Se acaban el interinato de Delcy Rodríguez y la Asamblea Nacional de Jorge Rodríguez y el nuevo poder político en Venezuela comienzan a ejercerlo el Presidente Trump, Marco Rubio, Dinora Figuera, Mauricio Claver-Carone, John Barret (Embajador), María Corina Machado, el General Donovan (Comando Sur) y los 20 diputados de la oposición y el chavismo que conforman el nuevo Poder Legislativo en Venezuela...Diosdado Cabello y la Plataforma Unitaria Democrática, quedan fuera...El Secretario de Estado, Marco Rubio es ahora una especie de coordinador general del proceso para recuperar Venezuela que involucra a 3.000 funcionarios de USA y una inversión inicial de 3.000 millones de dólares, además de los ingresos petroleros que vuelvan a ser importantes y no pasan por Pdvsa (se los roban) si no por el Departamento del Tesoro, en Washington...Venezuela es otra y pronto aplicarán una medida que esperan todos...SALARIO DECENTE.
Hay algo que resume perfectamente el estado actual de Venezuela mejor que cualquier discurso político o indicador económico: miles de motorizados circulando por la autopista con el teléfono en la mano, esquivando carriles, sin casco, casi chocando a todo el mundo y haciendo exactamente lo que le da la gana mientras todo el mundo a su alrededor actúa como si fuera lo más normal del mundo. Porque en Venezuela, a estas alturas, ya lo es.
El motorizado se convirtió en el símbolo más fiel de lo que ocurre cuando un país pasa décadas sin que nadie haga cumplir absolutamente ninguna ley. No es que la Ley de Tránsito Terrestre no exista, existe y es clara. No es que hablar por teléfono mientras se maneja o manejar borracho esté permitido, no lo está. Es que sencillamente no pasa nada si lo haces. Y cuando no pasa nada, la norma muere. Primero la ignoran unos pocos, luego la ignoran todos, y finalmente el que intenta cumplirla es el guevón, el pendejo, el que no entiende cómo funcionan las cosas aquí.
Ese es el choque brutal que vive cualquier venezolano que lleva tiempo fuera y decide regresar, sea de visita o definitivamente. Viene de un lugar donde las normas se cumplen, no porque la gente sea más virtuosa sino porque hay consecuencias reales cuando no se cumplen, y se encuentra de frente con una sociedad que opera en modo supervivencia permanente, donde cada quien aplica su propia ley y el espacio público es territorio de nadie. El caos vial no es anécdota, es el termómetro más honesto del estado institucional de un país. Y en Venezuela ese termómetro lleva años marcando fiebre.
Lo más preocupante no es el motorizado en sí. Lo más preocupante es la normalización. Que nadie se indigne, que nadie espere que algo cambie, que no haya sanciones. Esa resignación colectiva es el daño más profundo que deja un sistema que durante décadas premió el que se saltaba las reglas y castigó al que intentaba cumplirlas. Reconstruir eso no se hace con una ley nueva ni con una campaña de valores. Se hace con años de consecuencias reales y consistentes, con instituciones que funcionen y con una cultura ciudadana que hoy, honestamente, está en cuidados intensivos.
Y mientras eso no cambie, mientras un motorizado pueda hacer lo que le dé la gana en plena vía pública sin que absolutamente nadie lo detenga, toda conversación sobre normalización, sobre inversión, sobre regreso y sobre reconstrucción seguirá siendo exactamente eso: una conversación. Bonita en el papel, vacía en la calle.
Es una inmensa falta de respeto, de consideración, un enorme desprecio a la inteligencia de los venezolanos decir que estamos felices con el resultado de la gestión de la dictadora designada Delcy Rodríguez bajo el supuesto tutelaje de los Estados Unidos.
¿Dónde están Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez? Bloomberg confirma lo que dijimos en que el Banco Central de Venezuela (BCV) determinó la deuda externa en 160 mil millones de dólares y se convierte en la nación más endeudada de América Latina con apenas 30 millones de habitantes, incluyendo la migración