Jeremy Clarkson’s Farm show on Amazon is the most radicalizing piece of mainstream media I’ve ever seen
Just one example (bear with me):
Badgers became a protected species in Britain 40+ years ago.
The population has exploded and now frequently transmits tuberculosis to cows
But farmers can’t cull the badger population to protect their cattle because the government still considers them to be endangered
Instead of addressing the root cause, the UK has the most batshit testing regime for cattle
There’s no TB vaccine. So the cattle have to get tested. The vets administering the test have to measure welts on the cows neck. Whether a cow lives or dies comes down to a vet trying to discern 1mm on a caliper (reactive vs non reactive).
If a cow tests positive, the farm (already running on super thin margins) is quarantined and starts hemorrhaging money.
Jeremy Clarkson’s cow (pregnant with twins) has an inconclusive test so it’s separated from the herd. It receives a second inconclusive test so they have to kill it (before it can give birth to the twins).
Now here’s the kicker: the autopsy reveals no sign of TB. It was a healthy cow needlessly killed
So - silver lining the farm should be removed from quarantine, right? WRONG - it’s still under quarantine and has to keep testing and can’t sell its beef
Kafkaesque doesn’t even begin to describe how f’d up it is for British farmers
Estuve en Suiza y había un debate político en mi cantón:
¿Debe el servicio municipal subir la tasa y recoger las basuras a diario, o es mejor congelar la tasa y seguir recogiendo los residuos en días alternos?
Había un debate —un cruce de argumentos—, una reflexión y una opinión en cada casa.
Me gustaría que el debate político en mi país fuese así. Una reflexión serena sobre nuestros retos colectivos. Pero, ¿qué ocupa los diarios y las conversaciones?
Que una exministra ha sido condenada por insultar a un juez. Que un ministro llevaba prostitutas a sus viajes oficiales. Que un expresidente ocultaba una fortuna en joyas de dudoso origen. Que un ministro está siendo juzgado por utilizar a la Policía para obstruir investigaciones judiciales. Que un diputado amañaba contratos públicos. Que la familia del primer ministro está sentada en el banquillo. Que asesores, comisionistas y tipos carcelarios campan e influyen en los poderes del Estado. Que los diputados —que habrían de ser para todos ejemplo de rectitud— utilizan nuestras lenguas, nuestra historia y nuestra diversidad no para celebrarlas sino para enfrentarnos a los unos contra los otros.
En este cenagal, cada cual toma su patético bando. «Los míos». «Los tuyos». «A favor». «En contra». Y los medios —inclusive los públicos— azuzan esta reyerta que, como un cáncer, está concomiendo mi país.
¿Cómo soportar este nauseabundo hedor en que se ha convertido el debate público? ¿Cómo podría alguien honesto querer implicarse en algo así?
Puedo aceptar que nos gobiernen mediocres, si son rectos. Pero cada caso es una herida. Cada noticia lacera el espejismo menguante de la ilusión que me gustaría sentir por mi país.
Quisiera tener líderes con grandes valores, aunque no sean exactamente los míos. Instituciones que, al frente, tienen hombres y mujeres respetables y elevados de espíritu. Quisiera no leer los insultos y las zafiedades que a menudo encuentro por aquí en la boca de las más altas magistraturas del Estado y la soberanía nacional. Quisiera ver la ética por encima de las ideologías.
Pero siento tristeza.
Vais a ver lo ABSURDO que es este país.
Hace unos 3-4 años, yo me di de alta como autónomo para declarar mis ingresos en redes sociales (YouTube, Amazon, colaboraciones, etc.) mientras aún tenía mi trabajo de programador en una empresa, como asalariado.
Como programador, tenía un sueldo decente, de unos 2.300€/mes netos.
Como autónomo no ganaba mucho y hacía que mi IRPF subiera, pero bueno, era un extra y siempre era bienvenido. Si quería crecer en redes, tenía que pasar por el aro.
Como asalariado, pagaba mi IRPF y mi Seguridad Social.
Como autónomo, pagaba mi cuota mensualmente: unos 300€/mes (que por cierto, en enero de 2026 me llegó carta de la Agencia Tributaria, diciendo que realmente ese año tendría que haber pagado 455€/mes, por lo que tuve que pagar 1300€ más. Con lo que generaba de redes me parece ABSURDO pero ok, paga y calla).
