Vierte la luna llena su tenue luz plateada sobre la marmórea piel de los vampiros. Es noche de cuervos, es noche de aullidos, es noche de distantes alaridos.
Es noche de caza.
Qué romántica es la noche que no acaba, negra y llena de terrores. Y el refugio entre las sábanas púrpura en esos brazos blancos y fríos, marmóreos y huérfanos.
Es la comunión fugaz de los vampiros.
Y rasgó el aire con su voz vieja y rugosa, y los pájaros se estremecieron por las verdades que transportaba. No hubo más silencios en la casa de los vencidos.
Y rasgó el aire con su voz vieja y rugosa, y los pájaros se estremecieron por las verdades que transportaba. Su voz sonaba como suenan los pergaminos de una biblioteca de madrugada, cuando ya todos se han ido y los libros se leen a sí mismos.
Y cuando arribes a los márgenes del Purgatorio verás un páramo de desolación, y habrás de penetrar en la espesa niebla de la culpa e iniciar el camino infinito de la redención, donde crecen los árboles de los remordimientos y fluyen los ríos de la tristeza.