¿Hablamos de la METACOGNICIÓN? 🧠
Es quizás una de las capacidades más sofisticadas, útiles y un poco rarunas del cerebro humano 🥳
No consiste solo en pensar, consiste en pensar SOBRE cómo piensas.
Tu cerebro deja de vivir la peli para ponerse a comentar el making-of😂
🧵🧵👇👇
Existe un movimiento que, en tan solo 30 segundos al día, puede contrarrestar los efectos de 8 horas sentado.
Esto parece una exageración.
Déjame que te explique primero qué sucede al estar sentados durante largos periodos.
Cuando se está sentado durante mucho tiempo, los músculos psoas (músculos profundos de la cadera) se contraen y se ponen rígidos. Esto tira de la pelvis hacia adelante y, a su vez, los músculos glúteos (músculos de las nalgas) dejan de funcionar correctamente.
Cuando los glúteos fallan, las vértebras lumbares (huesos de la parte baja de la espalda) asumen la carga, causando dolor lumbar. Las vértebras torácicas (huesos de la columna) se rigidizan y los hombros y el cuello comienzan a compensar.
Esto no es cuestión de fuerza de voluntad ni de postura. Es una disfunción estructural causada por el simple hecho de estar sentado.
"El mejor estiramiento del mundo" libera toda esta reacción en cadena.
Este estiramiento revitaliza cinco zonas que se resienten por estar sentado durante mucho tiempo: los flexores de la cadera (músculos que levantan las piernas), los isquiotibiales (parte posterior de los muslos), las vértebras torácicas, los tobillos y los hombros, todo al mismo tiempo y con un solo movimiento. Por eso se le conoce como el mejor estiramiento del mundo.
Para ser sincera, no creía que nada cambiaría con solo 30 segundos de estiramiento. Durante mucho tiempo, subestimé los estiramientos en general, pensando que no valía la pena el tiempo invertido.
Pero después de unas dos semanas de practicarlo con constancia, noté la diferencia. Ya no tengo rigidez matutina en la zona lumbar. Siento los hombros más ligeros. Esto, por sí solo, marca una gran diferencia en mi concentración por las mañanas.
Te explico como hacerlo ↓↓↓
“Nada produce más iracundos que una educación blanda y complaciente. Por eso, cuanto más se les consienta a los hijos, más depravado será su espíritu. No aguantará las afrentas uno al que nunca se le ha negado nada. Hay que apartar a la infancia de la adulación; que escuchen la verdad. Que no intenten conseguir nada mediante la ira; lo que se les negó cuando lloraban, que se les ofrezca cuando estén calmados” - Séneca
He notado que las personas que leen mucho no necesariamente saben más, pero piensan diferente. Tienen más ángulos para entrar a un problema, más formas de encuadrarlo hasta que algo hace clic. No es conocimiento acumulado, es perspectiva prestada que con el tiempo se vuelve propia. Y eso se nota en conversación, en cómo razonan bajo presión, en la calidad de sus decisiones. Leer es probablemente la forma más barata y accesible de ampliar cómo ves el mundo.
El psicoanálisis no solo me dio una profesión, también me ha dado una forma distinta de mirar. Me da un espacio para escuchar sin apresurar el sentido y para habitar la contradicción sin buscar corregirla.
Me acerca a la lectura constante, a la palabra y a esas preguntas que no se resuelven rápido. A descubrir que hay algo profundamente humano e incluso bello en aquello que no encaja, incomoda o desarma.
Pero nada de eso ha sido simple. Ir a análisis es escuchar cosas que incomodan, perder certezas, confrontar repeticiones e implicarse en el malestar. Entrar en lo sucio, en lo que es difícil decir o escuchar sin juicio, sin dolor o sin vergüenza.
Y eso también atraviesa la práctica de escuchar a otros. Porque el psicoanálisis no ofrece una versión ordenada de lo humano, sino que nos acerca a aquello que rompe el orden.
Mi propio análisis ha transformado mi manera de estar con otros, de amar y de pensar. Y me seguirá conmoviendo que una palabra dicha pueda abrir algo distinto, inesperado. Me conmueve el dolor y el hallazgo.
En China, una madre le había dejado a su hijo al cuidado de su abuela.
Y la abuela, diciendo «Así es como se educa a un niño!», le dio una lección al mundo entero
"Habíamos sido felices caminando sobre una cuerda floja, habíamos florecido en una infección de contradicciones, nos habíamos encontrado en un laberinto de paradojas sin mirar nunca al suelo, sin mirar nunca al cielo, sin mirar."
Almudena Grandes - Castillos de cartón
Cena de antiguas compañeras de clase. 35 años.
Currículums brillantes, buenos sueldos, Instagram lleno de “mujeres empoderadas”.
Entre risas, Elena deja la copa, se toca la barriga y dice:
—He decidido dejar mi trabajo unos años para criar al bebé. Juan y yo lo hemos decidido así.
Un segundo de silencio.
Sonrisas tensas.
Hasta que habla Clara.
Bio morada, hilos sobre patriarcado, postureo 24/7.
Deja la copa de golpe:
—Es un error gravísimo, Elena. Renuncias a tu independencia para ser la chacha de tu marido. Es un retroceso.
