📍 #Daule | Competencia que impulsa al campo 🌾
La #SCE capacitó a agricultores de arroz sobre la Ley Orgánica de Regulación y Control del Poder de Mercado y la Ley contra la Competencia Desleal.
Reglas claras para proteger y garantizar mercados justos.
#SCEenTerritorio
Yo por aquí …
El que tiene padrino se bautiza…
Y el que no, espera.
Una frase que, aunque parezca un simple dicho popular, sigue siendo un reflejo triste de nuestra realidad.
Hoy lo he visto con mis propios ojos.
No solo ocurre en las instituciones públicas, sino también, y de manera más decepcionante aún, en la parte privada.
En ambos espacios merecemos el mismo trato, pero lo que diferencia a uno del otro debería ser la organización.
Porque si algo esperamos de una entidad privada es justamente eso: planificación, coordinación, estructura.
Por eso no deberían existir largas filas, desvíos de turnos, ni personas que se “meten” simplemente porque conocen a alguien.
Y quiero dejar algo claro: no se trata de entender lo que pasa en la parte pública, porque hacerlo sería normalizarlo.
Es, más bien, incomprensible que sigamos sin una estructura organizacional sólida, sin planificación, sin control y sin coordinación.
Y esto sucede, en gran parte, porque hay personal de territorio, u operativos, que llevan tanto tiempo dentro de las instituciones que ya no quieren soltar la “teta”; saben que si el sistema se ordena, si se planifica correctamente, se acabarían los desvíos de citas, de camas, de hospitalizaciones… y con ello, se acabarían también muchos de los beneficios personales que obtienen de ese desorden.
Pero ese no es el punto de hoy.
Hoy hablo del sector privado, donde uno asume que las cosas están coordinadas, que hay procesos claros, que todo funciona como debe ser. Y por eso, cuando ocurre lo mismo, cuando alguien se salta el turno por “ser conocido”, resulta aún más decepcionante.
Quise creer que quienes lo hicieron tenían una razón más urgente, algo que justificara esa acción.
Lo quise creer para no levantarme y decir: “¿Qué está pasando?”.
Pero si no fue así, entonces seguimos fallando como sociedad.
Porque el problema no está solo en el desorden, sino en la pérdida de valores: en la falta de respeto, empatía y justicia.
No se trata de llegar primero, sino de hacerlo bien.
Porque la verdadera educación no se demuestra con títulos ni contactos, sino con el respeto que mostramos incluso cuando nadie nos mira.