Todo este quilombo puede escalar feo y es ahí donde uno apreciaría tener gente idónea en relaciones exteriores, pero bueno, decidimos prescindir de eso.
Todo este quilombo puede escalar feo y es ahí donde uno apreciaría tener gente idónea en relaciones exteriores, pero bueno, decidimos prescindir de eso.
"Serán siempre argentinas"
La respuesta de Leandro Paredes cuando le preguntaron por la bandera que levantaron los jugadores de la Selección Argentina tras el triunfo contra Inglaterra.
Nunca hay que olvidar que San Martín tuvo que rosquear para que en el acta de independencia además de cortar lazos con la monarquía española dijese explícitamente "y de toda otra dominación extranjera" porque -como hoy- habían argentinos deseosos de vender el país por monedas.
Argentina debe ser el único caso de un país que desarrolla capacidades científicas y tecnológicas durante décadas hasta obtener logros notables, para luego destruirlas absurdamente por la simple imbecilidad de sus élites. No conozco otro caso así.
La fortaleza del programa nuclear de un país no se mide únicamente por el número de reactores que tiene en funcionamiento, depende también de su capacidad para formar, retener y transmitir conocimiento.
El sector nuclear de Argentina atraviesa un momento de cambios profundos. El Gobierno de Milei mantiene su apuesta por la energía nuclear e impulsa nuevos proyectos con participación privada, pero al mismo tiempo la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ha sufrido importantes recortes presupuestarios, pérdida de personal y una progresiva salida de profesionales altamente cualificados. Algunos investigadores del propio organismo advierten de que el sector ya habría perdido alrededor de 500 especialistas, un capital humano que requiere muchos años de formación e inversión.
También avanza la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina. El Estado conservará el control mayoritario, por lo que no puede hablarse de un abandono de la energía nuclear. Sin embargo, el debate va mucho más allá de la propiedad de una empresa.
Una industria nuclear sólida necesita reactores, inversión y empresas capaces de construirlos y operarlos, pero también organismos públicos fuertes dedicados a la investigación, el desarrollo tecnológico, la formación de especialistas y la preservación del conocimiento acumulado durante décadas.
La colaboración entre el sector público y el privado puede ser una fórmula de éxito. Lo que resulta mucho más difícil es reconstruir un ecosistema científico cuando el talento empieza a marcharse. En energía nuclear, el recurso más estratégico no es el uranio las personas capaces de convertir ese uranio en conocimiento, innovación y electricidad.
Todo mi apoyo a mis compañeros del sector nuclear de Argentina.
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