También pagaba (y pago) mi IRPF y mi IVA como autónomo, además de la gestoría para que me lleve el papeleo.
EL IRPF es conjunto, por lo que se sumarían ambas ganancias y estarías pagando un % más alto que si lo pagaras por separado. Pagaba si no recuerdo mal, un 27-28% en nómina y en los trimestrales.
Como autónomo, no puedo desgravarme prácticamente nada. Mi gestoría me dijo que puedo desgravarme un % de mi despacho, y un % de un % de la luz, pero que si lo hago, me voy a ahorrar muy poco y probablemente me metan más inspecciones y problemas. Con lo que no merece la pena.
Un día me puse a pensar y dije... "Un momento... ¿Estoy pagando 2 veces Seguridad social?" a lo que me respondieron que, en teoría """no pagas 2 veces como tal""" porque la SS de la nómina, es para cubrir paro, bajas, etc. de asalariado y la cuota de autónomo, es para cubrir lo mismo, pero de autónomo. Que son 2 régimen distintos.
Conclusión: Sí, pagas 2 veces, pero no recibes el doble. No puedes recibir 2 paros, por ejemplo.
Pues resultó, que un día me echaron de la empresa y perdí mi trabajo de asalariado. Me indemnizaron por improcedente (por suerte) y cuando fui a coger por primera vez en mi vida el paro, me dijeron que NO TENGO DERECHO A PARO. ¿Sabéis por qué? Por que como estoy percibiendo ingresos por otro lado, como autónomo, no me lo dan :).
Que gratificante, ¿no? Jamás he pedido el paro, porque me he buscado la vida para currar desde los 15 años, y cuando lo necesito, resulta que no me lo dan, porque he decidido emprender a la vez que trabajo mis 40h, para el día de mañana, si sale bien, poder vivir de esto.
Definitivamente, no me merecía cobrar nada del estado con todo lo que he aportado a mis 35 años de entonces 🥰.
En ese momento, tomé la decisión de meterme de lleno en las redes y poder vivir con solamente este trabajo, sin jefes, y me salió bien, gracias a trabajar como un hijo de la gran puta todos los días, os lo aseguro.
Y si alguien piensa que esto no es trabajar, que se abra un canal de YouTube e intente vivir de ello "sin trabajar" ;).
Hoy, le pregunté a mi gestora sobre las bajas y el paro de autónomo. Resulta que para poder cobrar este paro, no sirve con darte de baja y dejar de facturar... Tienes que aportar una de documentos infumable: pruebas de que la empresa ha quebrado, pérdidas de X% mínimo, pérdida de licencia administrativa, Declaración de concurso... vamos, que no te van a dar el maldito paro.
Y conozco una persona que cerró su negocio por enfermedad grave, y ha pasado 1 año y siguen sin concederle ni paga, ni paro ni nada 🤡.
También miré cuánto te pagan si estás de baja por enfermedad, paternidad, etc. y lo que te ingresan es una cantidad tan irrisoria, que ningún autónomo o empresario va a solicitar JAMÁS, porque los costes de tu negocio, superan por bastante ese paro, por lo que al final no puedes permitirte no trabajar o tener tu negocio parado... solo te queda seguir trabajando, tanqueartelo con ibuprofeno y asumir como que NO tienes bajas.
Resultado: has estado pagando un pastón de IRPF, doble seguridad social, para no tener derecho a ningún paro, pensión que probablemente tampoco vamos a tener, y las bajas, como si no las tuvieras (si coges la baja de asalariado y te ven trabajando de autónomo, evidentemente, te cruje la empresa).
Si no puedo coger nada de esto, debería de poder escoger NO PAGARLO.
¿Tiene más derecho que yo una persona que acaba de llegar al país, que no ha cotizado en su vida, que no trabaja, que puede que tenga antecedentes penales, a cobrar IMV o Ayudas?
Que yo estuviera percibiendo varios ingresos, era porque YO hacía 60-70h semanales entre 2 trabajos, dejándome la salud. Pagando más impuestos que la mayoría. Y el estado decide destinar mi dinero, mi esfuerzo y mi tiempo, a gente que aporta 0.
ESTO, se llama INJUSTICIA.
ESTO, desincentiva al trabajo y al esfuerzo.
