El viernes pasado D. Santiago Posteguillo, experto en la Historia de Roma, estuvo en el Senado dando una conferencia sobre la importancia de Hispania.
Resulta que D. Santiago el 29 de octubre estaba a 50 metros del barranco del Poyo en Paiporta. Nadie fue ayudarles en tres días cuando estaban entre barro y muertos. Su testimonio estremece. La verdad estremece.
Durante más de tres días no aparecieron ni los bomberos, ni el Ejército. Estuvieron tres días entre cadáveres y barro.
El vídeo sólo dura 10 minutos. Merece la pena escucharlo. El relato de los políticos nada tiene que ver con la realidad.
𝐂𝐀𝐑𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐔𝐍 𝐌𝐄𝐗𝐈𝐂𝐀𝐍𝐎 𝐃𝐄 𝐁𝐀𝐑𝐂𝐄𝐋𝐎𝐍𝐀 𝐀 𝐋𝐎𝐏𝐄𝐙 𝐎𝐁𝐑𝐀𝐃𝐎𝐑
«Gracias, España, por nuestra fe, por nuestro Diosito, nuestra Virgen de Guadalupe, nuestras procesiones, nuestras cofradías, todas de nombre español.
Gracias, España, por nuestros misioneros, nuestros frailes y jesuitas que llegaron de España para educar nuestros cuerpos y nuestras almas; por la primera misa en Cozumel, por los 12 franciscanos de fray Martín de Valencia, por fray Motolinía, fray Andrés de Olmos, fray Bernardino de Sahagún, fray Gerónimo de Mendieta, el penitente fray Antonio de Roa, fray Juan de Zumárraga; por los beatos mártires de Tlaxcala, indios cristianos asesinados en 1527 por confesar a Cristo; por el beato Sebastián de Aparicio, el de las carretas; y por San Felipe de Jesús, mexicano mártir en Japón a los 24 años en 1597; por San Pedro de San José, por los mártires jesuitas ensanchadores de México; y por fray Antonio Margil el de los pies alados; y hasta San Junípero Serra, el misionero del norte.
Gracias, España, por estar por encima de tu tiempo y de la Inglaterra u Holanda, y subordinar los objetivos mercantilistas de la Conquista a «la predicación del Evangelio» y al ascenso civilizatorio, como estableció Felipe II en sus Ordenanzas de 1573.
Gracias, España, por nuestros reyes, que nos dieron las Leyes de Indias para ordenar a virreyes, presidentes, audiencias, gobernadores y justicias reales, arzobispos y prelados eclesiásticos «no recibir agravio alguno en nuestras personas y bienes, y ser justamente tratados», mientras en las 13 colonias inglesas se masacraba a los indios.
Gracias, España, por el exagerado Bartolomé de Las Casas y el justo Francisco de Vitoria.
Gracias, España, por nuestra raza, por mezclar tu sangre con la nuestra, desde Martín Cortés -hijo de Conquistador y doña Marina, que recibió del rey el hábito de Santiago- hasta el virrey José Sarmiento, conde de Moctezuma; por rechazar el exterminio y la xenofobia que practicaron los anglosajones en el norte.
Gracias, España, por librarnos del tirano Moctezuma que esclavizaba a 371 pueblos mexicanos y los sometía al ídolo antropófago Huitzilopochtli / Huichilobos, al que sacrificaba cada año 20.000 corazones humanos.
Gracias, España, por darnos a nuestro heroico fundador, Hernán Cortés, que conquistó Tenochtitlán con apenas 900 hombres frente a 150.000, y quien se tenía en nada porque «una obra tan grande se acabó por el más flaco e inútil medio que se pudo hallar, porque sólo a Dios fuese atributo».
Gracias, España, por nuestra Real Universidad de México de 1551 que copiasteis de Salamanca, y la de Mérida, y la de Guadalajara, y los colegios y escuelas donde se formó nuestro pueblo.
Gracias, España, por traernos la primera imprenta de América, sucursal de la imprenta sevillana de Cromberger, y el primer libro americano, ‘La Escala espiritual’ de San Juan Clímaco.
Gracias, España, por nuestros autores del Siglo de Oro, por nuestro historiador Fernando de Alva Ixtlilxochitl -hijo de los reyes de Acolhuacán y Tenochtitlán-, que recogió por orden del virrey la historia de nuestros pueblos indígenas; por nuestro Ruiz de Alarcón nacido en Taxco, comparable en tantas cosas a Lope de Vega y Tirso de Molina; y por Bernardino de Sahagún, que recogió nuestra etnografía en náhuatl en el mismísimo siglo XVI.
Gracias, España, por nuestros Sessé y Mociño, que nos catalogaron más de 1.000 especies de plantas.
Gracias, España, por la Escuela de Minería, el Observatorio Astronómico, el Museo de Historia Natural y otros, que hicieron decir a Alexander von Humboldt que «ninguna ciudad de este continente, sin excepción de las de Estados Unidos, presenta establecimientos científicos tan grandes y sólidos como los de la capital de México».
Gracias, España, por nuestros conventos y campanarios, por las ciudades rectangulares, con su plaza mayor, por Chihuahua, Guanajuato, México, Veracruz, Mérida o Acapulco, por la magnífica Casa de Cortés en Cuernavaca,
@delcura2016 Me encata tu ironía y retranca David. Está claro cuando alguien tiene el don de la palabra. Cómo se puede decir todo sin decir nada y con ese arte. Crack
Como hijo y hermano del cuerpo, acompaño en el sentimiento a las familias y amigos de los guardias civiles asesinados, lo siento muchísimo y espero cojan a los asesinos y se pudran en la cárcel.
#DEP
Ayudadme a difundir el hilo de la víctima de hoy. Son malos sin límites hasta se atreven en los comentarios de mis hilos a las víctimas.
Hoy toca de nuevo bloquear a mucho desgraciado.
Afortunadamente sois más y mejores a los que sí os importamos las VT.
Gracias 💜
Diputada de plena confianza de Sánchez en Zaragoza... 🤣🤣🤣
"Los negocios familiares de una diputada de plena confianza de Sánchez, ligados a la lluvia de plantas eólicas de Lambán" https://t.co/Qkhn9AKpYy vía @libre_mercado
Bildu es legal porque en España no se cumple la ley.
Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos.
Artículo 9. Sobre los motivos para que un partido político sea declarado ilegal.
Apartado 3.c
No saben explicar lo que defienden. Y cuando descubren que son todo mentiras y manipulaciones, les dicen a los hombres que se jodan y bailen. Qué maldita maravilla.
George Lakoff: "La idea de que la gente abandonará sus creencias irracionales ante la solidez de la evidencia presentada ante ella es en sí misma una creencia irracional, no apoyada por la evidencia".
Descubre el cementerio de Sad Hill, el de la escena final de “El bueno, el feo y el malo”. Un rato agradable desde Carazo con buena compañía. También se pueden ver los estragos del fuego de Quintanilla del Coco.