Dejaron de cantar para convertirlo en un clamor. En un grito de guerra. En un rugido colectivo.
No eran jugadores entonando un himno, era un país entero recordándole al mundo quienes somos.
Esto es lo que no tienen y nos envidian.
Ganamos antes de jugar.
Hoy era la inauguración de la tienda de una amiga. En lo personal yo me tomo muy enserio las invitaciones porque alguien tiene el gesto de valorar tu presencia cuando te envía una. Al llegar, me di cuenta que tenía su mesa de bienvenida casi llena.