ESTO, motiva a venir al país buscando ayudas y antes que un trabajo.
ESTO, ahuyenta a la gente que más produce y más genera.
¿Quién quiere quedarse en un sitio donde siente injusticia?
España está destinada al fracaso y al colapso, solo es cuestión de tiempo, cuando solo queden los que no producen.
Han publicado el Manual Práctico del IRPF de la Agencia Tributaria.
700 páginas.
No es que la información no exista. Es que está escrita en un lenguaje que aleja. Que no invita a leer. Que asume que eres jurista o que tienes a alguien que lo sea.
🧵
-España dejó México con un nivel de riqueza mayor al europeo.
-Inglaterra obligó a México a endeudarse de por vida exigiéndole 7 pesos por cada 1 prestado.
-Francia invadió y asoló México en 1862.
-EEUU robó la mitad de su territorio.
Recuerda que los malos son los españoles.
El partido de la NFL en el Bernabéu ha hecho que medio mundo flipe con la ingeniería española. Algo por lo que estar muy orgulloso y que podemos celebrar todos.
Para profundizar, aquí tenéis el especial de la revista de @ACHEtweets que acaba de salir.
https://t.co/GdstQD9SMW
Si para algún trabajo necesitáis comparar uno o más mapas antiguos entre sí o con uno actual, la herramienta perfecta es la interfaz COMPARE de Old Maps Online.
Permite superponerlos o yuxtaponerlos ya georrectificados, y observar así las diferencias.
https://t.co/b3bhlXotfI
❗️❗️❗️ Estoy 𝗵𝗮𝗿𝘁𝗼 de que cada vez que hablo del sindiós de la atención a la ciudadanía en la Administración pública salte —bienintencionado— un funcionario y me diga resignado:
—Es que tenemos una falta de personal tremenda.
📣 ¡𝗡𝗼! ¡No, no, no y mil veces no!
¡Contratar aún más personal solo lo pondrá peor! (Ley de Brooks)
La solución pasa porque los canales digitales funcionen mejor.
Dejadme explicarlo:
La atención a la ciudadanía es multicanal, pero no todos los canales tienen el mismo coste para la Administración, ni suponen el mismo esfuerzo para el ciudadano. De menor a mayor coste/esfuerzo:
1️⃣ Sitio web o sede electrónica
2️⃣ Correo electrónico
3️⃣ Redes sociales
4️⃣ Teléfono
5️⃣ Presencial
Véase esta lista de canales como un embudo («funnel»): cada usuario que no consiga resolver su solicitud en un nivel, saltará al de abajo. En otras palabras: si los canales digitales asíncronos (1️⃣, 2️⃣, 3️⃣) funcionan bien, los canales síncronos (4️⃣, 5️⃣) recibirán menos solicitudes.
¿Y qué está pasando ahora en muchos sitios? Que el teléfono y la atención personal con cita previa están congestionados. ¿Porque hay poco personal? ¡No! Porque los canales digitales no funcionan.
😱 ¡Hola, Ayuntamiento! Como ciudadano, estoy harto de tener que llamar por teléfono (4️⃣) o personarme (5️⃣) porque el sitio web (1️⃣) no resuelve mi consulta, nadie responde a mis correos (2️⃣) y no hay atención por redes sociales (3️⃣).
¿Veis, entonces, qué es lo que está pasando? Que nos desplazamos hacia abajo en el embudo, colapsando los canales síncronos, que son justamente los más costosos para la Administración y los que más esfuerzo requieren para el administrado.
¡Cada canal tiene su superpoder y no son intercambiables! Por ejemplo, el sitio web o la sede electrónica es el único canal de autoservicio. Es, además, un canal elástico: un pico de consultas no supone un pico de consumo de recursos de atención. Los demás canales, en cambio, son inelásticos: el coste es proporcional a la demanda. Por eso el sitio web o sede electrónica deben ser el canal preferente, y lo he puesto arriba del embudo.
Los canales síncronos requieren una persona dedicada atendiendo la consulta al otro lado del mostrador o del teléfono. Cada vez que llamo a un organismo público y consigo hablar con alguien, 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐦𝐨𝐧𝐨𝐩𝐨𝐥𝐢𝐳𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐫𝐬𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 que no puede ser usado por nadie más. ¡Por eso lo pongo abajo del embudo! Porque debería de ser el último recurso. Porque es síncrono, inelástico y caro.
