Nadie creció con la intención de dedicarse a la limpieza, trabajar de cajero o ser guardia de seguridad. Todos teníamos grandes sueños, pero la vida se interpuso, respeta los trabajos de los demás.
A medida que pasa el tiempo, más entiendo por qué la gente se sumerge en la jardinería, la repostería, la lectura y largos paseos. No porque la vida se volviera aburrida. Porque la paz se volvió valiosa.