No se puede matar la idea de Dios. Se la puede negar, discutir, hasta parecer que se la enterró. Pero ahí sigue, latiendo debajo de cada pregunta que el hombre no sabe responder solo. Pueden acumular argumentos en contra, hilar la lógica más fría, y aun así, a las tres de la mañana, vas a seguir buscando algo que no sepas nombrar. Ningún silogismo llena ese lugar. Eso no es debilidad. Es memoria del alma.
Hoy recibí varias amenazas de parte de algunas personas donde me decían que me denunciarían a la policía por el simple hecho de afirmar que un hombre es un hombre y no puede ser mujer por más que se autoperciba como tal.
Me amenazan con "mandarme a la cárcel por hacer tales afirmaciones". Es decir...no solo que un hombre puede "autopercibirse" como mujer sino que además pretende imponer "su autopercepción a los demás", y si uno no acepta tal autopercepción, directamente es amenazado con cárcel y con "perder el trabajo".
Pues queridos detractores: mi compromiso es con la verdad. Si por decir la verdad nos toca sufrir la cárcel, la persecución e inclusive el martirio, pues que así sea.
Yo no odio a los de izquierda ni odio a los hombres que se "autoperciben" mujeres. Justamente, porque los amo les digo la verdad, aunque no les guste, y la verdad os hará libres.
Sus verdaderos enemigos no somos aquellos que les decimos la verdad. Sus verdaderos enemigos son aquellos que les mienten; sus verdaderos enemigos son aquellos que les dicen que con mutilarse y ponerse un nombre femenino en el DNI ya son mujeres. Mutilarse los genitales no convierte a un hombre en mujer; y yo puedo tener en mi DNI el nombre de "superman". Pero si intento volar desde un edificio, la fuerza de gravedad me mostrará que no soy superman, que soy un pobre mortal. Como bien dice el refrán: Dios perdona siempre, el hombre a veces, y la naturaleza nunca.
Sepan que jamás me retractaré por decir la verdad, aún cuando eso me traiga consecuencias graves. Soy un gran pecador y no me considero mejor que nadie. Pero cuando muera, quiero poder decirle a Dios que fui coherente con lo que creí.
Por lo tanto, pueden amenzarme todo lo que quieran. Pero no pienso dar el brazo a torcer. Justamente porque amo a mis enemigos y les deseo la conversión es que hoy más que nunca debo renovar mi compromiso con la verdad. Cristo es la verdad, a Él la Gloria y el Poder, por los siglos, amén.
No vamos a modificar la biología para hacerte sentir bien a vos. Sos un hombre. Podés autopercibirte como quieras pero no quieras imponer tu autopercepción a los demás. No basta con decir que sos un pájaro para que te crezcan alas. Si yo me autopercibo como @elonmusk no voy a tener, automáticamente, la guita de Elon Musk en mi cuenta bancaria. De la misma manera, no basta con que digas ser mujer para serlo, pues la biología no es una cuestión opinable.
Esta es la pura verdad, y aunque te duela, la verdad te hará libre.
“¿Acaso busco ahora la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Si todavía buscara agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.” — Gálatas 1:10
No existen “derechos de infantes trans a realizar transición”. Lo que existen son enfermos mentales que buscan mutilar y esterilizar niños, realizando uno de los mayores abusos infantiles de la historia.
Entiendan que no existe el cambio de sexo. Solo existe la mutilación de personas, y hacerlo con los niños es un acto criminal. Ojalá vayan presos todos los doctores que hicieron esas mutilaciones a los infantes, pues merecen estar tras las rejas por un largo tiempo.
El iluminismo, la masonería y el liberalismo francés produjeron el “culto a la diosa razón”, cuyo ritual incluía pisar un crucifijo.
No son “racionales” ni pro ciencia sino cientificistas y fanáticos anti-cristianos.
No conocen ni su propia secta que guillotinaba la disidencia.���
En español decimos ‘no te olvido’, pero en bíblico Dios dice en Isaías: ‘Se olvidará la mujer de lo que dio a luz? Pues aunque ella se olvide, yo nunca te olvidaré’. Es la certeza de que los afectos reales no se borran con el paso del tiempo ni con la distancia. ❤️🔥❤️🩹☦️
Señor, que nunca confunda humildad con hacerme pequeña, ni prudencia con miedo. No permitas que espere a alguien más seguro o preparado para hacer lo que Tú me has pedido. Dame discernimiento para reconocer lo que me corresponde y valor para asumirlo.
