— Abrió los ojos con felicidad al escuchar que su padre quería ver su barca ahora. Agarró a su padre del hombro y lo dirigió hasta su barca. Mientras caminaban se giró a el con una sonrisa burlona. —
Ese bien no suena muy convincente. . .
───El Oscuro miró a su hijo con una ceja alzada, pero poco le duró la seriedad. Le gustaba verlo tan feliz con su barca.───
Enséñamela ahora. Antes de que sufra algún daño. ───Pidió. Sabía que aquello le haría ilusión.───
Digamos que. . . bien.
— Sonrió mientras veía como la pequeña diosa se sentaba en la barca y cuando ya vió que se había acomodado cogió el remo y comenzó a surcar el río Aqueronte. —
¿Entonces te has quedado sola?