La escena final del autobús en The Graduate no estaba completamente guionizada.
El guion original pedía una huida triunfal y eufórica, pero el director Mike Nichols decidió dejar la cámara rodando mucho después de que las risas se apagaran.
Dustin Hoffman y Katharine Ross, sin tener idea de lo que estaba pasando, pasaron poco a poco de la alegría desbordada a una incertidumbre real y desconcertante.
Esa tensión inesperada terminó convirtiéndose en uno de los finales más icónicos y ambiguos de la historia del cine.
Imposible no emocionarse con la tristeza infinita de Juan Luis Ossa por la muerte de su hija Violeta de 14 años. Es q es muy contranatura q no sean los hijos quienes lloren la partida de sus padres. Un abrazo fuerte a los papás y a la abuela Lucía
Siempre me asombra la capacidad de cierta gente de volver a tu vida cada tanto tiempo y que siempre se sienta tan fluido. Se nota que siempre están.
Sin importar las diferencias ideológicas, el cariño prima siempre. Gracias por eso.
Maya Land es una artista de collage hecha a mano que crea mundos surrealistas que repensan la escala, el contexto y el significado más allá del collage tradicional.
'Cause love's such an old fashioned word
And love dares you to care for
The people on the edge of the night
And loves dares you to change our way of
Caring about ourselves
This is our last dance
This is our last dance
This is ourselves
Under pressure
Think that I can handle this right
I don't think that I can handle this right
They don't even know the half of this, right
They don't even know the half of it
But I know I'm not a doctor
I'm a pussy, I put on a silly show
I should probably just shut up and do my job
So here I go
La portada del @TheEconomist de esta semana lo dice todo: Trump borroso en primer plano, Xi Jinping nítido al fondo, sonriendo. El título: “Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.” China no disparó un solo misil. No necesitó hacerlo. Mientras Trump quema 850 Tomahawks, destroza su credibilidad con la OTAN y manda marines a una isla que no sabe cómo sostener, Beijing toma notas, firma contratos y espera la cumbre de mayo para negociar con un Trump debilitado.
Lo que nadie está diciendo en voz alta es que esta guerra no la ganó ni EUA ni Irán, la está ganando Xi Jinping sin moverse de su silla. China controla el 70% de los paneles solares, baterías y vehículos eléctricos del mundo. Con el petróleo a 119 dólares el barril, todo ese inventario se vuelve oro. Los países del Golfo van a reconstruir con contratos chinos. Los europeos que querían frenar la avalancha de importaciones de Beijing ahora tienen otras prioridades. Y Trump, desesperado por cerrar un trato que no puede cerrar, va a llegar a esa cumbre con Xi en una posición que él mismo describió en su propio libro como la peor posible: oliendo a necesidad.
El Economist lo plantea con una brutalidad elegante: el Trump de 2026 está ignorando los consejos del Trump de 1987. Su libro decía que lo peor en una negociación es parecer desesperado. Pues bien, Irán ya olió la sangre. La aprobación de Trump está en -20%. El 62% de los americanos rechaza una guerra terrestre. Y mientras Washington se enreda solo, China observa, planea y avanza. No es que China esté ganando la guerra. Es que está ganando el siglo — y lo está haciendo mientras su rival se destruye solo.
Durante años, Meta y Google repitieron la misma historia: nosotros no causamos el daño, sólo mostramos lo que otros suben. Era un argumento cómodo… hasta que llegó este caso. Una joven, ansiedad, depresión y un jurado que decidió mirar donde antes nadie quería: no en el contenido, sino en la arquitectura. En cómo está diseñado el producto para que no puedas soltarlo. Y ahí cambió todo.
Porque el juicio no se trató de qué vio, sino de por qué no podía dejar de ver. Scroll infinito, recomendaciones que aprenden de tu debilidad, notificaciones que te jalan de regreso. No es casualidad, es diseño. Y cuando ese diseño apunta a menores, la discusión deja de ser tecnológica y se vuelve ética y jurídica: ¿hasta dónde es innovación y en qué momento empieza la explotación de la vulnerabilidad?
Esto recuerda demasiado a otro momento incómodo: cuando las tabacaleras insistían en que fumar era una elección personal… hasta que un tribunal dijo lo contrario. Hoy el dinero del fallo es irrelevante. Lo que importa es la grieta: por primera vez se reconoce que la adicción digital no es un accidente, sino una consecuencia previsible. Y cuando eso se acepta en un tribunal, ya no estamos hablando de apps. Estamos hablando de responsabilidad.