Risueña se apoderó por completo de timbre masculino, mechones rosados sacudidos por las manos de princesa lunar.
—¿Ahora ves lo que siento yo, Ray? —propia y natural curiosidad masculina provocó que manos recorrieran cintura femenina, subiendo hasta delgados hombros ajenos.
—No es que seas tan alto... —orgullo de Shinazugawa herido, sí. Bufido es el que emite en broma, mientras le despeina. —Es que yo estoy muy bajo. Me fastidia.
—Aunque sí, estás muy pequeño, oye... Podría moverte como quiera.
Jura, jura que no fue con segundas intenciones. La gira sobre su eje con rápido movimiento, enfrentando semblante lunar con propio. Curvilínea mostrando brillantes perlas aparece.
Ceño arrugó, la poca dignidad que había aprendido a manejar en anatomía prestada se disolvió.
—Lo soy, Eva... —timbre de voz bajó, regalando solo vocablos a ella—. Sabes que soy tu chico... bueno y obediente...
Evangeline tenía la capacidad absoluta de hacer que Aimi se derritiera con solo un toque de la palma de su mano; no importaba en qué cuerpo, en qué universo o en qué realidad estaban.
Estrella lograba que sol se inclinara hacia ella, desafiando cualquier regla astrológica.
No hace fuerza contra atracción ajena, para nada, dejando que cuerpos se junten como están destinados mientras varón parece querer recordar por siempre aroma de cabello de alemana.
Sonrisa curva, estirando comisuras un poco más mientras alza una mano, acariciando testa +
sobresalió por naturaleza, volviendo a detener visual bosque en ámbar.
—¡N-no! Es decir, quiero decir... —balbuceo pegajoso escapó, alzando voz de repente—. ¡S-sí quiero! Yo quiero....
Testa romance ascendió y descendió frenética, separando temblorosos carnosos.
no se lo permite. Solo logrando inclinar facciones contra cabellera ceniza, ápice de nariz hundiéndose en hebras ajenas.
Palmas bajan, y ahora se apoyan contra espalda de más baja, instandola a acercarse contra propia anatomía para fundirla contra él.
—Sabes que sí te perdono.
Un quejido de dolor renace, aquel movimiento obligándolo a encorvarse solo lo necesario para quedar con vidriosos ojos Rengoku delante de orbes oro, comenzando a crear mohín por regaño.
—¡P-pero, pero me agarraste desprevenido y...!
Murieron en labios palabras, debido a
sensación de calidez que inundan cerezos al contacto con ajenos.
Color verano enciende mejillas de menor, coloreando pálido rostro con intenso carmín.
—Eva... —nombre endulzado canta lengua Kanroji, derritiéndose en palma femenina.
Quiere ocultarse, pero aquel mirar
El agarre no lo asustó, sabe bien y conoce lo suficiente a alemana para conocer que, incluso con ésta diferencia abismal y confusa, no le haría ningún daño.
Por eso, suavidad también se pintó en facciones de príncipe solar cuando falanges adversas aflojaron fuerza en muñeca.
—¿Viste que no miento? No podría contigo...
Curva comenzó a delinear labiales, pasando pulgares por pómulo de mayor, ladeando ápice rosáceo.
Ojos descendió a propio cuerpo que nuevo, no logra del todo acostumbrarse a él. Probablemente jamás lo haga.
—Pero soy Aimi...
Curvatura realiza, dejando que esmeraldas se claven en dorados.
—Uhm... Ese día... ¿N-no fue el que lo maquillamos? —le susurró, frunciendo puente de nariz—. ¡Vamos, Evie! Soy yo...
Incluso con diferencia de estatura, a su parecer, Eva sigue luciendo tan intimidante como siempre. Mirar descendió, párpados aleteando a la par que atrevimiento de flamas Kanroji viajan en dirección de rostro femenino.
Palmas son las que acunan semblante extranjero.
—¡¡PORQUE NO LO ADIVINÉ!!
LE CHILLÓ. Aunque la voz ya no sale chillona, por más aguda que intente sonar. Ojos cerró, palmeando muslo propio y barbilla propia acuna con dedos.
—Ay, pues... Pues... —carnosos frunce, levantando ceja rosácea—. E-es que no me acuerdo, Evie.
—¿De verdad?
Brillos renacen en dagas verdes, risueña escapa para después rostro enterrar entre cuello y hombro femenino.
—¡Me alegra tanto escuchar eso, Ray! —la alza unos centímetros, sacudiendola para dejarla en suelo una vez más—. ¡Yo pensé que no porque soy más alto!
—¿Eh?
De nuevo pestañea, alzando diestra parq pequeñas palmadas abandonar en testa femenina. Pecho foráneo se hunde contra espalda a causa de cercanía.
—Nunca he dicho eso. Siempre serás Aimi para mí, Aimi.
Con todo lo que ello significa.