@darkclve balbucea las confesiones propias de una joven apasionada por el cine y la música.
—Es mi canción favorita —admite en un hilo de voz. Después, continúa la melodía por lo bajo, fija en la arena. Estar prestándose a este juego es algo que no entraba en sus planes. Pese al ›
Resulta difícil asimilar que el demonio pretenda hallar paz en el mismo sitio donde ella ha buscado cobijo para evadirse del mundo exterior. Sin embargo, decide otorgarle el beneficio de la duda, decidida a no pronunciar palabra. Un leve temblor le atenaza el labio, tentada a ›
de Ajax la sitúa en una posición incómoda en la que se ve obligada a ceder, por ende, alarga la mano con timidez y toma las piezas por el borde— Gracias. —pronuncia, dubitativa. Luego, se encoge sobre sí misma, rodeando sus piernas con los brazos y descansando el mentón. Tal ›
a juguetear de forma distraída con una concha que recogió previamente en la orilla.
—Entonces lo harás. Puedes ahorrarte la amabilidad conmigo en estos momentos. —el tono de su voz delata que se ha parapetado tras un muro hostil, completamente a la defensiva.
¿No resulta excesiva la presencia de aquel ser, cuyo mero acercamiento basta para erizarle la piel? No hay forma humana en este instante, ni en este mundo, de que logre continuar la melodía ignorando su existencia. Nevada es incapaz de fingir algo así; carece por completo de ›
las fuerzas necesarias. Es como si Ajax le arrebatase toda la energía con el más mínimo movimiento, incluso con algo tan simple como sentarse a su lado. Sacude la cabeza para despejar el ruido mental y, tras tensar los dedos, relaja por fin los puños. Una de sus manos comienza ›
tomó las riendas para vestirse, buscando llamar la atención. Ahora simplemente quiere esconderse.
—Te estás burlando de mí otra vez. ¿No te cansas? —pregunta sin desviar los ojos de su regazo, temerosa de lo que pueda descubrir si lo mira de frente.
Estaba sumida en una relativa tranquilidad, pero en su realidad siempre acecha lo inesperado. A pesar de que desaprueba por completo la presencia del demonio, otra sección de su mente sucumbe al bochorno. El pulso se le dispara y el rubor le trepa por el rostro con intensidad. ›
La ha oído perfectamente y no da crédito a que se haya sumado al tarareo.
Interrumpe la música, observando sus dedos temblar como si pertenecieran a otra persona antes de ocultarlos en sus puños cerrados. El atuendo que lleva encima es la prueba fehaciente de que alguien más ›
El azar la ha llevado a la Costa Perlada. Se encuentra acomodada en la arena, moviéndose al ritmo de la música que reproduce su teléfono mientras tararea la letra. Un reciente impulso la empujó a volver a ver una película de su infancia—adolescencia, y ahora le resulta ›
Pequeña brisa juega en su contra, obligando a la mestiza a apartar un mechón platino de los ojos para acomodarlo tras la oreja. El asombro es evidente en sus facciones, mantiene los labios ligeramente entreabiertos antes de dibujar una sonrisa. Conocer que ha ocupado sus ›
Se sentía forastero en una ciudad que lo había acogido como si siempre hubiese pertenecido allí. Recorrió la ciudad para hacer compras aleatorias, pero en la soledad que le carcomía desde que arribó, algo en cada esquina carecía de brindarle esa satisfacción que buscaba.
Podía
—Mi tarde acaba de mejorar, que lo sepas. —dice, ganando confianza mientras despega la cara de su pecho para buscar sus ojos—. ¿Dónde has estado? —La curiosidad la corroe. El recuerdo del último encuentro es tan lejano que ya se ha desdibujado en su memoria— Podrías haberme ›