Desarrollador web Front, Back, WP en @creapuntome y @joinchatnow — Me gusta la tecnología, la ci-fi y salir de cañas — Papá, DJ aficionado y... omnívoro 🚜🚜🚜
𝑨 𝒒𝒖𝒊𝒆́𝒏 𝒐𝒃𝒍𝒊𝒈𝒂𝒏 𝒍𝒂𝒔 𝒓𝒆𝒈𝒍𝒂𝒔
Allá por los últimos noventa, cuando uno todavía era joven y aún no sabía que las normas suelen escribirse para que las cumplan unos cuantos, trabajaba en PepsiCo. Y en aquella casa el asunto de los regalos venía claro como el agua, sin letra pequeña ni recovecos: no se aceptaban. Ni grandes ni pequeños, ni siquiera los que llegaban con cara de no haber roto un plato. Había un tope ridículo, casi insultante de tan bajo, y por encima de él, cualquier cosa que te pusiera en la mano un proveedor, un cliente o el primero que pasara dejaba de ser un detalle de cortesía para convertirse en lo que era: un conflicto de intereses. Y a otra cosa.
Rechazar, devolver o, como mucho, declarar. Nada de «es solo un detalle», nada de «total, por una botella». Aquella empresa, que ya jugaba en la primera división mundial, tenía decidido perder una venta antes que perder la cara.
Pasan dos décadas y uno lee la Política de Regalos e Invitaciones de Inditex (esa que aprobó su Consejo de Administración en 2017 y que sigue vigente con sus retoques) y le entra, qué quieren que les diga, una nostalgia rara, casi tierna, de la coherencia. Cien euros de techo o lo que corresponda en la moneda local. Ni un euro en metálico ni una mísera tarjeta regalo. Obligación de rechazar lo que pase del límite o huela a compra de voluntades. Y la orden, por escrito y en negrita, de tirar del canal ético a la primera duda. Transparencia, trazabilidad, ni un milímetro de ambigüedad. Una de las multinacionales que más factura del planeta va y decide que la ética no es un adorno de Navidad, sino una línea roja. Y lo pone negro sobre blanco, lo reparte, lo audita y, si hace falta, lo castiga.
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Y entonces a uno se le tuerce la sonrisa, que es lo que tiene cumplir años, y no puede con la pregunta del millón: cómo es que en el mundo de la empresa,donde el dinero manda y la competencia muerde sin avisar, se ata tan corto el asunto de los regalos, y en cambio ahí al lado, en el terreno del dinero público, de las leyes que se cocinan y de los favores que de comercial no tienen nada, la vara de medir es de goma. Allí, lo que en cualquier oficina sería expediente fulminante y a la calle se rebautiza con eufemismo de funcionario: «usos sociales», «cortesía navideña», «detalle sin ánimo de influir». Botellas de vino que se pasan por el forro cualquier tope corporativo. Relojes. Joyas que aparecen, como por arte de birlibirloque, en las manos de quien ha ejercido el poder más alto. Y una justicia (o cierta manera de leerla) que acaba dictaminando que no hay cohecho mientras el regalo no rebase «lo socialmente aceptable». Como si lo aceptable lo marcara el apellido del que recibe, y no el precio del paquete ni el tamaño del sillón en el que está sentado.
Que no soy ingenuo, ojo. Desde que Caín ofreció sus frutos y Abel sus corderos, el ser humano usa el regalo como moneda de cambio, discreta y eficaz, para engrasar lo que haga falta. Lo que escuece no es la dádiva, sino el doble rasero. En la empresa privada, donde una metedura de pata puede costar millones en reputación y en pleitos, uno se blinda con normas de relojería y con castigos que muerden de verdad: código interno, sanción, despido y a la calle. En lo público, donde el poder se ejerce sobre todos y con los cuartos de todos, basta con soltar las palabras mágicas:«costumbre», «proporcionalidad», para que aquello que en Inditex o en la PepsiCo de mis tiempos sería impensable pase de puntillas y sin pena ni gloria. El Supremo ha archivado en el pasado asuntos por regalos de cientos de euros porque, dice, no comprometían la imparcialidad. Y uno se queda mirando el papel y acordándose de aquel contrato en el que ni de lejos se permitía la sombra de una sospecha.
