"Me enfurecí tanto que no daba para volver atrás. Es algo que escapa a mi capacidad de manejarlo: cuando se me sale la cadena, soy medio jodido. Le hago la cruz a una persona y deja de existir en mi vida aunque no me guste, aunque prefiera que sea todo distinto. Y esa madrugada entendí que no quería saber más nada con ellos.
Me llenó de amargura darme cuenta de lo que estaba pasando, de lo que seguramente venía pasando desde hacía años: ¡qué ingenuidad, la mía! Esa es una de las características de la traición: no sabés cuándo empezó, sólo la ves cuando llega el momento en que explota. El enojo me duró tanto tiempo…"
Ninguna mujer quiere estar todo el tiempo discutiendo o haciendo drama. Ella quiere ser alegre, tranquila, amorosa y femenina. Pero eso solo florece cuando hay seguridad, constancia, presencia y responsabilidad emocional.
La mejor venganza ante la gente que te hizo daño y espera que les pagues con la misma moneda es dejarlos esperar sentados y demostrar con el tiempo que efectivamente, nunca fuiste ni serás igual a ellos. La elegancia de nunca buscar dañar a nadie es insuperable.