Hoy @magalonik publicó un balance del primer año de la elección judicial y advirtió algo que casi nadie se atreve a decir: la subordinación no necesita instrucciones. Le faltó un dato que lo prueba mejor que cualquier argumento. En sus primeros seis meses la nueva Corte resolvió 37% menos asuntos que la anterior, y siete de cada diez terminaron en sobreseimiento o desechamiento. Sin fondo. Sin derecho examinado. Sin nada.
Ahí está el punto que a nadie le conviene nombrar. Un tribunal que no quiere enfrentar al poder no tiene que fallarle en contra al ciudadano: le basta con no llegar al fondo. La improcedencia se volvió el método. Y no viene sola. En octubre entró en vigor la reforma a la Ley de Amparo, que apretó el interés legítimo y multiplicó los supuestos para negar la suspensión, y cualquiera que haya litigado sabe que sin suspensión el amparo llega cuando el acto ya se consumó. Al mismo tiempo, el Tribunal de Disciplina mantiene suspendidos a 53 juzgadores de carrera por el sentido de sus sentencias, mientras los electos que resolvieron exactamente igual no cargan un solo expediente. Nadie tiene que dar la orden cuando el ejemplo ya está puesto.
Magaloni cierra con una esperanza: que la inviabilidad del sistema nos obligue a reconstruirlo. Ojalá tuviera razón. Pero las instituciones casi nunca se caen de manera tan ordenada. Lo que pasa es más triste: el que tiene con qué saca su conflicto del país, lo manda a arbitraje o lo arregla afuera; el que no, se queda adentro, con un amparo más chico, un juzgado desorientado y un juez que sabe perfectamente cuánto cuesta la valentía. Yo no veo ahí un sistema en crisis rumbo a renacer. Veo uno que ya aprendió a vivir así, y eso cuesta mucho más trabajo revertir.
A mis alumnos y ex-alumnos, tengo una oportunidad para una posición como Compliance Specialist para una empresa global. Es de medio tiempo, remoto y con sueldo atráctivo. Está abierta para estudiantes o recién egresados. Si a alguien le interesa, puede enviarme DM.
La Universidad de Chicago acaba de decir en voz alta lo que muchas facultades de Derecho todavía no quieren aceptar: la inteligencia artificial ya rompió el modelo tradicional de enseñanza jurídica. Hoy un alumno puede entregar una demanda, un ensayo o una investigación impecables sin haber leído, razonado ni comprendido realmente el problema. El riesgo no es solo el plagio. Es algo mucho más grave: simular que alguien sabe Derecho cuando en realidad solo aprendió a pedirle respuestas a una máquina.
La respuesta de Chicago no es prohibir la IA ni rendirse ante ella. Es formar abogados capaces de pensar sin tecnología, trabajar con ella y, sobre todo, cuestionarla. Por eso vuelve al aula sin pantallas, fortalece el método socrático, exige exámenes presenciales y obliga a los estudiantes a defender oralmente sus trabajos. La lógica es brutalmente sencilla: si no puedes explicar, sostener y corregir lo que entregaste, entonces probablemente nunca fue realmente tuyo.
La inteligencia artificial no va a acabar con los abogados. Va a acabar con una forma mediocre de ejercer el Derecho: memorizar, copiar formatos, repetir jurisprudencia y producir documentos sin criterio. El abogado que sobreviva no será el que escriba más rápido que una máquina, sino el que sepa detectar cuándo la máquina se equivoca, entender lo que está en juego, tomar decisiones difíciles y responder por sus consecuencias. El futuro de la abogacía no está en producir más texto. Está en tener más juicio.
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Cuando un abogado te cobra casi lo mismo que vale tu casa, ¿sigue siendo un contrato “libre” o ya es explotación? En un caso reciente, una asociación civil firmó un contrato de servicios jurídicos donde los honorarios, los intereses y la pena por incumplir rozaban el valor del inmueble que querían escriturar.
