Les entregó la posibilidad de contactarse con otros iguales, de intercambiarse estupideces, odios, terraplanismos y obsesiones irrisorias. Se volvieron interesantes para quienes no tienen mayorías —porque son elites cerradas — porque de pronto habían ejércitos de soldados tontos disponibles para reyes y reyezuelos que sabían perfectamente lo que buscaban.
Hoy, tenemos América Latina y el mundo amenazados por “la ignorancia organizada”.
No soy alguien que debA esforzarse en ganar votos y ser políticamente buenito, no pertenezco a ese mundo, pero lo entiendo. Porque, me disculparán, pero el problema no es nuevo. El lumpenproletariat siempre ha estado ahí, el fachopobrismo existe, no es una opción política ni ideológica, no hay fundamentos que los sostengan pero ahí está; son una mezcla de odios, ignorancia, prejuicios y lo peor del detritus aspiracional al fondo del basurero del capitalismo. Ese espacio está habitado por quienes creen las promesas de lujo, status, belleza, triunfos y millones que con toda seguridad van a alcanzar levantándose todos los días a las 6:00 am y sometiéndose a los abusos y autoabusos de un modelo que no trabaja para ellos, sino para esos pocos de un club al que jamás pertenecerán. La diferencia es que hoy se organizaron, les crearon un común adversario y se volvieron zombies al mando de personajes que literalmente controlan sus mentes a través de aparatos conectados vía satélite directamente a sus ojos y cerebelos, a sus emociones más básicas: furia, éxtasis, envidia, celo, rabia, odio. Porque hoy nadie reflexiona, ni escucha su espíritu, ni busca la verdad en la información, quiere dopamina, porque esta es una revolución química:
La música debe producir trance,
La religión debe producir éxtasis y llanto,
Las noticias deben producir terror,
El amor debe ser pasión y mutua fagocitación,
El fútbol debe ser furia y violencia,
La nacionalidad… odio.
Nadie debe quedarse un solo segundo en soledad consigo mismo, reflexionar es doloroso, en cada momento libre se saca el celular para sumergirse en lo otro. Hay un vacío que esquivar y un griterío tribal que habitar.
Es una situación gravísima. La izquierda no tiene antídoto, ni los mismos medios para hacerle frente.
Antes, el imperialismo necesitó tanques, Ejércitos traidores y Hawker Hunters. Hoy, solo necesitó Tik Tok y microtargeting, evangelismo pentecostal y miedo a un comunismo inexistente. Latinoamérica cayó desde adentro, al interior de un taxi, escuchando una radio y scrolleando facebook.
No estoy seguro cuánto tiempo pasará hasta que Latinoamérica salga de ese taxi, ni cuánto se habrá destruido antes de volver a despertar. Son tiempos muy difíciles, a diferencia de las dictaduras de los ‘70 instaladas por Washington en toda latinoamérica, hoy es la misma gente la que entrega su libertad y sus derechos alegremente sin darse cuenta. Porque así se ve la esclavitud hoy, disfrazada de la palabra libertad, pero desprovista de todo su sentido original.
Hoy, la estupidez organizada es el partido más poderoso del mundo.
@ximena2425@nosoyelnao@tudia_13@canal13 De 58% solo 22% es voto duro de jajaj, el resto fue voto del desencantado y un % no menor de los anticomunistas, así que córtela con el 58% porque no es real.
@Tono_Coloma Y la violencia que tú y tu sector ejercieron contra Boric los 4 años anteriores. Ahora a aguantar, eso usted lo consideraban libre expresión.