La mesa se congela.
Elena se encoge. Mira al mantel. Se le cae la sonrisa.
Ahí entro yo:
—Pensaba que el feminismo iba de que las mujeres pudieran elegir su vida, no de que todas hicieran la misma.
Clara gira la cabeza, molesta:
—Esa es una falsa libertad. Estás perpetuando roles de género.
Ya sin sonreír:
—No, Clara. Lo que perpetúas es tu ego. No quieres mujeres libres, quieres discípulas.
Si una amiga no encaja en tu guion, la tratas de ignorante y la humillas delante de todas.
Se pone tensa:
—Estás alienada. No entiendes nada de estructuras de poder.
Traducción: “No repetís mi eslogan, así que estáis equivocadas”.
El resto de la cena, Clara la pasa deslizando el dedo por el móvil, tecleando con rabia.
Seguro que redactando un hilo sobre “lo duro que es ser feminista rodeada de mujeres machistas”.
Al salir, Elena me agarra del brazo.
Ojos brillantes, voz bajita:
—Gracias por defenderme. Pensé que estaba loca por querer criar a mi hijo.
No está loca.
Está rodeada de un activismo que ama más el relato que a las personas.
Reflexión:
Hay un feminismo que presume de “liberar a la mujer”…
siempre que elija carrera, éxito y oficina.
Si elige maternidad, hogar o cuidado, de repente es sumisa, retrógrada o “lavada de cerebro”.
La libertad no es aplaudir solo a la CEO.
Es no tratar de traidora a la que decide criar a sus hijos.
Cuando tu “feminismo” te hace atacar justo a las mujeres que dices defender,
ya no es un movimiento de liberación.
Es otra religión más,
con dogmas nuevos y la misma intolerancia de siempre.
✨ Willem Dafoe, Fatih Akin, Emma Vilarasau, Hombres G, Haifaa Al-Mansour i Lolita Flores, entre els grans convidats d’aquesta edició!
NO ET QUEDIS SENSE LES TEVES ENTRADES! Consulta tota la programació i compra-les als Cinemes Verdi o a la nostra… https://t.co/QgV8g9XoLt
Tras 3 años usando Chat GPT me he pasado a Claude y puedo decir que ha multiplicado 10x mi productividad.
Aquí tienes 10 prompts que uso a diario que han transformado mi vida cotidiana y podrían hacer lo mismo por ti:
(Guarda esto antes de que se te pierda🧵).
¿Te sientes ansioso, deprimido o atrapado en pensamientos negativos… pero no quieres ir a terapia todavía?
Aquí te comparto 5 técnicas reales de psicología cognitiva-conducutal convertidas en prompts ultra efectivos para que puedas trabajar síntomas específicos.
Sigue el hilo🧵⤵️
Carl Gustav Jung lo dijo de una forma que incomoda porque es demasiado precisa:
no vemos al otro tal como es… vemos lo que somos incapaces de ver en nosotros mismos.
Y la pareja es el lugar donde esto se vuelve imposible de ignorar.
Al principio, todo parece mágico. Conexión, intensidad, sensación de haber encontrado “a alguien especial”. Pero lo que realmente ocurre en muchos casos no es un encuentro… es una proyección.
Proyectas en el otro lo que no reconoces en ti.
Tu necesidad de amor, tu herida, tu ideal, tu carencia.
Y el otro hace exactamente lo mismo contigo.
Por eso al inicio todo encaja.
Porque no os estáis viendo.
Os estáis completando simbólicamente.
El problema empieza cuando la realidad aparece.
Cuando el otro deja de sostener tu proyección.
Cuando ya no es exactamente como lo imaginabas.
Cuando muestra partes que no encajan con tu historia interna.
Y ahí nace el conflicto.
No porque el otro haya cambiado…
sino porque ya no puedes seguir viendo lo que querías ver.
Jung entendía que la pareja es uno de los escenarios más potentes de individuación. No porque sea fácil, sino porque es un espejo constante. Te muestra lo que amas… y lo que rechazas. Lo que admiras… y lo que niegas.
Lo que te irrita del otro, muchas veces habla de ti.
Lo que idealizas del otro, muchas veces te pertenece.
Lo que te duele del otro, muchas veces toca algo no resuelto.
Pero hay una trampa.
Creer que todo es culpa del otro…
o creer que todo es culpa tuya.
Ninguna de las dos es verdad.
La pareja no es el problema.
Es el escenario donde lo inconsciente se hace visible.
Cuando no hay conciencia, la relación se convierte en un campo de batalla: reproches, expectativas, decepciones, intentos de cambiar al otro.
Pero cuando empieza a haber conciencia… algo cambia.
Dejas de preguntar:
“¿por qué es así?”
y empiezas a preguntarte:
“¿qué está activando en mí?”
Y ahí empieza el verdadero trabajo.
No para justificarlo todo.
No para soportarlo todo.
Sino para verte a través del otro sin perderte en él.
Porque una pareja consciente no es la que no tiene conflictos.
Es la que entiende que cada conflicto es una puerta.
Una puerta hacia lo que aún no has visto de ti.
Y cuando eso ocurre…
la relación deja de ser solo vínculo…
y se convierte en camino.