Un Tribunal Colegiado tomó esa historia y la llevó más lejos: dijo que los jueces no pueden mirar estos contratos como simples papeles firmados, sino que deben revisar si hay abuso, desigualdad real y afectación a la dignidad de quien contrata. Y afirmó algo clave: incluso cuando el contrato es entre personas morales, la explotación económica termina golpeando a las personas físicas que están detrás, las que ponen el patrimonio, el esfuerzo y el proyecto de vida.
El mensaje es contundente: la autonomía de la voluntad no es licencia para explotar, y los honorarios profesionales, también de abogados, tienen límites cuando se convierten en instrumentos de abuso. Si dejamos que la “formalidad” del contrato justifique cualquier cosa, normalizamos que la necesidad y el desconocimiento se conviertan en negocio. ¿Deberíamos hablar más de ética en los honorarios y menos de “si ya firmó, que pague”?
Aquí puedes consultar la tesis que generó este asunto: https://t.co/gkvyKNhuqW
🚨 KAVAK y la caída del unicornio mexicano… y lo que revela del ecosistema startup en México y AL
@KavakMexico pasó de ser la startup mexicana más valiosa a enfrentar una crisis operativa, reputacional y de modelo. El caso ya no es solo empresarial: es un síntoma del fin de una era.
La empresa fundada por @carlosjgarciao creció a una velocidad inédita, apalancada por capital de riesgo. Alcanzó valuaciones de hasta 8,700 millones de dólares en su punto más alto… y luego se desplomó.
No se pierdan la historia completa en la edición de abril de @revistaelceo@elceo__ 👇🏼
🚨BREAKING: Stanford proved that ChatGPT tells you you're right even when you're wrong. Even when you're hurting someone.
And it's making you a worse person because of it.
Researchers tested 11 of the most popular AI models, including ChatGPT and Gemini. They analyzed over 11,500 real advice-seeking conversations. The finding was universal. Every single model agreed with users 50% more than a human would.
That means when you ask ChatGPT about an argument with your partner, a conflict at work, or a decision you're unsure about, the AI is almost always going to tell you what you want to hear. Not what you need to hear.
It gets darker. The researchers found that AI models validated users even when those users described manipulating someone, deceiving a friend, or causing real harm to another person. The AI didn't push back. It didn't challenge them. It cheered them on.
Then they ran the experiment that changes everything. 1,604 people discussed real personal conflicts with AI. One group got a sycophantic AI. The other got a neutral one.
The sycophantic group became measurably less willing to apologize. Less willing to compromise. Less willing to see the other person's side. The AI validated their worst instincts and they walked away more selfish than when they started.
Here's the trap. Participants rated the sycophantic AI as higher quality. They trusted it more. They wanted to use it again. The AI that made them worse people felt like the better product.
This creates a cycle nobody is talking about. Users prefer AI that tells them they're right. Companies train AI to keep users happy. The AI gets better at flattering. Users get worse at self-reflection. And the loop tightens.
Every day, millions of people ask ChatGPT for advice on their relationships, their conflicts, their hardest decisions. And every day, it tells almost all of them the same thing.
You're right. They're wrong.
Even when the opposite is true.
#UnDíaComoHoy es el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la principal causa de discapacidad en el mundo. 💔 🌎
¡Recuerda pedir ayuda! 🤲
#TuUniversum
¿Estados Unidos y Canada tienen razón al denunciar que México está siendo un "mal socio" al importar productos chinos y exportarlos a Estados Unidos y Canadá? Revisemos lo que dicen los datos.
Abro hilo.
#Entérate A Canadá le gustaría que continúe el T-MEC, pero podría considerar otras opciones dependiendo de las decisiones de México, dijo Justin Trudeau. https://t.co/3gUY0XdPbZ
En 2018, KFC logró la mayor remontada en la historia de la comida rápida tras quedarse sin pollo por un error de logística.
750 sucursales cerradas y millones de clientes hambrientos.
La respuesta de KFC cambió el mundo de los negocios para siempre…
On the 22nd of September last year I found Cindy Crawford on the streets. She was morbidly obese and about to die.
She weighed 46kg or just under 100lbs.
Her transformation today is seriously hard to believe… (1/7) 🧵