@nahueldubois@MikeiBRU14 Gracias por aceptarme buenas noches, aprendo y mucho. La batalla cultural tiene aristas q a diario nos cuestiona y habra q ser creativos para dar rtas sólidas, es día a dia y transformaremos poco a poco al ciudadano para q pueda así pensar en voto crítico no emotivo
VOTARON EN CONTRA DE QUE 600 RIONEGRINOS TENGAN TRABAJO Y DE REPARAR LAS RUTAS 22 Y 151
El peronismo votó en contra del acuerdo por Duplicar Norte, una obra que ya genera trabajo para más de 600 rionegrinos y que, en el pico de ejecución, alcanza a 850 trabajadores directos e indirectos, con un 80% de empleo local. Además, el acuerdo dejará US$4,64 millones —cerca de $7.000 millones— para comenzar a reparar las rutas 22 y 151.
Entre 2018 y 2026, 212 personas perdieron la vida en esas rutas. Son rutas nacionales que el Gobierno nacional tenía abandonadas. Río Negro decidió hacerse cargo y darles una solución a los rionegrinos frente a un problema real.
Podemos tener diferencias políticas. Pero votar en contra de recursos para rutas que miles de familias transitan todos los días es especular con una urgencia que ya costó demasiadas vidas. Con la vida de los rionegrinos no se juega. Con la vida de los rionegrinos no se especula.
Gracias a las y los legisladores que acompañaron y no especularon. Vamos a seguir convirtiendo los recursos del petróleo en trabajo, escuelas, hospitales y rutas más seguras.
Sabemos que falta, pero Río Negro tiene rumbo. Río Negro está en marcha.
@agarra_pala@JMilei@ivancarrino Ella nunca tiró un cv, no arriesgar capital propio, no contrató un seguro, siempre en el Estado #conlatuya y se impone con soberbia con vocabulario y expresión sesgada, con sorna le contesta...
@MikeiBRU14 Me refería a q impresiona q tal decisión de éstas potencias financieras e industriales parece q se "autosanearan" sobres todo China y EEUU, hace muchos años una estratega -Virginia Gamba- recuerdo que reflexionaba en que miraramos el mundo en éste sentido, solo eso, grcs estimado
Estaba mirando esta discusión en TV y se me ocurre dejarles esto como reflexión, es larga... pero si te interesa el tema leela y dejame tu comentario.
El futuro digital se suelda - No se declama
Aclaro que si bien soy profe en una Universidad privada y dirijo EPF... no soy pedagogo, solo un tipo con los pies en la tierra.
Me crié entre dos orillas y tuve la oportunidad de ver cómo un país puede reconstruirse cuando su gente recupera la capacidad de hacer: de trabajar con las manos y pensar al mismo tiempo.
Por eso contra toda lógica armé EPF, Electrónica Para el Futuro. No para inventar una nueva teoría educativa, sino para intentar algo mucho más sencillo: poner dentro de lo posible las cosas en orden.
Cuando miro los resultados de PISA y veo a la Argentina nuevamente entre los peores resultados, no me sorprende.
Sin conocimientos básicos no hay futuro digital.
Se puede hablar de tecnología, inteligencia artificial, programación o IoT, pero si un chico no comprende lo que lee, no puede calcular, medir o seguir una instrucción, difícilmente pueda convertirse en un
técnico.
En ingeniería no hay demasiado espacio para el relato. Un circuito funciona o no funciona. Una medición es correcta o incorrecta. Una reparación resuelve el problema o no lo resuelve. En educación deberíamos recuperar, al menos en parte, esa cultura del resultado.
Durante años, la escuela se llenó de teorías y conceptos que muchas veces suenan muy bien en el papel, pero que no siempre funcionan cuando se los lleva a la práctica.
Piaget, el constructivismo, la idea de que el niño debe “construir su conocimiento”, los proyectos y las llamadas competencias del siglo XXI pueden aportar elementos valiosos.
Pero hay algo elemental que no deberíamos olvidar: un principiante necesita que alguien le enseñe.
En un banco de trabajo, un alumno no descubre por sí solo la polaridad de un componente, la forma correcta de interpretar un datasheet o las consecuencias de provocar un cortocircuito.
Primero alguien le muestra. Después practica, se equivoca y corrige con un instructor cerca. Finalmente adquiere la experiencia necesaria para hacerlo solo.
Ese proceso no es autoritario ni antipedagógico.
Es simplemente cómo se aprende un oficio.
La crisis educativa, además, no comienza exclusivamente en la escuela. La familia tiene un papel que ninguna institución puede reemplazar.
Un chico necesita comer, descansar, tener límites, asumir responsabilidades y contar con adultos que se interesen por lo que hace y le exijan cumplir con sus obligaciones.
Decir esto no significa buscar culpables.
Significa reconocer que la escuela no puede solucionar por sí sola todos los problemas sociales que llegan a sus aulas.
