2010:
- Spain wins the World Cup
- Rafael Nadal becomes the youngest man to complete a Career Slam
2026:
- Carlos Alcaraz becomes the youngest man to complete a Career Slam
- Spain wins the World Cup
Me van a perdonar la hora, pero va mi descripción de todos los simbolismos políticos que Bad Bunny transmitió en el Súper Bowl.
En pleno retorno del brutal imperialismo, con ICE arrestando personas por el simple hecho de verse “latinas”, BB abrió el Súper Tazón (nombrándolo así, en español) y dejando claro, en cursivas, que este era su show: “BB presenta”. De nadie más.
BB comenzó con un despliegue de iconografía boricua: el dominó, el azúcar y hasta la rivalidad Mex–PR en el box.
Para quien conoce la región (nosotros, los latinos) cada ícono fue un guiño a la historia colonial de nuestros países y a cómo la desigualdad sigue afectándonos hoy en día. Por ejemplo, BB muestra cómo la venta de oro permanece como forma de ahorro para las clases excluidas del sistema financiero.
La referencia más frontal a la política migratoria de Trump aparece cuando un niño que representa a Liam Conejo (el niño arrestado por ICE en Minneapolis) mira en la TV el discurso de BB en los Grammys (donde BB dijo “ICE out”) y recibe de manos de BB el Grammy, mientras éste le dice: “esto es para ti”.
Pero no es la única.
Su canción “Nuevayol” es en realidad una referencia a la “colonización inversa” que los latinos han hecho de la capital financiera de EE. UU., donde barrios enteros son ya epicentros de la fiesta latina.
“Aquí estamos”, grita BB en algún momento del concierto, como quien confronta a quienes desean borrar la pluralidad del país.
Así, el medio tiempo transcurre entre críticas a la turistificación (cantando que no se repita lo ocurrido en Hawái), al abandono energético de Puerto Rico (la explosión de transformadores a la mitad del concierto) y al conservadurismo racista.
Lo mejor: todo con referencias tan sutiles que queda la duda de si los trumpistas siquiera se dieron cuenta.
BB también celebra la historia contemporánea de los ritmos latinos (cantando un fragmento de “Gasolina”), la primera generación de artistas latinos que abrieron brecha en EE. UU. (como Ricky Martin) y a quienes lo hacen hoy (como varios de los que bailan en “la casita”).
Lady Gaga aparece en escena, pero interesantemente, solo para entretener en una boda latina. El mundo al revés. Por unos segundos, el poder parece cambiar de manos: ya no son los latinos quienes entretienen y los blancos quienes observan, sino al revés.
Al cierre, BB reivindica el concepto de América como continente (no como país) y sale del escenario sin terminar su famosa frase “debí tirar más fotos”, en lo que parece una referencia a que todo lo bueno termina, incluyendo el evento culturalmente histórico que esta noche se vivió.
Maduro no es el problema: es la cara del problema. Sacarlo del poder sería apenas abrir la puerta. Detrás está la maquinaria: Rodríguez, Cabello, el mando militar, los operadores de la represión y del saqueo. Si solo cambias al de arriba y dejas intacto el sistema, lo que sigue no es democracia: es reacomodo.
Y hay algo todavía más difícil: el chavismo no solo capturó instituciones, capturó la vida diaria. Economía, medios, trámites, empleo, miedo, favores, chantajes. Un país no se “deschaviza” por decreto ni por milagro electoral. La transición real empieza cuando se rompe esa red sin incendiar el país.
El reto es enorme y también es moral: unir sin venganza, pero sin impunidad. Justicia focalizada para los máximos responsables, verdad para las víctimas, garantías para que el resto suelte el aparato y un plan para que la gente vuelva a vivir —no a sobrevivir. Porque la libertad no llega con un presidente nuevo: llega cuando el Estado deja de ser una amenaza.
Trump cambia el nombre del Departamento de Defensa a Departamento de Guerra, revirtiendo al nombre usado hasta 1947.