Otro argumento que suelo escuchar:
—Ya, pero es que a mi abuela que tiene 157 años y vive en Vega de Villafufre no la puedes obligar a hacer un trámite digital ni a enviar un correo electrónico.
Pero vamos a ver… ¡atender eficazmente los canales digitales descongestiona automáticamente los presenciales! A tu abuela la atenderán mejor en el centro de salud si los que sí empleamos los canales digitales no tenemos que llamar o acudir y hacer cola.
Por favor, difundid esto. Es de puro sentido común y me siento estúpido teniendo que escribir algo tan evidente. Pero, por lo que sea, parece que 𝐡𝐚𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫𝐥𝐨 𝐦𝐚́𝐬. 📣
Medir los proyectos de «software» en horas es absurdo.
Штурмовщина!
Hay muchas cosas rotas en el desarrollo clásico de proyectos digitales. Afortunadamente, la profesión tecnológica es quizá de las más creativas y flexibles.
Me propusieron desarrollar un proyecto para una Administración pública. Y me explicaron el precio por hora máximo con el cual podrían contratarme, y el número de horas en que estimaban mi colaboración. Del producto de ambos datos —me dijeron— resultaba el presupuesto disponible para mi trabajo.
Pero eso no tiene ningún sentido.
Por una parte, el tiempo es una métrica nefasta a la hora de valorar la productividad de un técnico. Si ha resuelto previamente el problema será más rápido que si ha de hacerlo por primera vez. Si puede reutilizar trabajo anterior acabará antes que si no. Y todos tenemos días malos que terminan con avances exiguos… y jornadas mágicas de inesperada hiperproductividad. Además, la tecnología cambia tan rápido que a menudo hemos de conciliar programar con formarnos y aprender.
Por otro lado, ¿qué sentido tiene trabajar en proyecto de digitalización mirando de reojo una inexorable cuenta atrás de horas presupuestas? Es una métrica para gestores y financieros que no entienden la praxis del negocio. ¡Yo también he estado ahí! Yo también he gestionado un equipo midiendo la desviación de las horas ejecutadas frente a las horas presupuestadas. ¡Sorpresa!: casi siempre nos desviamos por abajo. Casi siempre subestimamos el coste de los imponderables.
Lo que he solido ver en los proyectos de tecnología, lamentablemente, es lo que los soviéticos denominaban «shturmovshchina».¹ Este fascinante concepto me sedujo desde que lo encontré en una de mis lecturas sobre la URSS. Y es que, en la economía planificada de los planes quiquenales, los soviéticos identificaban tres fases:
1️⃣ Hibernación. Es la fase inicial del proyecto. Todo va despacio porque, oye, tenemos cinco años. ¡Hay tiempo de sobra! Además, estamos agotados del frenético final del plan anterior. Calma.
2️⃣ Acumulación. Vamos haciendo cosas, pero los requisitos son cambiantes y aún no tenemos muy claro el alcance del proyecto. El tiempo va pasando, pero avanzamos a nuestro ritmo. Guay.
3️⃣ Fiebre. ¡Vamos fatal de tiempo y el proyecto tendría que estar ya! Recortamos disimuladamente el alcance y el trabajo que entregamos es de escasa calidad. Abundan los vicios ocultos y la deuda técnica que aflorarán más adelante. ¡Hay que meter horas extras! Crisis.
Si este ciclo resuena dentro de ti, entonces has navegado en la tormenta. ¡Es la shturmovshchina! Штурмовщина! Y no es culpa tuya. Es porque el tiempo —las horas— no son una buena métrica para presupuestar proyectos digitales.
Sin embargo, la Administración pública y las grandes consultoras informáticas que suele contratar están obsesionadas con valorar los proyectos así, y atormentan a sus técnicos con la burocracia de cumplimentar partes de horas. Un híbrido de quiromancia y burocracia.
Durante el desarrollo del proyecto mi cliente —una Administración pública— me preguntó «qué tal iba de horas». Me encogí de hombros, porque no las contaba. Les expliqué que mi compromiso era entregar satisfactoriamente el proyecto contratado, no comerciar con mi tiempo productivo. Mi interés es el éxito en el resultado, no acertar en una estimación de esfuerzo que, a fin de cuentas, es un arte adivinatoria.
