Asintió con gesto vago. Todo fuese por la apuesta a favor de una remota armonía.
—¿Tú los comprarás?—recalcó, absorta. Pero le sirvió para convencerse del todo de que era una intención noble—. ¡Gracias! Pues justo tengo varios huecos libres en estos días.
—Y bonitos, ¡adorables! Y muy elegantes.
𖹭
Girl whatever.
—¡Gracias! Cuando gustes en clases me puedo escapar si me preparas una lista de materiales para comprarlos.
—...
Que la disculpase, porque observó el peluche con absoluta cara de circunstancia cuando le tocó encontrar un supuesto parentesco entre el animalito y, de entre todas las personas, Meg.
—Pues los tigres son fieros...—masculló, con una fugaz sonrisa torcida—. ¡Puedo hacerlo!
—¡Quería algo similar a esto, pero más pequeño! Me recuerda mucho a ella.
Le mostró su celular; el diseño no era más que una imaginación.
—¿Verdad que sí?
—Entiendo...
Tersó paulatinamente las facciones en su semblante, un augurio de que estaba por confiar en la palabra de Joy.
—Un favor por otro suena como lo más justo—caviló en alto, ya sonando más resuelta—. ¡Bien! ¿Tienes algo en mente? Yo desconozco sus gustos.
—Te deberé un favorcito. ¡Nadie en la gran batalla de bandas hace menos el favor de su acérrimo rival! ¿Cuela?
Con el corazón de frente, ¡no cree que nada malo pase!
—¡No es mala! Solo tiene un temita por ahí… No se negaría a un regalo de nosotros, menos si pedimos ayuda. Solo se hace un pelín de rogar.
¿Cree? Confía más en Meg que en la mera lógica, ¡si por algo la ama tanto!
—Pues…
—¿Qué saco yo a cambio? Estaría esforzándome por alguien que siento que ni siquiera tiene interés en respetarme, ni a mí ni a mis amigos.
La intención de Joy se le hacía noble, de ser cierta, pero Chica topó el conflicto de frente.
—Ajá, pero ustedes y yo no somos precisamente amigas...
Y no porque Chica realmente no quisiese, sino porque la actitud altanera de Meg le sugería una barrera infranqueable hasta que, quizá, demostrasen 𝐚𝐥𝐠𝐨 en el escenario.
—No sé si esté bien decir esto, pero...
▼
—¡Nop!
Contenta, la rubia miró para arriba con inocencia.
—Nada más quiero animarla, sin razón alguna. Ella haría lo mismo por mí. ¿No haces regalos a tus amigos de vez en cuando?
De entre todas las cuestiones posibles, no esperaba que saliese a flote el implorar un favor por parte de... alguno de ellos. Necesitó unos pocos segundos para asimilarlo.
—S... í, está bien, no tengo problema.
Quizá se dispuso demasiado pronto. Interrogó después.
▼
—Quería saber si me ayudarías a hacerle un regalito a Meg. No he dicho nada porque era algo muy de ustedes, tampoco quería imponer… Pero como le van los accesorios así, ¡me dieron ganas de también yo armarle una cosita de ese estilo! ¿Te molestaría?
—Supongo, y es por eso mismo...—volvió a batallar con una aparente timidez para darse a entender—. ¿Hm? Sí, suelo encargarme del vestuario para mi grupo. ¿Qué pasa con eso?
Enderezó su postura cruzándose de brazos, pero abandonando ya la aspereza en su rostro.
—Me disculpo por eso, pero te veías algo ida antes de… —abogó con cierta suavidad aún. De ahí siguió a lo suyo—. ¡Y bueno! Recuerdo que le hiciste adornos de animalitos. ¿Sí?
—¡No es--! ¡Invadiste mi espacio personal! Es una reacción normal, ¿o no?
Se debatía entre una defensa desesperada y una duda genuina.
—Y ahora qué...—musitó, lo bastante audible.
Y Joy retrocedió, tapándose los labios con una risita.
—¡Su grupo siempre sabe cómo hacerme reír! ¿Lo habré malentendido yo?
Pese a considerarlo en voz alta, tampoco se dejó confundir demasiado.
—Estás de humor —cantó—. En ese caso, ¿puedo hacerte una pregunta?
Retrocedió a la par que se ensanchaban sus párpados, anonadada por el amago de la tecladista. 𝘿𝙚𝙩𝙚𝙨𝙩𝙤́ sentir sus mejillas encenderse a traición.
—¿Y-yo? ¡Estoy perfectamente! Ni sé de qué intentas compadecerte...
El anime no es real, el anime no es real, el anime no es-
Pestañeó, pestañeó.
—Te noté bajoneada.
¡Y jamás sospecharía que pasó /ella/! Es decir, va ya cierto récord que no tiene una nubecita gris persiguiéndola, no pensará eso. Educada pero tentando aguas, le dio un toquecito a la desanimada rubia encima del aire -