Simbólicamente poderoso y muy diciente del momento por el que pasamos.
El Papa León XIV, Robert Francis Prevost, se ha asomado al balcón de la Basílica de San Pedro con la paz de quien no busca nada, y con esa misma paz ha dado su primera bendición al mundo entero.
La elección de Robert Francis Prevost como nuevo Papa, León XIV, puede marcar un punto de inflexión discreto pero profundo en la Iglesia Católica.
En un cónclave sin herederos naturales ni bloques dominantes, los cardenales han optado por una figura sobria, transnacional y pastoral.
Su elección recuerda, en cierto modo, a la de Karol Wojtyła en 1978 o a la de Jorge Mario Bergoglio en 2013, hombres que estaban en las listas largas, pero no en las quinielas finales. Hombres que no se presentaron a sí mismos, pero cuya vida entera había sido una preparación sin escenario ni decorado.
Nacido en Chicago en 1955, con raíces españolas y una profunda trayectoria como misionero en Perú, Prevost encarna una Iglesia global con mucha naturalidad. Ha sido prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, pero antes de eso fue obispo de Chiclayo, ciudad de Perú,y religioso agustino recoleto. Su biografía es toda una síntesis romana, latinoamericana, norteamericana y profundamente eclesial.
Al elegir el nombre León XIV, Prevost no solo evoca la figura reformista de León XIII, sino también una línea profunda del pontificado anterior, el de Francisco, con la necesidad de una Iglesia que no se aparta nunca del pueblo, que no se convierta en élite, sino que viva como servidora humilde en medio del mundo.
Porque el pastor, si se olvida de su origen, se aleja del plan de Cristo. El verdadero obispo no está ungido para ascender, ni para ocupar oficinas, ni para organizar políticamente nada. El pastor está ungido para apacentar, para estar con su pueblo, para llevar sobre sus hombros a los débiles y no para dirigir desde arriba. Quien ha recibido esa llamada, como Pedro, como Francisco y ahora como León XIV lo sabe, la confianza está en el Señor, no en lo material.
Y cuando el Papa reconoce su pequeñez, cuando se arrodilla ante Cristo como Pedro y dice “apártate de mí, que soy un pecador”, entonces es cuando Jesús lo confirma y le dice: “Ahora te haré pescador de hombres”.
En su primera aparición en la Plaza de San Pedro, León XIV saludó al mundo con las palabras: “La paz esté con vosotros”, y dedicó un mensaje especial en español a su antigua diócesis peruana. Fue un gesto cargado de significado, no se olvidó de los márgenes del mundo, aunque ahora esté en el centro de la Iglesia.
Este nuevo Papa hereda también otra certeza que marcó el corazón de su predecesor Francisco, que la Iglesia no se sostiene con dinero ni con prestigio, sino con la sangre de los mártires y el testimonio de los humildes. Que hay más mártires hoy que en los primeros siglos, y que el verdadero martirio es el testimonio diario, el del creyente que cría a sus hijos en la fe, el del inmigrante que sufre en silencio, el del sacerdote que atiende y acompaña sin aplausos... Es esa Iglesia, la de los testigos silenciosos, la que verdaderamente triunfa.
León XIV seguramente no será el Papa de los extremos ni de los titulares fáciles. Se espera a priori un Papa de equilibrios, de gobierno confiable y de servicio silencioso. Y quizás por eso, como Juan XXIII o Francisco, su pontificado diga más por sus gestos que por las noticias que pueda generar.
En un mundo fragmentado, la Iglesia ha elegido como guía a un hombre que sabe lo que es unir sin imponer. Y eso, hoy, es un acto totalmente político pero profundamente espiritual.
¿Cuál sería el impacto en Colombia de lo que pase hoy en Venezuela?
Comparto con ustedes estas ideas advirtiendo que tengo literalmente cero información privilegiada, de modo que podrían parecer ingenuas a quien sí la tenga (o crea tenerla).
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