A veces sueño con una Unión Ibérica entre España y Portugal.
60 millones de habitantes, una posición geográfica privilegiada, salida al Atlántico y al Mediterráneo, control del estrecho, algunos de los mejores puertos de Europa y un enorme potencial para liderar en tecnología, energía, industria y defensa.
Seríamos mucho más fuertes juntos y no dentro de una UE que nos resta competitividad, nos condiciona y nos condena a no aprovechar todo nuestro potencial.
Críos con traje y beca celebrando que han acabado el 8° de EGB de antes. Padres vestidos como Mario Conde y madres disfrazadas de Carmen Lomana del todo a cien haciéndose fotos con ellos como si hubiesen terminado Arquitectura. ¿Pero qué cojones nos está pasando como sociedad?
La economía política del caso Leire va mucho más allá del epifenómeno de los pagos ilegales a la “fontanera” del PSOE.
La evidencia apunta a que se montó una estructura, casi con seguridad desde Moncloa, para subvertir los pilares del Estado de derecho y preservar el poder de Pedro Sánchez. Es, desde el caso GAL, el escándalo más grave de nuestra democracia.
Este socavamiento, sin embargo, forma parte de un patrón más amplio: el desmantelamiento del Estado en el que el PSOE se embarcó el 13 de noviembre de 2003, cuando Zapatero prometió en el Palau Sant Jordi que “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”.
La realidad electoral española, cada vez más clara, es que el PSOE solo puede gobernar con los votos del nacionalismo (o cuasinacionalismo) de Cataluña, País Vasco y Navarra. Sin los escaños de estas tres comunidades, la derecha nacional habría tenido mayoría absoluta en todas las elecciones desde 1996 hasta 2023, salvo en 2004.
Pero para lograr esos votos, el PSOE tiene que comprometerse con el desmantelamiento del Estado, ya sea de forma directa (la reforma de la financiación autonómica) o indirecta (el control partidista de las instituciones). De ahí a intentar destruir la UCO solo hay un paso, y se da a la primera tentación.
Por tanto, el PSOE solo elegirá como secretario general a alguien como Zapatero o Sánchez, a quienes el Estado trae al fresco. No son accidentes: son la respuesta estructural del sistema. No hay “PSOE bueno”, porque un “PSOE bueno” no puede gobernar y la mayoría de sus militantes no tienen vocación de suicidio político. Para suicidarse, es mucho más rápido apuntarse a Podemos.
Enfrente solo hay un PP sin la menor visión de futuro (la reciente visita de Feijóo a Cataluña demuestra, por enésima vez, que el PP no tiene plan para nada) y un Vox con un Santiago Abascal que no da más de sí (que Vox ronde el 18%-20% en las encuestas, dada la situación actual, debería leerse como un fracaso).
El problema es que no veo salida en el marco actual. Tras la crisis del euro surgieron dos proyectos de reforma: C’s y Podemos. Los votantes rechazaron ambos. Sí, los dos partidos cometieron errores tácticos y de liderazgo, pero, a fin de cuentas, el votante mediano prefirió lo malo conocido (PSOE y PP) a lo malo por conocer (C’s y Podemos). El votante mediano no quiere que nada cambie porque vive del Estado, de forma directa (pensiones, empleo público) o indirecta (transferencias varias, regulaciones).
Creo que todo esto saltará por los aires en algún momento hacia 2030, año arriba o año abajo. Pero no descarto que sigamos, en su lugar, un camino de declive irreversible. Con una fecundidad de 1,1 hijos por mujer y la inmigración que tenemos, quizá en 2080 la España que conocemos desde 1492 ya no exista.
Y si usted, lector, me pregunta qué se puede hacer: no solo no lo sé, sino que dudo que pudiera arreglar nada aunque yo fuera el que tomara las decisiones.
Los deportistas no se “llevan” becas, las ganan.
Tú tenías al alcance las mismas que yo, y eso es lo que no termináis de entender los socialistas como tú: los resultados determinan el éxito.
Te voy a poner un ejemplo para que puedas entenderlo:
Si todos los deportistas fuésemos como tú, España no tendría campeones olímpicos, ganadores de Roland Garros ni campeones del mundo de fútbol.
Con tu forma de pensar, lo que tendríamos es un montón de deportistas quejándose de lo difícil que es ganar, de lo duro que es entrenar y buscando excusas para explicar por qué ganan otros.