¡Claro que esto es mucho más difícil en el contexto de una empresa con una plantilla! Los costes laborales son función del tiempo. Por eso el santo grial de la consultoría informática siempre ha sido la productización. La compleja transición de un modelo de negocio basado en «vender horas» a «vender valor». Pero no quiero desviarme.
Para mis proyectos e iniciativas hace tiempo que acuñé una métrica muy personal. Lo llamo el «rato de atención ininterrumpida» o rai. Es el resultado de constatar que en los proyectos de tecnología la moneda de cambio no es mi tiempo. Es mi atención.
Un rai es lo que tardo en sentarme en cualquier cafetería de una ciudad, pedir un café mientras desenfundo el portátil y trabajar concentradamente el tiempo que me dé la gana. Es un rato en el que mi atención intelectual está volcada en una sola tarea. Un rai es atómico porque es indivisible: todas las notificaciones y distracciones han desaparecido de mi escritorio y vuelco mi atención plena. Solo la taza de un descafeinado humea y me acompaña.
Mis rais suelen tienen una duración muy variable. Pueden ser de cuarenta minutos o llegar a tres horas y pico. Pero no miro el reloj. Cuando me apetece parar, simplemente paro y me voy.
Estos ratos de atención ininterrumpida dependen mucho de la exigencia o el interés que me despierta la tarea que tengo entre manos. Cuando desarrollo nuevas funcionalidades duran más, porque me gusta y siento menos el paso del tiempo. Cuando refactorizo o documento, por ejemplo, estos ratos son más cortos.
Sé que cualquiera de mis días tiene dos, tres o hasta cuatro rais. Son las veces que puedo sacar el portátil y zambullirme en un reto hasta que me apetece estirar las piernas o cambiar de cafetería, vistas y escritorio.
Cuando era empresario y contrataba programadores, trataba de explicarles que no era su jornada sino su atención plena lo que la compañía contrataba. Que no había un horario y uno entraba y marchaba cuando consideraba. Que podía ausentarse un martes si le apetecía y conectarse un domingo si era necesario. Que podía trabajar en casa o venir a la oficina, según su preferencia.
(Y no; este modelo nada tenía que ver con retorcer las normas para trabajar encubiertamente jornadas más largas de las legales: cuesta demasiado contratar buenos técnicos y tal treta solo provocaría que saltaran a otra empresa de un sector que virtualmente no tiene desempleo para cualquier profesional competente. Muy al contrario, era una liberalidad que la plantilla valoraba, aunque luego no soliera aprovechar más que puntualmente).
Honestamente, esto nunca funcionó del todo bien. Por una parte, las normas laborales nos obligaban a registrar las horas laborales, poniendo de nuevo el acento en el tiempo como divisa. Por otro lado, casi todos los trabajadores —supongo que acostumbrados por experiencias laborales anteriores— adoptaban este mismo modelo de «entrar» a una hora y salir muy puntualmente.
Yo, en cambio, no entiendo así mi profesión. ¿Trabajo 40 horas semanales? No lo sé, y nunca lo he sabido. Lo que sé es que trabajo tranquilo y disfruto de ello. He surfeado las olas de las shturmovshchina, sí, y he llegado al convencimiento de que no es el tiempo sino la atención lo que define el valor del trabajo en esta profesión maravillosa.
Si el Estado autonómico es un freno para que TODOS los recursos del Estado puedan estar a pie de catástrofe desde el minuto uno para socorrer a las personas que lo necesitan, habrá que repensar el Estado autonómico.
El Estado, sea cual sea su forma, es un medio, no un fin.
Impresionante lo que ha frenado el embalse de Forata (Yátova, Valencia), cumpliendo su función de laminar avenidas a la perfección.
Este embalse suele tener sobre 8 hm³ de entrada de agua anual, con una capacidad de solo 37 hm³.
!En menos de 3 horas han entrado casi 20 hm³!
https://t.co/Tl1yUifMxj
Si deseáis comprar "algo", de buena calidad, y os da pereza andar revisando la marabunta de posibles opiniones, puede que LYNK os sirva.
Lynk busca el MEJOR "ALGO" que se vende en Internet y muestra los criterios de búsqueda en webs de venta, RRSS etc.
https://t.co/QluSHhlxMS
👹 Pasé doce meses troleando al Estado.
