Vous connaissez le Jeu de la vie de Conway ?
Un quadrillage. Des cases vivantes ou mortes. Et quatre règles, écrites en 1970 : une case vivante entourée de 2 ou 3 voisines vivantes survit, sinon elle meurt. Une case morte entourée d'exactement 3 voisines naît.
C'est tout. Pas de joueur, pas de but. Vous posez un motif de départ, vous lancez, et vous regardez.
Et ces quatre règles suffisent à faire apparaître des choses qui se déplacent, qui se dupliquent, qui calculent. On a construit des ordinateurs entiers là-dedans.
Maintenant la partie qui m'a fait relire trois fois.
Quelqu'un a conçu un motif très particulier. Un carré de 2048 cases sur 2048, soit plus de 4 millions de cellules qui grouillent à l'intérieur. Ça s'appelle le métapixel OTCA. Et il a une propriété unique : vu de loin, ce carré se comporte exactement comme UNE seule case du Jeu de la vie. Il s'allume et s'éteint en obéissant aux mêmes quatre règles.
Vous voyez où ça va ?
Si un carré de 4 millions de cellules se comporte comme une cellule, alors on peut faire une grille de Jeu de la vie entièrement construite en Jeu de la vie. Puis recommencer. Et encore. Sans fin.
C'est exactement ce qu'a fait ce développeur japonais. Vous dézoomez sur sa grille, et chaque case que vous regardiez était un monde entier. Vous dézoomez encore. Pareil.
Sauf que le coût donne le vertige. Pour avancer d'un seul pas à l'étage du dessus, il faut calculer 35 328 pas à l'étage du dessous.
→ Deux niveaux : 1,2 milliard de pas
→ Trois niveaux : 44 000 milliards de pas
→ Quatre niveaux, laissez tomber
Ça devrait être strictement impossible. Et pourtant ça tourne dans votre navigateur, en temps réel, et vous pouvez remonter autant d'étages que vous voulez sans jamais perdre le fil de là d'où vous venez.
Deux astuces le permettent. D'abord Hashlife, un algorithme de 1984 qui mémorise les motifs déjà vus au lieu de les recalculer. Ensuite son idée à lui : au lieu de calculer l'infini vers le haut, il fabrique l'étage parent à la demande, construit sur mesure pour rester cohérent avec ce qu'il y a en dessous.
Résultat : ce qui devrait peser 138 tébioctets tient dans 4 mébioctets. Un rapport de 36 millions pour 1.
Il reste une dernière chose à dire, et elle est triste.
John Conway a posé ces quatre règles sur un plateau de go en 1970, sans écrire une ligne de code. Elles l'ont rendu célèbre, et il l'a détesté toute sa vie. Il trouvait que ce petit jeu avait éclipsé ses vraies mathématiques, qui étaient immenses.
Il est mort du Covid en avril 2020.
Cinquante-six ans après ses quatre règles, elles contiennent un univers infini qui tient dans quatre mégaoctets.
I resigned from Anthropic today. I spent the last three years doing pretraining research at both OpenAI and Anthropic. Neither company is acting responsibly. They are racing straight to self-improving superintelligence and gambling with our lives. More thoughts below.
In the 13th century, Cistercian monks devised a system of numerals in which a single glyph can represent any integer from 1 to 9,999
Learn the nine digits in the top row and the rest follow: flip them for tens, invert them for hundreds, do both for thousands. Combine the four around one vertical stroke and you have any number under 10,000
A dos kilómetros de Urueña (Valladolid), metida en un valle y sin nada alrededor, hay una iglesia del siglo XII que parece traída del Pirineo catalán. Se llama la ermita de Nuestra Señora de la Anunciada y es el único ejemplo completo de románico lombardo que queda en Castilla y León. Ábsides sueltos con esa decoración hay en Palencia, Burgos o Soria, pero un edificio entero, ninguno más.
Se reconoce desde lejos por el muro. En vez de dejarlo liso, lo recorren unas fajas verticales estrechas, las lesenas, rematadas arriba por hileras de arquillos ciegos. No sostienen nada, están puestas para que la luz rasante dibuje sombras y el paramento no resulte monótono. Dentro, sobre el crucero, se levanta un cimborrio octogonal apoyado en cuatro trompas, y las tres naves van cubiertas con bóveda de cañón sobre pilares cruciformes.
Lo curioso es que la piedra sí es de aquí. Está construida en sillarejo de caliza del páramo, apenas desbastada a maza, porosa y clara, con muros gruesísimos porque no llevan contrafuertes. Material castellano y gramática catalana. La explicación más aceptada es una boda, la de María Pérez Ansúrez, hija del fundador de Valladolid, con Armengol V, conde de Urgel, que trajo gente de los condados catalanes. Entre ella, probablemente, los canteros. Quien mandó levantar el templo fue la infanta Sancha Raimúndez, hermana de Alfonso VII y señora de Urueña.
Si vas a Urueña, no te quedes solo en el pueblo. Baja los dos kilómetros hasta el valle. Fíjate en que el ábside central está tapado por un camarín que le añadieron en el siglo XVIII y que rompe el escalonado original. Y busca los arcos de herradura del interior, lo único que queda del monasterio mozárabe que hubo antes aquí, documentado ya en el año 945.
• La Casa Goetsch-Winckler es una residencia unifamiliar diseñada por el célebre arquitecto Frank Lloyd Wright en 1940. Ubicada en Okemos, Míchigan, 🇺🇸
es mundialmente reconocida como uno de los ejemplos más elegantes, puros y logrados de su concepto de arquitectura usoniana.