«La disolución [de Ares] se produce en el momento operativo exacto en que el expediente, ya instruido, con conclusión clara, y una vez constatada la negativa de la Fiscalía a actuar, iba a ser presentado ante la autoridad supervisora aérea para iniciar la vía administrativa. La cadena institucional se corta justo en ese punto. No hay resolución, no hay seguimiento, no hay archivo formal. Simplemente, el expediente se evapora»
Mi Tesla en Miami se conduce solo. Mi Tesla en Madrid no. Es el mismo coche, el mismo software, el mismo hardware. La diferencia es que en Estados Unidos la tecnología se evalúa por sus resultados y en Europa se prohíbe por sus procedimientos.
El Full Self-Driving de Tesla está prohibido en España y en toda la Unión Europea por una norma llamada UNECE R79, diseñada originalmente para regular la dirección asistida. R79 prohíbe que un sistema automatizado controle el volante en cualquier calle donde haya peatones o ciclistas. Es como prohibir los aviones porque la normativa de globos aerostáticos no los contempla.
Mientras Europa debate, Estados Unidos mide. Los datos de Tesla sobre más de ocho mil millones de kilómetros muestran que el FSD es hasta ocho veces más seguro que un conductor humano en colisiones graves. Y no lo dice solo Tesla. Lemonade, aseguradora cotizada en el NYSE, ha lanzado un producto que reduce a la mitad la prima por cada kilómetro recorrido con FSD activado, conectándose directamente a la telemetría del vehículo. Si el sistema fuera peligroso, Lemonade perdería dinero en cada póliza. No lo pierde porque los datos actuariales confirman que el riesgo se desploma cuando el software conduce.
Las aseguradoras no hacen política. Apuestan su capital. Y cuando una aseguradora apuesta a que una tecnología es segura, esa tecnología es segura. Europa no protege a sus ciudadanos prohibiendo el FSD. Los pone en peligro obligándolos a depender del recurso más impredecible que existe en la carretera: el ser humano.
Vamos a ser los apestados de Occidente.
Y los que digáis que Sánchez “hace lo correcto” sois muy probablemente unos mentirosos y, si no, unas amebas aneuronales
Hoy hace 6 años que Pedro Sánchez se comprometió públicamente conmigo: que él y su gobierno darían ayudas para vivir a los enfermos de ELA.
Hoy seguimos sin ninguna ayuda pública en funcionamiento que contempla la #LeyELA para no vernos obligados a morir —los que desean vivir— por una cuestión económica.
¿Cuántas leyes están funcionando perfectamente en estos 6 años que no salvan vidas?
A ver, esto no va de un programa ni de un periodista concreto. Va de una dinámica sostenida: de cómo, uno a uno, el gobierno español señala, desacredita e intenta aislar a todo el que no encaje en un periodismo unidireccional, de causa y bandera, que algunos etiquetan como progresista, combativo, militante, libertario, ecologista, feminista, aliado, lo que sea. Un periodismo que hoy, en la práctica, actúa solo como escudo del poder.
El patrón es siempre el mismo: quien no pasa por ese filtro es reaccionario, bulero, ultra, franquista, vendido o traidor. Se dice que en El País los de Caño éramos unos fachas; que Federico no puede ser entrevistado en la televisión pública; que The Objective o El Debate son fango; que ABC, la COPE o El Mundo son proyectos directamente franquistas; que Telemadrid es “Telayuso”; que Iker es un mentiroso; que servidor es un traidor a su patria. Y así sucesivamente. La etiqueta sustituye al argumento. Se descalifica y se da por cerrado el debate.
Mientras tanto, el presidente vive parapetado. Acusa desde la tribuna, pero rehúye preguntas. Viene por ejemplo a Washington y se refugia en algo que denomina «cobertura institucional», una fórmula insólita: su propio equipo informa de la agenda con grandes loas y sin contraste. Sin prensa. Y si se conceden preguntas, se filtran a medios estatales o afines. Lo he visto con mis propios ojos.
El ministro de Exteriores, otro, ofrece ruedas de prensa que duran segundos, comparecencias medidas al milímetro, preguntas seleccionadas, canutazos diseñados para impedir repreguntas incómodas. Y además presiona a compañeros. El mensaje es claro: control de todo, reducción del riesgo, minimización del escrutinio de la prensa.
Y entonces llega lo más preocupante, que es que parte del gremio aplaude o justifica esa reducción. El problema deja de ser individual y pasa a ser estructural. Se crea una masa que, por convicción o por miedo, se alinea con lo que la élite supuestamente bienpensante decide. Se firman manifiestos «contra el golpismo mediático» 😳. Se promueven vetos a periodistas de todo perfil. Se argumenta que los límites de la libertad de expresión están donde empieza la incomodidad del poder ante una pregunta.
