Ella es diferente, inevitable, inefable. A veces tan tierna, tan cálida, tan niña. A veces tan fría, tan distante, tan mujer. Era ella, sencillamente ella.
Si eres un pecado;
te cometí.
Si eres un error;
te cometí,
también.
Sí,
vida,
te amé;
como sólo se ama a los pecados,
y a los errores.
Como sólo se ama desde el cielo,
o desde el infierno...
Me gustan las personas que no juegan con las personas. Que, sobre todo, saben cuando decir las cosas y cuando es una pérdida de tiempo. Las que escuchan aunque no comparten y las que comparten aunque no las escuchan. Las que siguen, siempre, el cartelito de vivir y dejar vivir.