Ministro Alvarado,
Estimado Claudio, la mentira no es un detalle menor, ni una travesura de campaña, ni una anécdota comunicacional. La mentira corroe la confianza pública, degrada la política y termina destruyendo aquello mismo que dice querer construir. Y usted lo sabe.
Su jefe llegó a La Moneda montado sobre una colección de afirmaciones falsas, promesas imposibles y distorsiones de la realidad que difícilmente encuentran comparación en la política chilena de las últimas décadas. Podría adjuntar aquí decenas de registros audiovisuales, pero sería un ejercicio redundante. Usted sabe exactamente de qué hablo.
Por eso resulta curioso escuchar hoy discursos sobre la honestidad, la transparencia o la limpieza del debate público. Es una especie de gimnasia moral bastante exigente: condenar los efectos mientras se justifica la causa. Porque cuando se conquista el poder abusando sistemáticamente del engaño, la autoridad moral para indignarse por una caricatura, una portada o una exageración ajena queda inevitablemente disminuida.
Podemos discutir si esa portada es apropiada, si contribuye al debate democrático o si refleja el nivel de seriedad que debiera tener la discusión política. Esa conversación es legítima y pertinente. Pero al final del día existe un problema mucho más profundo: José Antonio Kast carga con una reputación construida sobre reiteradas falsedades, y la consecuencia natural de ello es la desconfianza. La desconfianza no se detiene en quien la genera; inevitablemente se proyecta sobre quienes lo rodean, lo defienden y colaboran con él. Entre ellos, usted.
Hay errores que pueden corregirse. Hay equivocaciones que incluso pueden explicarse. Pero la mentira deliberada ocupa una categoría distinta. Es el ácido que erosiona las democracias desde dentro, porque destruye el único capital que sostiene cualquier sistema político: la credibilidad.
Y lo interesante es que esa factura suele llegar. A veces tarda años. Otras veces llega sorprendentemente rápido.
Por eso la pregunta relevante no es qué hizo el Partido Socialista para publicar una portada incómoda. La pregunta que usted debería hacerse es mucho más sencilla y, probablemente, mucho más incómoda:
¿Qué hicieron ustedes para merecerla?
Atte.
@jakastadriasola Ustedes le inventaron una enfermedad mental degenerativa a Evelyn Matthei que resultó ser falso. Republicanos, miserables, miserables, mil veces miserables...
Me ha tocado conversar con gente de derecha. Cito textual:
“Este gobierno ya fracasó”
1.
Ofrecer bonos y endeudarse fiscalmente es traicionar los principios básicos de la ultraderecha
2.
El mercado no ha dado UNA sola señal de reactivación producto de los anuncios y reformas planteadas por Kast. No le creen a la megarreforma
3.
A la gente le están pidiendo que espere hasta el 2035 para QUIZÁ ver alguna mejora
4.
Tienen la sensación de que NO HAY plan B en caso de que la megarreforma no sea aprobada o no funcione (que consideran lo más probable).
EPIFANíA
No tengo pruebas pero tampoco dudas.
El gobierno quiere bajar los impuestos a las grandes corporaciones por 25 años, pero en el supuesto que no logre su objetivo quiere endeudar al país en más de 6.000 millones de dólares, de ese modo podemos estar seguros que ese dinero irá a parar a los mismos que busca beneficiar, en préstamos blandos de bajos intereses y en otros beneficios. Préstamo que terminará pagando la ciudadanía. Lo hicieron en los 80’s, porque no lo harían hoy.
Luego irán por algunas privatizaciones…y buscarán hacer crecer el brazo privado.
Al parecer, a toda costa deben devolver los favores gracias a los cuales llegaron al poder. Los medios y las grandes empresas apostaron y le impusieron a Quiroz, ahora le toca a Kast devolver el favor.
Esta historia es conocida, pero la memoria es frágil.
El principio de no regresión ambiental debe respetarse. Esta megareforma busca debilitar garantías ambientales con cambios que incluso rozan la inconstitucionalidad. No bastaron la permisología ni los recortes públicos. Hagamos presión: el futuro está en juego.