Hablar del bloque negro es la forma más sencilla de ignorar el hecho de que en el Zócalo había niñas hablando de cómo fueron abusadas a los 5 años y todavía no condenan a su agresor. #8M
Ayer mi novio salió antes del trabajo porque supo que estaba llorando.
Hoy lloro, pero de amor. Cuidar es preocuparse por el mundo,
dice Hannah Arendt: no es completar al otro, es sostener su fragilidad y, en ese gesto, hacer mundo.
Yo bien confundida viendo que los archivos de Epstein están llenos de viejitos heterosexuales millonarios y no de las peligrosísimas dragas entaconadas que leen libros infantiles a niños en bibliotecas públicas. No podía saberse.
Mi hijo, Carlos Emilio Galván Valenzuela, desapareció la madrugada del 5 de octubre de 2025 en Mazatlán, Sinaloa. Ingresó a un establecimiento acompañado de sus dos primas y, a los pocos minutos, se dirigió a los sanitarios. De ahí no volvió a salir. Ese es el último momento en que se le vio.
Como familia hemos tenido que aprender procedimientos, tiempos y lenguajes que no elegimos conocer. Hemos tenido que sentarnos frente a escritorios, escuchar explicaciones escasas, respuestas incompletas y, muchas veces, silencios. Y en ese proceso, duele profundamente percibir miradas cansadas, gestos de hartazgo, actitudes que hacen sentir que insistir por la vida de un hijo incomoda.
La escasez de información no solo genera incertidumbre: revictimiza.
Obliga a repetir la historia una y otra vez.
A justificar por qué se pregunta.
A explicar por qué el tiempo importa.
A aceptar que la angustia propia parece no tener lugar en agendas saturadas.
Y aun así, no hay opción.
Porque quienes buscan somos las familias, pero quienes tienen las herramientas formales siguen siendo las autoridades.
Porque, aunque el trato duela y la espera desgaste, la vida de mi hijo sigue dependiendo de esas decisiones, de esos tiempos, de ese compromiso que muchas veces no se percibe.
No expreso esto desde el enojo, sino desde la realidad cotidiana de transitar una desaparición. Esperar respuestas de quienes no parecen dimensionar lo demandante del caso deja una carga adicional: la de sentir que el dolor propio estorba, que la urgencia incomoda, que la vida ausente se vuelve un trámite más.
Mi hijo no es un expediente.
No es una molestia administrativa.
Es una persona cuya ausencia tiene consecuencias reales y diarias.
Entendemos que las investigaciones requieren método, pero también requieren empatía, claridad y responsabilidad. Cuando estos elementos faltan, no solo se debilita la búsqueda: se hiere de nuevo a quienes ya han sido profundamente lastimados.
Este caso no es aislado. Forma parte de una realidad que nos involucra como comunidad. La normalización de la desaparición ha hecho que las familias carguemos no solo con la ausencia, sino con la tarea de exigir humanidad.
A las autoridades les pido que recuerden que detrás de cada carpeta hay una vida suspendida y una familia que espera. Que ninguna búsqueda debería hacerse sin sensibilidad. Que ninguna madre debería sentirse incómoda por exigir a su hijo.
A la sociedad y a los medios les pido que no se distancien. La vigilancia pública y la atención constante también son formas de cuidado.
Yo sigo esperando a mi hijo.
Esperando con dignidad, con lucidez y con la esperanza de que todavía haya decisiones que marquen la diferencia.
Quiero a mi hijo de vuelta.
Porque su vida importa.
Porque aún hay tiempo.
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@rochamoya_@PityVelarde@grupoeleva@Claudiashein@CorteIDH
🔴 | Intenta violar a su propia hija, tras negar por 19 años su paternidad... y ella termina en la cárcel
Dashia Rocío (19 años, estudiante) acudió el 26 de noviembre a la agencia Nissan Lomas Verdes.
Su padre la citó prometiéndole un auto, pero la esperaban 10 agentes.
Hola @grok
Según mi historial de tweets:
¿Cuál es mi edad?
¿Cuál es mi edad mental?
¿Cuál es mi IQ?
¿Cuál es mi EQ?
¿Cuál es mi trabajo ideal?
¿Cuál es mi peor pesadilla?
¿Cuál es mi personaje favorito de la ficción?
Una doctora está siendo exhibida en redes sociales:
Nombre completo, cédula, adscripción, universidad, fotos, videos y hasta memes.
¿El motivo?
Un acto de presunta negligencia médica.
¿El juicio?
En Twitter.
¿El jurado?
Todos con Wi-Fi.
Abro hilo médico-legal