—Ah.
En cuanto Nathan señaló la sangre en su nariz, es cuando Min-jun se dió cuenta. La servilleta limpia cogió y procedió a limpiarse con cautela, habiendo desviado la mirada del más alto.
Sí, era por culpa de los golpes que —por decisión propia— se comió.
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No debería tomarlo, pero no tenía otra opción.
El coreano, si bien se había duchado, poseía marcas en su rostro: un ojo morado, un labio partido... Y, cuando se quiso dar cuenta, su nariz había comenzado a sangrar.
El comentario había calado justo donde debía. Meterse con su líder era una actividad divertida para él que obviamente nunca diría en voz alta.
—Yo me he duchado.
Recalcó. Poco después cogió su pequeño vaso relleno de café y le dió un sorbo.
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Tras adquirir en una bandeja sus alimentos, Min-jun buscó con la mirada un lugar donde sentarse hasta que se percató de la presencia de Nathan. La cafetería estaba llena, y a su lado, había un espacio libre. No le quedó más remedio que ir junto a él.
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Luego de su primera clase del día, Min-jun decidió pasarse por la cafetería para beber y comer algo. Anoche se olvidó de cenar, fue directo a la cama a tener otra noche de mierda. Un café y unas tostadas suenan bien...
El profesor de ingeniería informática. Normalmente no tenía nada que ver con él, exceptuando alguna que otra vez que necesitó alguna reparación en su computadora.
Para variar, no parecía estar de buen humor. Pero si algo compartían ellos dos, era la ausencia de expresión.
—No me importa.
Seco, respondió. Y decidió alejarse del tacto de su líder unos pasos. Miró hacia atrás con su expresión de pocos amigos.
—Me voy a clase. No faltes luego.
—Un tipo responsable...
Murmuró. Aunque Nathan fuera su líder, conocía de su gusto por las fiestas y el descontrol. Nunca fallaba a un entrenamiento, pero a qué coste.
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Eso sí, Min-jun seguía ofendido por el hecho de que le hiciera esperar para salir a correr, y luego no se presentara.
Simplemente suspiró, guardándose sus opiniones para sí mismo. Especialmente cuando Nathan dió a entender la situación de su compañía.
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—No te confundas. No voy a aceptar ir de juerga contigo luego del entrenamiento.
Por si acaso, se atajó.
—No luego de que fallaras en venir conmigo a correr a las 5AM toda la semana pasada.
Min-jun no era tonto, conocía la picardía detrás de esa sonrisa tan encantadora. ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza al más alto? Por su bien, decidió ignorarlo y, simplemente, mantener su expresión neutra tan familiar.
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con él aprovechando su buen físico y reflejos.
—Hoy, luego de las clases.
Casi más rápido de lo que pretendió, dijo. En ese detalle se notaba su emoción.
—Seré suave contigo.
En ese entonces, cuando escuchó su pregunta, Min-jun dirigió su mirada a la adversa. Por un instante, quizás podría verse un brillo en sus orbes. Si bien Nathan, su líder, era muchísimo más social que él, no solía aceptar su propuesta de ir a, por lo menos, hacer un sparring >
—Sabes que no soy de juergas.
Inquirió. ¿Cuándo pensaba Nathan quitarle la mano del hombro?
—No me gusta el alcohol. En lugar de eso, ¿por qué no vienes a probar a boxear conmigo? ¿o te da miedo?
Sorprendido quedó ante el ofrecimiento del café, pese a que su expresión se mantuviera igual: impasible. Min-jun no era una persona demasiado expresiva, pero su líder ya le conocía. Aceptó el café, al cual le dió un sorbo y luego hizo el gesto de devolver.
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