El truco de cualquier versión del argumento ontológico como esta, es considerar la *existencia* como una propiedad de la definición del objeto (propiedad esencial = parte de la definción).
Pero esto no se puede hacer, porque la existencia no se predica de los individos sino +
LO QUE EL PÉNDULO DOBLE NOS ENSEÑA SOBRE EL CLIMA
El péndulo es uno de los objetos más predecibles que existen. Pero basta con añadirle una segunda articulación —transformándolo en un péndulo doble— para que se vuelva completamente caótico e impredecible.
Si dejamos caer varias veces un péndulo doble desde una posición inicial medida con una precisión de una billonésima de grado, sus movimientos serán totalmente distintos cada vez. En diez segundos, dos tiradas prácticamente idénticas en su origen no tendrán nada que ver la una con la otra. Y hablamos de un sistema con una mínima complejidad: dos varillas, dos articulaciones, una sola fuerza actuando (la gravedad). No hay variables ocultas, ni rarezas cuánticas. Y aun así, se burla de nuestra capacidad de predicción.
La razón tiene nombre: el exponente de Lyapunov, que mide la velocidad con la que dos posiciones iniciales casi idénticas divergen con el tiempo. En un sistema "tan complejo" como un péndulo doble, cualquier imprecisión mínima en la posición inicial suele duplicar la incertidumbre cada 1/5 de segundo aproximadamente (la cifra exacta depende de las condiciones de cada caso, pero el orden de magnitud es ese). Tras un segundo, el error se ha multiplicado por miles. Tras cinco, por miles de millones. Tras diez segundos, la predicción es papel mojado.
El problema de fondo es que nuestras mediciones nunca son exactas, y en sistemas mínimamente complejos no hace falta que el error sea grande para que sea fatal: basta con que la sensibilidad del sistema a las condiciones iniciales supere la resolución con la que somos capaces de medirlas. No podemos conocer los ángulos de partida de un péndulo doble con precisión infinita de decimales, y esa limitación basta para hacer que el futuro sea incognoscible.
Por eso los pronósticos meteorológicos se degradan a partir del quinto o sexto día. Por eso las variables metabólicas de un enfermo grave son tan difíciles de anticipar. Por eso los modelos financieros basados en regresiones simples se desmoronan en cuanto la realidad se aparta mínimamente del pasado que los entrenó.
Ahora bien: esto no equivale a decir que toda predicción sobre sistemas complejos sea imposible. Hay una diferencia entre predecir la trayectoria exacta de un sistema caótico —qué ángulo tendrá el péndulo doble dentro de veinte segundos, qué temperatura hará en Madrid el 15 de agosto de 2050— y predecir su comportamiento estadístico agregado —hacia dónde tiende el sistema en promedio dado un cambio en sus condiciones—. Es la diferencia entre predecir en qué número caerá la bola de una ruleta y predecir que, jugando mil veces al rojo, ganará aproximadamente la mitad. Lo primero es imposible; lo segundo, no. Los que defienden los modelos climáticos apelan a esta segunda categoría: no dicen qué tiempo hará un día concreto, sino cómo se desplazan las medias y las distribuciones cuando se altera una variable: el forzamiento radiativo.
El problema no es esa distinción en sí —que es legítima—, sino la confianza con la que se presentan proyecciones a varias décadas vista de un sistema que, además de ser esencialmente caótico como el péndulo doble, tiene muchísimas más variables interactuando de forma no lineal, las cuales el debate público reduce a una sola: el CO2. Si ni siquiera dos varillas y una fuerza nos permiten predecir con certeza diez segundos por delante, conviene una dosis mayor de humildad epistémica antes de vender como certeza científica lo que en el mejor de los casos es una proyección estadística con enormes márgenes de error, los cuales rara vez se comunican con el mismo aplomo que las conclusiones.
El péndulo doble es la demostración más visual de que la mayoría de los sistemas mínimamente complejos son impredecibles en su trayectoria exacta. La predictibilidad uniforme es la excepción. El caos es la configuración por defecto de todo lo que ensambla varias partes o variables no lineales. Esa lección debería hacernos mucho más cautos a la hora de hablar del futuro — y, sobre todo, a la hora de hablar del clima futuro.
A British physicist published a mathematical proof that we are living in a simulation.
He discovered a new law of physics, the “Second law of Infodynamics”, that proves the universe is actively compressing itself like a video file.
For over a century, the absolute rule of reality has been the Second Law of Thermodynamics. It states that everything moves toward chaos. Entropy increases. Things fall apart.
But when Dr. Melvin Vopson analyzed the physical universe at a data level, he found a massive glitch.
When you look at information systems, like genetic mutations in DNA, digital data, or atomic structures, they do the exact opposite.
Information entropy doesn't increase. It decreases.
The universe is actively minimizing its own information content. It is optimizing itself.
When electrons arrange themselves in an atom, they naturally settle into the state that requires the least amount of information to describe.
When viruses mutate, they aren't just evolving randomly. They are mutating to compress their genetic code.
Even the prevalence of symmetry in the universe, from snowflakes to spiral galaxies, is just nature choosing the most data-efficient shape possible. Because a symmetrical object requires less storage space to render.
Vopson realized exactly what this looks like.
It is the exact same algorithmic process a computer uses to delete waste code, save storage space, and optimize power consumption.
The universe isn't just a physical space. It is a data processing system.
And right now, it is compressing its files.
A complex universe like ours would require a built-in data optimization mechanism to reduce computational power. Otherwise, the hardware running it would crash.
The second law of infodynamics is that mechanism.
Paper: The second law of infodynamics and its implications for the simulated universe hypothesis, 2023