No quiero que toda mi vida sea aprender a soltar. Por una vez, quiero encontrar un lugar donde pueda quedarme y descansar con la certeza de que no tengo que irme. Quiero conocer esa sensación de pertenecer, de construir raíces y sentir que finalmente estoy en casa.
Jamás juzgaré a alguien que se quiebra en lágrimas por algo "pequeño" porque sé muy bien que no llora por eso...
Llora por todo lo que ha estado cargando en silencio hasta ese momento.
Si un día dejas de saber de mí, recuerda que te quise de verdad. Te hice mi prioridad, no porque no tuviera opciones, sino porque, entre todos, siempre te elegía a ti. Incluso cuando tú no me elegías a mí. Ojalá mi ausencia te dé la paz que mi amor nunca logró darte.
Acepté la forma en que me trataste porque eras tú. Intenté comprender tus luchas, tus motivos, y me quedé a pesar del dolor porque creía en ti. Quise estar ahí, ser paciente y aferrarme a lo nuestro. Pero ahora me pregunto si alguna vez te detuviste a pensar en cómo me sentía yo.
En España, la hija de 13 años de una madre fue secuestrada y violada por un vecino. El agresor fue condenado a nueve años de prisión.
Aproximadamente seis años después de cumplir su condena, el agresor fue puesto en libertad condicional y regresó a la ciudad. Se encontró con la madre en un bar cerca de una parada de autobús.
El agresor le preguntó burlonamente: "¿Cómo está tu hija?". Enfurecida, ella compró gasolina, regresó al bar, roció al hombre con ella y le prendió fuego.
El hombre sufrió quemaduras graves y murió pocos días después.
Aunque estaba presa del pánico, no huyó, sino que confesó lo sucedido a quienes la rodeaban y esperó a que llegara la policía.
Fue condenada a cinco años y seis meses de prisión, pero gracias a una campaña de indulto y por motivos de salud, fue puesta en libertad tras cumplir parte de su condena.