Ministerios, gobiernos autonómicos, Hacienda, mi ayuntamiento… le di un meneo a todo lo que pillé. Hackeé portales, liberé bases de datos, saltaron titulares y contestó un ministro.
Esta es la crónica. 👇
https://t.co/eY5lDPtrlr
Acusarte de tráfico de drogas, crimen organizado, terrorismo y ciberacoso por ser el CEO de una red social es como si al presidente de Correos lo metieran en la cárcel porque alguien envíe un paquete bomba o un tripi por carta.
¿Hacia dónde va la Unión Europea?
El Gobierno ha presentado un carné estatal para ver porno en internet.
Pretende así evitar el acceso de menores a contenido para adultos. Una medida que no resolverá el problema, pero creará varios nuevos.
Se está escribiendo mucho sobre la medida. No repetiré yo aquí lo que ya están diciendo otros. Pero sí quiero aportar dos ángulos inéditos.
1️⃣ El primero es el histórico-filosófico. Porque nuestra colectiva obsesión con la actualidad, con la última hora, nos dificulta entender el encaje de nuestro tiempo en el ciclo histórico y, con ello, entender adónde vamos como país, como sociedad. Y porque cualquier aplicación de la tecnología —como la anunciada ayer por el ministro Escrivá— es ya también un posicionamiento filosófico.
Leí a Bertrand Russell, filósofo y matemático del siglo XX, vaticinar hace cien años la progresiva sustitución del rol de padre de familia por parte del Estado. Explica Russell cómo atribuciones clásicamente patriarcales tales como la potestad sobre la educación de su prole y el sostenimiento alimenticio de los hijos son cada vez más ocupadas, en los países avanzados, por el Estado.
Esto conllevaría —según él— a un nuevo modelo social matriarcal donde la importancia de la figura paterna se diluye y, en el extremo, la familia estará compuesta por la mujer, los hijos y un Estado garante de su educación y mínimos económicos vitales.¹
Según Russell, la paulatina estatalización de la familia conduciría incluso «a recompensas pecuniarias a los padres convenientes», anticipando el concepto de cheque bebé y otros incentivos a la natalidad implantados décadas después en los Estados modernos.
La medida recién anunciada por el Gobierno para dificultar el acceso de los menores a pornografía en internet forma parte de esta macrotendencia histórica. Y viene a reemplazar otra potestad de los padres, la de configurar el control parental de sus dispositivos, con un mecanismo de certificación tan orwelliano como ineficaz.
Pero, ¿tan desconectado de la realidad está el Ministro de Transformación Digital? ¿Acaso no tiene una hueste de asesores apuntándole los problemas de la medida? Es tentador pensar que nos gobiernan incompetentes, pero pienso que la realidad es diferente.
2️⃣ Y es el segundo ángulo que quisiera aportar, pero que no cabe en este tuit. Es una reflexión sobre el concepto de «gradualismo» o «normalidad inquietante» (creeping normality), un concepto acuñado por el científico e historiador Jared Diamond acerca de cómo una política que sería rechazada de plano, es en cambio socialmente aceptada cuando es introducida de forma incremental.
Y es que, quizá, la medida anunciada ayer no es sino un instrumento para tratar de normalizar unos mecanismos de control y de recorte de libertades que están por venir en las próximas décadas.
Quizá lo desarrolle en un artículo, si algún medio muestra interés en publicarlo…
____
¹ Este pasaje aparece textualmente en la entrada de «Matrimonio y Moral» de la Wikipedia en español. No es que lo esté copiando de allí; es que aquella entrada la escribí yo.
🗳️ Me presento a las elecciones
Mi programa de gobierno tiene un solo punto:
— Arreglar la web de Renfe
En este vídeo de mi primer día entrando en las oficinas de Renfe debato mi propuesta con el actual equipo técnico.
#VotaJaime#jaimecracia
🌐Reflexiones durante el #ecityLAB24 con @JaimeObregon 🌐
"Estamos desplegando tecnología mal diseñada. Introduces tu DNI con letra y te dice que no tienes cita programada. Eso es un mensaje de 𝐞𝐫𝐫𝐨𝐫 𝐞𝐫𝐫𝐨́𝐧𝐞𝐨."
Ponencia completa👉🏻 https://t.co/seW4Ug4T0l