Acariciarle el pelo se había vuelto uno de sus acercamientos favoritos, así como tomar su brazo y caminar agarrados sin /demasiadas/ preocupaciones. Las reacciones acompañaban, siendo sus gestos los que le permitían seguir sonriendo.
—Entonces, querido, lo he dicho tal y como +
Últimamente no puede evitar fijarse hasta en los detalles más insignificantes, como en la manera en la que hace ese gesto, el de llevarse la mano al pecho. Verlo rasca algo dentro de su cerebro— le hace querer estirar la mano y apoyarla ahí también, sentir el ritmo de sus +
+ huesos, Manfred. ¿Cuántos puedes escuchar al día?
«¡𝑴𝒖𝒚 𝒑𝒐𝒄𝒐𝒔!»
Habiendo dicho eso se separó de ambos para adelantarse dando algún que otro pequeño salto. Emmrich un poco más rápido para no perderlo de vista, y así lo haría hasta llegar al centro del gran edificio +
+ causarás estragos.
No tardarían mucho en llegar el espejo. El camino continuaba sin pesares, pudo darse el gusto de respirar tranquilo y continuar hasta traspasarlo.
—Mioluvun. —Se llevó la mano libre al pecho cuando escuchó esas palabras. En un principio pudo parecer serio de más, pero pronto volvió a su sonrisa— Gracias por tu maravillosa implicación, querido, pero no será necesario. Nunca me han llamado así, y de hacerlo me basta con +
“¿En la mayoría de ocasiones? Sí. Por qué, ¿alguien te ha llamado pedante alguna vez? Le puedo presentar a mis puños, si quieres”.
Lo dice en un tono de broma, pero lo cierto es que no se lo pensaría dos veces si Emmrich le pidiera que le pegase un puñetazo a alguien. Aunque +
+ lucha que podría salvar el mundo, ¿crees que no movería algún hilo de no ser posible tu visita? —Negó con la cabeza, apartando la mano y dejando así que se apoyase. En su mirada solo había dulzura— Pero, para que te quedes tranquilo... Confío en ti lo suficiente, sé que no +
+ para asistirnos y así aprender cada proceso. Aunque sean muchas... Considero muy satisfactoria la tranquilidad que les otorga a quienes las visitan. También nos encargamos de los arreglos florales, de ahí mi petición.
Elevó levemente sus cejas antes de que Mioluvun le diera una explicación que consideró bastante... descriptiva. Sí, descriptiva. Pudo entender el punto, que en ese caso era lo importante.
—Comprendo. ¿Podría tomarse como una ofensa, en ese caso?
Para el Archivo debía serlo si +
Siempre se emociona cuando Emmrich le pregunta algo, porque es su oportunidad de enseñarle una cosa nueva y no al revés. Además, su cara de confusión es adorable.
“Pedante— que habla como si tuviera la verdad absoluta y todo lo que dice fuese indiscutible. Lo cual, bueno, +
+ palabra. Tomó la mano del dalishano y balanceó el brazo a la par que avanzaba.
—Uno de ellos, en efecto. —Una sonrisa suave se hizo notar en su semblante, todo gracias a la imagen que tenía de sus acompañantes— Disponemos de mucha ayuda, los propios estudiantes se ofrecen +
+ tomar su brazo fue lo que sintió Emmrich al notar el agarre. Comenzó a caminar con calma hacia el espejo que les llevaría a la Gran Necrópolis.
—¡Excelente! Dejarlas a punto es también una forma de honrar la memoria de aquellos que las ocupan.
—Ah, sin duda... Me perdía en cada explicación, pero mi avance fue notable. Muchos años en práctica tienen sus frutos. —Le dedicó una sonrisa agradecida pues tomó sus últimas palabras como un halago— ¡Oh, me refería...! ¿Pedante?
No llegó a comprender esa palabra. La había +
Es porque hablar con Emmrich siempre es tan fácil; se puede perder en la conversación de la misma manera que se pierde en sus rompecabezas favoritos. A pesar de los sentimientos que tenía a flor de piel, de los que burbujeaban en el fondo de su estómago... ya dijo que siempre +
+ escuchado alguna vez durante sus clases, pero lo cierto era que no llegó a preguntar. Entre alumnos se entendían, pensó.
Una vez bajó y se detuvo para que Mioluvun pudiera bajar sin el mayor problema, lo observó en silencio. Gracioso, pues lo que sintió el elfo antes de +
—¡Ya lo creo! Por no hablar de mis primeros intentos, aunque no fueron un desastre los nervios me jugaron muchas malas pasadas. —Pudo notar un cambio en el contrario, uno que sin duda era a mejor. Menos balbuceos, unos nervios no tan marcados, mejor postura...— Oh, querido. +
Es ver la forma en la que sus cuencas brillantes giran de emoción y Mio sabe que haría cualquier cosa por ese espíritu cargado de curiosidad. Es que cómo no va a encariñarse, con lo mucho que se esfuerza, con lo gracioso y amable que es.
La risa de Emmrich provoca que los +
+ deben ser atendidas antes de la llegada de los respectivos familiares.
E ahí el motivo. El Guardián se detuvo y el barco llegó a su destino. Esta vez fue el primero que se levantó para bajar y tenderle la mano a Manfred para que bajase. Dio un saltito al bajar y volvió a +