Yo sé que en Twitter muchas veces no interesa la verdad sino la indignación, encontrar culpables y no entender, pero voy a intentar explicar desde mi perspectiva por qué el popular tweet de @davidcancino está mal enmarcado y es lo que yo llamaría un tweet de poca profundiad y mucho desconocimiento.
Empecemos por lo básico ¿la 68 tiene un problema de construcción? Sí, la obra se adjudicó en 2020 con la expectativa de tener los primeros buses operando a finales de 2026. Pero eso no va a pasar. Por decenas de adendas en sus 9 grupos, la obra se ha retrasado entre años y meses. Y a día de hoy lo más probable es que la 68 vaya a estar lista en 2028 -si no es 2029.
Ahora bien ¿la 68 se ha atrasado porque los constructores son corruptos o incapaces?
Sobre lo segundo, en la 68 están trabajando algunos de los mejores contratistas de Colombia, que han hecho 4Gs, hidroeléctricas y toda clase de infraestructura top como Conconcreto. Incapaces no son.
Y aunque la corrupción es una palabra que se asocia muchísimo al gremio de la construcción, por el diseño mismo de los contratos la corrupción es prácticamente imposible: hay nulos o muy pequeños anticipos, se paga solo la obra ejecutada tras revisión de la interventoría y las obras tienen un retenido por el 5% del valor de la obra que se paga solo una vez finalizada la misma -que es la utilidad del constructor. Es decir, los contratos (muy bien hechos) prácticamente blindan a que no haya ningún tipo de corrupción.
Dicho eso ¿qué es entonces lo que pasa?
En mi consideración el problema es de la estructuración. Y el más grave es relacionado con la movilidad. En la estructuración (realizada por el IDU) el supuesto era que se podían hacer cierres totales o casi totales para la construcción de la 68 -entre otras porque esto en el papel abarataba la obra y acortaba los tiempo de construcción.
Pero una vez contratada la obra, la entidad encargada de dar los permisos de los PMTs (Planes de Manejo de Tráfico) que es la Secretaría de Movilidad no ha dado permisos tan laxos sino mucho más restrictivos -en un riesgo que además es del constructor, es decir el constructor asumo el costo de la demora.
Hemos llegado a tal punto que conozco de primera mano una obra dentro de uno de los grupos de construcción de la 68 donde según contratación podía trabajarse 24/7 y la Secretaría de Movilidad dio permiso para trabajar solo los sábados de 10 pm a 4 am. Obviamente uno entiende que la Secretaría de Movilidad no quiere afectar demasiado el tráfico, pero su actuar tiene consecuencias -y así como decenas de ejemplos más.
Para mí la falla grande ha estado en no rediseñar unos contratos mal estructurados desde lo técnico, donde pierden constructores (una obra parada o lenta es una obra que da pérdidas) y pierde la ciudad y el distrito porque los cierren afectan tráfico, comercio, tiempos de transporte, etc. Estamos en un mal equilibrio y hay que cambiarlo.
Adenda: los chinos son los mejores constructores del mundo y hay mucho por aprender de ellos. Pero los subcontratistas de los chinos en el Metro son los mismos contratistas de la 68. Técnicamente podemos mejorar. Pero la mayor parte del problema no es técnico -y mucho menos de corrupción como sugiere @davidcancino.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
Por esto Fajardo nunca va a ser presidente, un “biempensante” con ego y soberbia en el cielo, que cree mucho más en las formas que en los hechos.
Las cosas son como son, se debe tener la valentía de luchar por lo correcto, Fajardo sos un cobarde.
Nunca me avergonzaré de haber ido de la mano de mi Abuela a mis 3 años a una expresión artística a la que teníamos la libertad de ir o no ir. Prohibir, por moralismo, siempre es la peor opción. Convencer, desincentivar, marchitar, es mas respetuoso de las personas.
Ganarse más de $5’000.000 de pesos en Colombia si es un privilegio enorme y no lo voy a discutir con nadie!!!
Que fastidio tanta gente en la burbuja, en pleno 2025.
@matecastano Más datos anecdóticos y de conocimiento del sector. Quizás exagere en el “gran”, pero sin duda una parte de estos incrementos son de contratistas colombianos trabajando hacia afuera.
I made $100m by 32, and retired.
Went from being CEO of 3 companies to 0 companies in a span of months.
My honest experience of retirement at 32.
A thread 👇
Yesterday was the inflection point: being based is now more cringe than being woke.
Blindly agreeing with everything because it’s on your team actually makes you part of the problem.
If you can’t name one thing you don’t like about your side’s platform, you are no different than a bot and you are more concerned with ego than truth.
Así es, señor Presidente Petro, y el pueblo de Venezuela ya decidió.
Hoy, esto lo sabemos todos los venezolanos y el mundo entero, y puede constatarse acta de votación, por acta de votación aquí:
https://t.co/d8hwzkSEps
Como las restricciones que tiene Mar, no me permiten responder con un comentario, reenvío el mensaje. ¿Sabes por qué los partidos comunistas tipo estalinista han desaparecido prácticamente de todos los países democráticos y hoy raramente tienen más del 1% de los votos? Porque tenían una solidaridad selectiva, y un sistema de condena selectivo: los que se dicen de izquierda no eran malos ni eran nunca dictaduras (incluyendo URSS, Cuba, Corea del Norte), y sólo eran dictaduras las de derechas (Pinochet, Videla, Franco, etc.). Las solidaridades automáticas, aparte de carecer de toda forma de racionalidad, son una muestra de falta de inteligencia política y de solidaridad humana. Además de que se convierte en una típica imposición ideológica sin base alguna en la realidad. Cuando logres superar, y honestamente te deseo que tengas la posibilidad de superar esos sesgos, verás que lo que sucede en Venezuela es la lucha democrática de un pueblo contra un gobierno autoritario, y ahora una dictadura abierta, que se automentado de izquierda, pero que de izquierda no tiene nada, y que es profundamente homófoba y tránsfoba (por cierto). Un país donde la población LGBT no tiene ningún derecho. Pero dejemos esas "minucias" de lado: un país donde más del 30% de la población ha huido despavorida de las fauces del hambre, la represión, la falta de oportunidades y la ausencia de futuro. Condeno una visión colonialista y sesgada, que desconoce las realidades y reproduce propaganda sin criterio alguno de verificación.