Dalio probablemente interpretaría esta corrección como una confirmación de que China no está viviendo un colapso económico, sino una transformación estructural profunda, y que muchas veces Occidente interpreta mal lo que sucede porque analiza a China con parámetros occidentales.
Primero, reconocería que la economía doméstica china sí tiene problemas importantes. El sector inmobiliario continúa muy débil, la inversión total ha caído y el consumo de los hogares sigue siendo relativamente bajo. Sin embargo, eso no significa que toda la economía esté deteriorándose. Los servicios siguen creciendo, los ingresos reales de la población aumentan y los beneficios industriales muestran fortaleza. Por eso, hablar simplemente de una “crisis china” sería exagerado.
Dalio lo explicaría mediante su idea de que existen prácticamente dos economías chinas al mismo tiempo. Por un lado está la economía interna, afectada por la crisis inmobiliaria, deuda, menor inversión y una demanda doméstica insuficiente. Por otro lado está lo que podría llamarse “China S.A.”, formada por su enorme aparato manufacturero, tecnológico y exportador. Esta segunda parte continúa siendo extremadamente competitiva: China mantiene enormes superávits comerciales, sus exportaciones han aumentado fuertemente desde 2020 y sectores como manufactura de alta tecnología, electrónica, software y tecnología continúan expandiéndose.
Además, la enorme diferencia entre sectores tradicionales y nuevos sectores es importante. La vieja economía está sufriendo, especialmente inmobiliario, acero, materiales de construcción y algunas industrias tradicionales. Mientras tanto, la nueva economía está creciendo rápidamente, particularmente electrónica, tecnología de información, químicos, software, inteligencia artificial, chips, energía y manufactura avanzada.
Desde esta perspectiva, Dalio probablemente diría que una parte de esta transición es intencional. China estaría intentando reducir su dependencia del inmobiliario y de una economía basada excesivamente en construcción e infraestructura, mientras dirige capital, crédito y política industrial hacia sectores considerados estratégicos. El objetivo sería aumentar la autosuficiencia tecnológica y la capacidad industrial del país.
También destacaría una diferencia fundamental entre China y Estados Unidos: el consumo de los hogares representa una parte mucho menor del PIB chino. Desde una visión occidental esto suele interpretarse automáticamente como una debilidad. Pero Dalio probablemente señalaría que el modelo chino históricamente ha priorizado más el ahorro, la inversión, la producción y la acumulación de capacidad industrial que el consumo privado.
Eso no significa que el bajo consumo no sea un problema. De hecho, probablemente es una de las principales vulnerabilidades de China. El propio desequilibrio entre una capacidad de producción enorme y una demanda doméstica insuficiente significa que China necesita colocar buena parte de esa producción en mercados internacionales.
Ahí aparece el riesgo más importante para el modelo chino: no necesariamente que China deje de producir, sino que el mundo deje de absorber lo que produce. Si Estados Unidos, Europa y otros países aumentan aranceles, restricciones comerciales, políticas industriales y estrategias de desacoplamiento, China podría encontrarse con exceso de capacidad productiva sin suficiente demanda externa.
Por eso, la lectura de Dalio sería probablemente bastante equilibrada: China tiene problemas internos reales, pero esos problemas no equivalen a un colapso nacional.
En resumen, Dalio probablemente diría que China está cambiando el motor de su economía. Está pasando gradualmente de un modelo apoyado en inmobiliario, construcción e infraestructura hacia otro basado en manufactura avanzada, tecnología, exportaciones y autosuficiencia industrial
En pocas palabras: la vieja economía china está sufriendo, pero la nueva economía está creciendo.