@missfbe Me hiciste acordar de Lewis diciendo: “ Ningún hombre sabe cuán malo es realmente hasta que ha intentado con todas sus fuerzas ser bueno” ��😅😅 porque es taaaaan cierto
Un amigo me decía ayer que no entendía cómo yo no era una persona vengativa después de las cosas que me han pasado. Le respondí algo parecido a esta cita: uno debe ser el lugar donde el mal se detenga, debe contenerlo. Uno debe evitar que los otros sientan el dolor que uno ya sintió.
No lo culpo. Es una respuesta comprensible si se parte de cierta lógica protestante individualista: reducir una realidad revelada a nuestros propios parámetros humanos y después concluir que, como Dios puede hacerlo directamente, las causas segundas son innecesarias.
Es verdad: Dios conoce toda súplica humana incluso antes de que sea concebida. Pero llevemos esa lógica hasta sus últimas consecuencias:
Si Dios ya sabe lo que necesito, ¿para qué orar?
Si ya conoce quién responderá a su gracia, ¿para qué evangelizar?
Si ya sabe qué necesitamos, ¿para qué Santiago pide que oremos unos por otros? (St 5,16).
Si ya conoce la respuesta de los hombres, ¿para qué envía profetas, apóstoles y predicadores?
Si puede comunicar directamente su voluntad, ¿para qué envía ángeles como mensajeros? (Hb 1,14).
La respuesta católica es sencilla: porque Dios no solamente quiere hacer las cosas; quiere hacer partícipes a sus criaturas de lo que Él hace.
Dios no necesita al evangelizador para saber quién se salvará, ni necesita nuestra oración para enterarse de nuestras necesidades, ni necesita al santo para recibir información que desconozca.
Dios ya lo sabe todo. Precisamente por eso la intercesión nunca ha sido una cuestión de «informar» a Dios. Es una cuestión de participar.
Dios ha querido que el hombre coopere con su gracia, que unos oren por otros y que sus criaturas sean verdaderas causas segundas dentro de su providencia (cf. 1 Co 3,9; 2 Co 6,1).
Por eso el argumento «Dios ya lo sabe» no destruye la intercesión. Si lo hiciera, destruiría también la oración, la evangelización y prácticamente toda participación humana en la providencia divina.
Dios puede actuar directamente y sin intermediarios, pero ha querido libremente servirse de causas segundas para comunicar sus bienes.
No porque las necesite, sino porque así lo quiere: porque quiere mostrar su amor y compartir su obra con sus criaturas.
La cuestión no es si Dios necesita intermediarios. Evidentemente, no. La cuestión es si ha querido servirse de ellos. Y toda la economía de la salvación responde: sí.
Dios ha querido que sus criaturas participen realmente en su obra. Esa es la razón por la que oramos, evangelizamos, intercedemos y cooperamos con su gracia. No porque Dios ignore algo, sino porque, en su amor, ha querido acercarnos a Él, hacernos colaboradores suyos y permitirnos participar en la obra que podría realizar por sí solo.
No es una necesidad de Dios, sino una expresión de su amor: Él no se reserva su obra, sino que quiere compartirla con nosotros.
Como proclama el salmista: «Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes» (Sal 24,1).
Esa es la diferencia entre la lógica protestante y la lógica que Dios presenta: Él es soberano y Señor de todo.
Soy una de esas mujeres que aún sueña con ser esposa y tener hijos. Les digo lo que repito a mí misma cada vez que medito sobre estos temas, que, si es la voluntad de Dios, un día cumpliré.
Cada vez que rezo, en vez de pedir un San José, pido que Dios moldee mi corazón para ser lo más cercano posible al de María.
Porque el amor verdadero no está en el poder, en el status o en el dinero. El amor verdadero está en la misión compartida. Y muchas veces, el amor es construcción.
Que Dios acerque mi corazón al de María, para que pueda enamorarme de la sencillez que nos enseñó el Señor. Un corazón que sepa reconocer las verdaderas virtudes de un buen hombre.
Antes de pedir un San José, primero tenemos que pedir un corazón como el de María.