Será la vieja historia de siempre. El que las rinde ante la opinión pública y ante tribunales que a ratos miden con vara de goma siempre encuentra el resquicio: dádivas pequeñas que engordan al cambiar de mano, regalos que en un despacho son «normales» y en otro, intolerables. La raya no la pinta el valor en euros. La pinta quién la cruza y ante quién.
Al que quiera recordar cómo se ventilaban estas cosas en los tribunales hace unos años y qué umbrales se daban por buenos, le dejo ahí abajo el artículo que publicó El País en marzo de 2017. Léanlo despacio. Y luego, ya puestos, vuelvan a leer la política de Inditex. La diferencia, como casi siempre en este país, no está en la letra. Está en quién está obligado a cumplirla.
https://t.co/nJaLiYqJXC
Y uno, que todavía firma contratos donde cualquier dádiva por encima de un tope de risa significa expediente o devolución inmediata, se limita a mirar el percal con la ironía distante del que se mira al espejo después de tantos años y ya no se asusta de nada. Las reglas existen, claro que existen. Lo que siempre cambia es a quién obligan de verdad.
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Plugin authors are literally the reason #WordPress has become what it is. We're just asking for data, and we can make it private to each commiter.
Make this happen, please.
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Hoy Miguel Sebastián, exministro y economista, firma una tribuna VOMITIVA explicando que las joyas incautadas a Zapatero (1,3 millones según el informe pericial) no había por qué declararlas.
Que un regalo personal no es renta en especie.
Que llevárselo a casa "es una opción personal tan aceptable como la otra".
Mientras tanto, este año Hacienda ha incluido 437.000 avisos a contribuyentes por ingresos en plataformas como Wallapop, Vinted o Airbnb.
El umbral para que la plataforma te delate: 2.000 euros o 30 ventas al año.
El mismo Estado que, si te casas, considera que el dinero que te regalan tus invitados es una donación sujeta a impuesto.
Eso, para el ciudadano de a pie.
Si eres político, juegas con otras reglas.
Dejar a los niños jugar solos al aire libre exponiéndose a riesgos controlados (escalar árboles, jugar con agua o fuego, luchar de broma, explorar zonas donde hay riesgo de perderse, correr a gran velocidad, saltar desde cierta altura...) es necesario para su correcto desarrollo.
Aumenta significativamente su autoconfianza y su sentimiento de competencia, mejora el bienestar psicológico, fortalece la resiliencia emocional y les ayuda a regular el miedo de forma saludable (efecto anti-fóbico). Además, favorece el desarrollo físico (fuerza, coordinación, equilibrio y habilidades motoras), incrementa la actividad física y reduce el sedentarismo. A nivel social, mejora sus habilidades de interacción con otros niños, la resolución de conflictos, la cooperación y el liderazgo. También estimula la creatividad, la resolución de problemas y la capacidad de evaluar y gestionar riesgos reales por sí mismos.
Por el contrario, apartarlos de cualquier peligro y sobreprotegerlos aumenta notablemente el riesgo de desarrollar fobias y ansiedad, reduce su resiliencia, disminuye su autoestima y su capacidad para manejar el estrés y los desafíos de la vida. También favorece el sedentarismo, la obesidad, un menor desarrollo de habilidades motoras y peores competencias sociales, dejando a los niños menos preparados para enfrentarse al mundo real.
En 1956, Asimov publicó el cuento que él mismo consideró el mejor de su vida.
Una IA recibe la misma pregunta durante 10 billones de años.
Siempre la misma respuesta: "Datos insuficientes para una respuesta significativa."
Hoy abrimos el Cómic CAD:BIM con ese cuento.
Hilo👇
How to get a WordPress plugin to 1 million active installs in three easy steps:
1. Start a WP hosting company.
2. Get a million websites hosted.
3. Install your plugin on all sites without asking.
Success!!
