La verdad que su aspecto le agrada algo más ahora. Rara cosa le asustaba ya con tanto vudú y chamanismo...
Continuó las caricias, pasando los dedos por su cabello.
Agradecía en sus adentros el abrazo.
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ㅤㅤㅤ. . .acepta la invitación. Su enorme figura cambia, dando lugar a una forma más humana. Con los brazos rodea la cintura de la diosa, y cabeza apoya en su pecho para descansar allí.
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Su mandíbula apretaba tanto como los puños. Se rehusaba a volver a caer bajo su control.
Se arrepentía de haber vuelto. Aunque, ¿a quién pretendía engañar? Daba igual donde fuese, el dios sería capaz de seguir su rastro.
Quiso mantener su dignidad; su compostura. No quería +
El cambio en su voz, mirada y hasta la actitud de la morena fue el perfecto regalo para su egocentrismo, aunque el sufrimiento de sus víctimas parecía un apetitoso alimento, ansiaba más.
ᅠᅠ━━ Mientras exista, seguirás sirviendome. En tu anterior »
+ darle lo que tanto deseaba... Sus gritos y desesperación.
Toda su figura se tensó y se forzó a no romper el contacto visual, disimulando como podía pequeños espasmos que sus curvas daban involuntariamente al serpentante paso de su sombra.
—¡Hngh!
Tomó aire.
—Sois ruin y +
el aire sin rebatir. Pequeñas victorias que se guardaba.
—Eres como un gatito, ahora que lo mencionas. Aunque en tu caso, sí te vería más como a una mascota.
Ah, ahí estaba otra vez su sonrisa mordaz y mirada afilada.
—No te aburres entonces, ¿hm?
Volvían sus gafas.
—Ah.
Seca como el desierto, la morena ignoró por completo (lo consiguió) esa sonrisa afilada y hecha para desgarrar la carne.
¿Le estaba tapando otra vez el sol...? Suspiró hastiada, pero no tan molesta como podría. Todavía disfrutaba de uno de esos comentarios que quedaban en+
—Para mí son más que eso...
Entreabrió los labios. Una breve carcajada dejó salir.
Así que una mascota... Lo que había que oír.
—No para ti, según veo.
¿Era esa satisfacción en su tono?
Alzó la ceja con un duelo de miradas. Difícil era ceder ahora en su posición. ¿Se atrevería?
...Ni respondería al respecto, con ese aire de reina soberbia.
Esbozó una sonrisita. Lo notaba... Tenso. Si no, ¿por qué le habría soltado tal rapapolvo?
—Cariño... Soy egipcia.
+ encima de las gafas. Seguían refulgiendo como dos poderosos soles. Qué injusto, siendo él quien tanto detestaba el astro rey.
—No quieres hacer eso.
Le advirtió con una serenidad tirante. Le echó un vistazo analítico.
—Hm. ¿Ahora tienes gato?
Es cierto. Cambió el invierno por un verano de seis meses. Se lo puede permitir.
Chistó perezosa. Así que andaba con esas... Y como si no hubiese pasado el tiempo, volvían a su tira y afloja ocasional. Se iba hasta emocionar... (No.)
Ver sus dorados la incitó a mirarle por +
¿Pues no era ya así ella? Se ha ablandando en su ausencia por lo que ve si eso le parece mordaz.
Le lanzó una significativa mirada, desafiante.
—A saber... Sé que tu imaginación no conoce límites, querido.
Reposó otra vez la cabeza en la butaca.
Se colocó las gafas de sol.
brusco en el que deshacerse de su acercamiento. Se paralizaba cuando se trataba de él...
Afiló sus morados con desdén y finalmente amagó con alejar la cabeza al menos.
—Hace mucho que dejasteis de serlo. Dejadme de una vez vivir en paz.
Profundizó en sus ojos.
—¿Qué deseáis?
La sombra. ¿Qué sombra?¿La suya, dice? Porque ella ya sabe que no tiene.
El roce de esa mano invisible le impulsó a cerrar los muslos, aplastarla con estos. Claro que siendo inmaterial, era en vano.
Cómo todavía le agarraba el mentón, no se vio con la capacidad de un movimiento
Era imposible resistirse a esos momentos, la morena aunque faltosa siempre lograba demostrar esa enigmática actitud que ansiaba romper; ¿Será acaso culpa de la humanidad?
Como era de esperarse, la sombra bajo sus pies tomó la forma de una mano un +