Ojalá por una vez el periodismo en España dejara de posicionarse en función del poder para defender algo más básico, el derecho de una sociedad a estar informada sin manipulaciones, sin causas y sin banderas. Con hechos. Y sí, con un corporativismo firme frente a las amenazas del poder. Porque cuando un presidente señala a compañeros, como hizo con Iker, con The Objective, con Naranjo o con quien sea, incluido Vito, nos está señalando a todos, guste o no.
Nada, que dice Yago que no tienes que pagar la deuda con tus impuestos. Que ya la paga el Estado con sus ingresos.
Una cosa: no le preguntéis de dónde saca los ingresos el Estado para pagar la deuda, por favor.
He visto el video de Fortes con el historiador mexicano Zunzunegui. Refuerza mi opinión de que son muchísimo más interesantes las charlas cuando el periodista no está de acuerdo con el entrevistado.
Da la sensación de que a Fortes le pilla de sorpresa la opinión del historiador (¿quizá por el uso de la palabra "conquista" en el título?), y a partir de ahí busca una y otra vez "grietas" en los argumentos, lo que, en contra de mucho de lo que leo, me parece bien. El historiador defiende de manera convincente sus tesis, y como espectador, despierta tu atención y ganas de pensar sobre los argumentos.
Desgraciadamente:
1. Me da la sensación de que RTVE no hubiera dedicado tanto tiempo a la entrevista de saber a priori las verdaderas opiniones del historiador. La tendencia actual del periodismo es justo la contraria, lo que podríamos llamar el modelo "Buenismo bien/Gato al Agua": entrevistar a gente con la que se comparte opinión para, desde la atalaya moral conjunta, hacer frente común contra el ausente. No tengo ningún interés en esta rama.
2. Periodistas hace años hacían entrevistas interesantes por el contraste (Évole-Florentino Pérez) han pasado a entrevistar afines (Évole-Henar Álvarez). Si hablamos de tertulias y magacines, Carlos Herrera/Ana Rosa son cuasimonólogos contra la izquierda. Angels Barceló/Intxaurrondo contra la derecha. Eso sí, suelen llevar a un tertuliano del polo opuesto al que le cae la del pulpo.
3. Se prioriza a contertulios "todólogos" de la cuerda propia (más baratos y prácticos) frente a expertos en las cuestiones/periodistas sobre el terreno (más caro y difícil de controlar). Esto, como tantas cosas, ya empezó a gran escala en EEUU en los 90, y estamos copiando lo peor.
4. Hace tiempo que a la mínima apago la tele en las tertulias. Y no es porque no esté de acuerdo con tal o cual opción. Es porque ya sé lo que va a opinar cada uno. No me importa indignarme por una intervención, sino tener la sensación de que no es una opinión independiente, sino sincronizada. Aunque hay alguna excepción (Estefanía Molina me gusta, por ejemplo), echo mucho en falta a gente como Gistau y Victor de la Serna. Discrepaba de ellos muchas veces, pero tenías sensación de honestidad e independencia.
Mi opinión es minoritaria. No hay incentivos a cambiar. Los datos de audiencia dan la razón a los que buscan refugiarse en la tribu. Es ademas más fácil. No hay que preparar tantas preguntas ni ser incisivo. Hasta Ana Pastor, que incomoda en general bastante a políticos de todo tipo (y espero que lo siga haciendo), ha cedido a la tentación de publirreportaje con Mbappé. El signo de los tiempos.
A ver si lo he entendido bien.
1. Amancio paga los impuestos que en virtud de la ley ha de pagar.
2. De lo que gana, una parte lo dona en máquinas para combatir el cáncer, entre otras cosas.
3. Las máquinas no funcionan porque la administración es incapaz de dotar de personal y formación para su operación.
4. Las administraciones recaudan 592.000 millones de euros al año, un 37% del PIB, y pese a eso son incapaces de sufragar el personal y su formación, que es bastante más barato que las máquinas.
5. El tertuliano Amanciófobo promedio echa la culpa a que no paga los suficientes impuestos, cuando la administración ya expropia y dilapida más de un tercio de lo que se mueve en el país.
6. Por alguna extraña razón piensan que si recaudan 1, 50 o 1000 millones a mayores, mágicamente los problemas se solucionarán sin más ni más.
7. Piensan que la metáfora “dar turrón a quien no tiene dientes” suena espectacular, cuando el que pone el turrón maneja calderilla, mientras que el Estado con su billetera inflamada y turgente es incapaz de ir al dentista.
8. Creen que están dando alguna lección a nadie, cuando en realidad lo que están haciendo es quedar como auténticos mamarrachos que no saben de lo que hablan, o aún peor, que sí lo saben pero les da igual mentir.
Con esos bueyes tenemos que arar los ciudadanos mientras nos crujen el lomo a impuestos.
Ahora que venga @grok y me explique si me he perdido algo.