@fernandot Tiene un problema (como la mayoría de plugins de seguridad que he probado). Define constantes sin comprobar si ya existen previamente y provoca un error fatal.
Es verdad que sólo pasa con configuraciones más "exóticas" de WordPress (en mi caso, al usar Bedrock).
Ocho meses después de la sentencia del Supremo, seguimos sin acceso al código de BOSCO.
Si no sabes de qué va esto, merece la pena que inviertas 5 minutos en saber lo que te están quitando.
https://t.co/DUBMchE0HE
WordPress runs anywhere. Why doesn't your knowledge base?
Meet #Cortext (alpha): an OSS KB in #WordPress, built with my colleague Miguel Fonseca for #RadicalSpeedMonth. Pages, collections, blocks. Self-host, SaaS, or locally in Playground.
What would actually make you switch?
Un desarrollador danés, flipando con Autofirma, deja un educado comentario en el repositorio de desarrollo.
Es imposible explicarlo mejor:
«En el sector privado, lanzar software en este estado supondría un fracaso comercial inmediato. El hecho de que esta aplicación sea obligatoria para los ciudadanos españoles no exime al equipo de desarrollo de cumplir con los estándares modernos de seguridad y distribución. Exige estándares más altos, no más bajos».
¡Necesitamos más software de código abierto en la Administración pública!
Aprovecho este comentario porque la respuesta es interesante y muy contraintuitiva. Los del paleolítico no necesitaban correctores dentales no porque tuvieran peor higiene, sino porque tenían dentaduras estructuralmente mucho mejores que las nuestras. Los estudios paleopatológicos sobre cráneos de cazadores recolectores muestran tasas de caries por debajo del 1% y maloclusiones (los dientes apiñados que hoy corrige la ortodoncia y que es casi más norma que excepción) prácticamente inexistentes.
La razón es doble. Por un lado, no consumían apenas azúcares, especialmente en las zonas del norte. La caries es una enfermedad ligada al consumo de carbohidratos fermentables, sobre todo sacarosa. Por eso las caries aparecen masivamente con la revolución neolítica, cuando se introduce la agricultura cerealística, y se disparan con la industrialización del azúcar en el siglo XIX.
Por otro lado, y esto es lo que explica los correctores, los maxilares humanos modernos están encogiendo. La antropología dental lleva décadas documentando que desde el neolítico los maxilares se han ido reduciendo porque la dieta blanda no exige apenas masticación. Un cazador recolector masticaba carne semicruda, raíces duras, frutos secos, fibras vegetales correosas. Esa masticación intensa durante la infancia estimula el desarrollo del maxilar y genera espacio suficiente para los 32 dientes, muelas del juicio incluidas.. Muchos elementos de la dieta moderna (pan blando, pasta, yogures, batidos) no estimulan ese desarrollo y los maxilares se quedan pequeños. El resultado son dientes apiñados, muelas del juicio sin espacio, mordidas cruzadas, retrognatismo (que en UK ya se considera endémico, por ejemplo) y ortodoncia generalizada. La propia palabra ortodoncia es del siglo XIX, no existía antes porque el problema tampoco.
El trabajo seminal sobre esto es el de Weston Price en los años 30, que documentó cómo poblaciones que pasaban de dieta tradicional a dieta industrial desarrollaban en una sola generación los problemas dentales que asociamos con el mundo moderno. Más recientemente lo han trabajado Robert Corruccini y Daniel Lieberman desde Harvard.
La ilsutración de la derecha representa a una joven escandinava del Bronce, obra de @JoanFrancescOl1
This was just merged into Gutenberg trunk, and it’s a much bigger deal than it looks 👇
WordPress is getting a native UI to create custom post types.
No code. No plugins.
Just:
Settings → Post Types → Add
That might sound small… it’s not.
Custom post types go from “developer feature” → “everyday user feature”
Which means:
• Better structured content from day one
• Easier onboarding
• Less plugin dependency
• A cleaner foundation for AI to understand your site
And this is just the start.
Post types → taxonomies → …you can probably guess what comes next
You can see where this is heading…
WordPress is becoming a powerful content modelling system 👀