@BanorteEscucha tengo una póliza de auto con ustedes. Ya va a vencer (7 días )y no me han dado aviso ni me han dado el aviso de prima de la póliza a renovar. Su plazo legal es 30 días antes, ni por teléfono me dan información certera y precisa hasta que se renueve. Me ayudan?
@BanorteEscucha Hola, qué información puedo brindarles para que me apoyen.
El objetivo es saber de cuánto será la póliza de seguro de mi auto, me debieron notificar hace un mes. He hablado y he ido al banco acá en Mérida Yucatán y dicen que no pueden darme información.
@BanorteEscucha tengo una póliza de auto con ustedes. Ya va a vencer (7 días )y no me han dado aviso ni me han dado el aviso de prima de la póliza a renovar. Su plazo legal es 30 días antes, ni por teléfono me dan información certera y precisa hasta que se renueve. Me ayudan?
El pasado sábado a las 13 p.m. con todo el calorín.
Check-in del apartamento turístico que habíamos alquilado.
Reservé un apartamento con terraza y vistas al mar. El anfitrión me dice muy amable que, por un "cambio de última hora", me tienen que dar otro apartamento interior sin terraza. No acepto las llaves. Saco el móvil, entro al anuncio original de la plataforma donde hice la reserva y le digo...
@LabMedicoChopo llevo dos días esperando resultados de un EGO para ayudar a mi hija a sentirse mejor y no me entregan nada. La fecha de entrega dice 9 de julio 2026. Ayuda porfavor, urgen!!!
@TELMEXSoluciona ayuda porfavor. No tenemos conexión a internet desde la tarde. Sí pagamos el servicio, aparece como conectado a wifi, pero no conecta.
MALEDUCADOS
La era de la vulgaridad.
La filósofa y socióloga eslovena Renata Salecl no escribe un libro sobre malos modales. “Maleducados”, —la era de la vulgaridad— es, en rigor, una radiografía moral y política de nuestro tiempo. La grosería que hoy campea en el trabajo, en la política y en la vida social no es un accidente cultural ni un simple deterioro de las formas: es el síntoma visible de una ideología que ha hecho del éxito individual, la competencia permanente y la grandiosidad performativa sus pilares centrales.
Salecl acierta al identificar que la vulgaridad contemporánea no se limita al lenguaje soez o a la descortesía cotidiana. Es una forma de relación social. Una lógica que premia la humillación del otro, la agresividad como señal de liderazgo y la exhibición de poder como virtud. En este marco, la cortesía deja de ser un valor civilizatorio para convertirse en debilidad; el respeto, en ingenuidad; la prudencia, en falta de ambición.
El discurso del éxito —amplificado por gurús motivacionales, manuales de autoayuda y retóricas empresariales— exige no solo triunfar, sino parecer triunfador incluso en la derrota. Se trata de una teatralización permanente del yo, donde la imagen sustituye a la experiencia y la voluntad se presenta como solución universal. El fracaso, así, deja de ser una circunstancia para convertirse en culpa. No hay estructuras, no hay contextos: solo individuos que “no se esforzaron lo suficiente”.
Este imperativo produce una paradoja devastadora: cuanto más se exalta la meritocracia, más se extiende el síndrome del impostor. Incluso quienes alcanzan posiciones de éxito viven bajo la sospecha íntima de no merecerlas. El ideal es tan alto, tan inalcanzable, que nadie está verdaderamente a la altura. La ansiedad y el burnout no son anomalías del sistema laboral moderno; son su consecuencia lógica.
En los espacios de trabajo, la erosión del sentido colectivo ha dado paso a entornos de competencia feroz, vigilancia constante y miedo al reemplazo. La grosería no es aquí un exceso emocional, sino una técnica de gestión. Salecl muestra con claridad cómo la crueldad se normaliza, especialmente en las élites de poder, donde ciertos rasgos psicopáticos —falta de empatía, manipulación, desprecio por el daño causado— no solo no son sancionados, sino activamente recompensados.
El problema, sin embargo, trasciende lo laboral. La autora conecta esta cultura del ganador con un debilitamiento profundo de la democracia. El individualismo extremo erosiona la solidaridad y alimenta la apatía política. El autoritarismo contemporáneo, advierte Salecl, ya no necesita tanques ni golpes de Estado: avanza mediante reformas técnicas, discursos emocionales simplificados y una ciudadanía cansada, fragmentada y desinformada.
Maleducados es, en última instancia, una advertencia. La vulgaridad no es banal. Es un proyecto cultural que redefine qué admiramos, qué toleramos y qué justificamos. Cuestionarla no es un gesto nostálgico por las buenas maneras perdidas, sino una tarea urgente si aspiramos a reconstruir vínculos sociales, proteger la salud mental colectiva y sostener una democracia que no se desmorone bajo el peso de la indiferencia.
Renata Salecl nos obliga a mirar de frente una verdad incómoda: cuando la grosería se vuelve norma, no estamos ante una crisis de educación, sino ante una crisis de sentido. Y ninguna sociedad sale indemne de ella. @MisColumnas
My goal as a journalist is to report carefully on the best, most practical social policy ideas that can change the world, and this is easily the most exciting one I’ve had the opportunity to cover this year.
I hope you'll read it 🧵↓
@TELMEXSoluciona estimado equipo, de nuevo perdí la señal. Mi módem con punto rojo como hace exactamente una semana. No puede ser! Será que alguien más se conectó a mi línea. Ayuda porfavor!