Cuando el desorden familiar se combina con un aula donde nadie escucha, donde se pierde tiempo y donde resulta difícil trabajar, la enseñanza se vuelve todavía más complicada.
En un taller técnico nadie consideraría normal trabajar permanentemente entre ruido, distracciones e incumplimientos. Sabemos que afecta la calidad del trabajo y puede incluso provocar accidentes. La educación no debería ser diferente.
Por eso en EPF formamos pensando en el mundo laboral real. Nuestro objetivo no es simplemente que un joven complete un curso, sino que adquiera un oficio que pueda utilizar.
En ocho meses debe estar en condiciones de diagnosticar un equipo, realizar mediciones, encontrar una falla y repararlo.
Debe aprender, además, algo que consideramos fundamental: antes de descartar un aparato, hay que intentar entender por qué dejó de funcionar.
Si el alumno no alcanza ese objetivo, tenemos que revisar nuestro método. No alcanza con atribuir el resultado al contexto.
Por supuesto que el contexto existe. Sabemos que hay pobreza, dificultades familiares, ausentismo, interrupciones de clases y falta de recursos. Todo eso condiciona el aprendizaje. Pero una dificultad no puede convertirse en una excusa para bajar permanentemente el estándar.
El conocimiento adquiere todavía más valor cuando las condiciones son difíciles. Aprender algo que permite resolver problemas, trabajar y ganarse la vida no es acumular información para aprobar un examen. Es adquirir autonomía.
Por eso tampoco creo que la solución educativa consista simplemente en sumar nuevas leyes, programas o discursos. Necesitamos recuperar tiempo efectivo de aprendizaje, docentes con conocimiento y autoridad para conducir el aula, disciplina y evaluaciones capaces de mostrar realmente qué aprendió cada alumno.
La formación técnica tiene, en ese sentido, una ventaja: la realidad termina dando su veredicto. Una máquina funciona o no. Una soldadura está bien hecha o debe rehacerse. Una tensión se mide correctamente o no. El resultado no se puede maquillar con una presentación.
Esa misma lógica debería estar presente desde la educación primaria. Un chico tiene que poder leer y comprender un texto, escribir correctamente y resolver operaciones básicas. Y tenemos que ser capaces de saber si realmente lo puede hacer.
La tecnología también tiene que ocupar su lugar correcto. Primero están los conocimientos y las capacidades básicas; después vienen las herramientas que permiten potenciarlos. Podemos incorporar computadoras, programación, robótica e IoT, pero ninguna tecnología reemplaza la capacidad de comprender un problema.
Poner una computadora delante de un alumno que todavía no comprende un texto básico no es innovación educativa. Es confundir una herramienta con el conocimiento que permite utilizarla.
En EPF tratamos de hacer exactamente lo contrario.
Y hay una característica de nuestro proyecto que considero importante destacar:
EPF funciona sin presupuesto del Estado.
No contamos con una partida permanente que garantice nuestro funcionamiento. Para sostener el proyecto hacemos reparaciones para terceros, generamos nuestros propios recursos y compramos con ellos los materiales y herramientas que necesitamos. Cuando eso no alcanza, por ejemplo hacemos rifas.
No es una fórmula cómoda ni pretende ser un modelo para todo el sistema educativo. Pero demuestra algo importante: cada objetivo que EPF se propuso hasta ahora fue alcanzado trabajando con los recursos que conseguimos.
Esto también forma parte de lo que enseñamos.
Cuando falta dinero, buscamos una manera de conseguirlo. Cuando falta una herramienta, buscamos la forma de obtenerla. Cuando aparece un problema, no esperamos que desaparezca solo.
Lo enfrentamos y buscamos una solución.
Los alumnos no solamente aprenden electrónica. También ven que un proyecto puede sostenerse con trabajo, responsabilidad y compromiso, incluso cuando los recursos son limitados.
EPF no pretende reemplazar a la escuela. Somos un camino complementario y gratuito, sostenido por docentes que ponen el cuerpo y por una comunidad que entiende que vale la pena hacerlo.
Muchas veces recibimos jóvenes que llegan sin los conocimientos básicos que deberían haber adquirido años antes. Entonces tenemos que reconstruir desde el principio capacidades que resultan indispensables para cualquier oficio: comprender una consigna, calcular, medir, concentrarse, ser responsable y perseverar hasta terminar una tarea.
Preferimos hacer eso antes que agregar otra reforma educativa con un nombre nuevo y una teoría importada.
No se trata de re inventar la pólvora, volver al pasado ni de rechazar la tecnología. Se trata de recuperar algo mucho más elemental: la relación entre conocimiento, esfuerzo y resultado.
Un país que quiere reconstruirse necesita personas capaces de hacer cosas, de respetar los materiales, de medir antes de opinar, de comprobar antes de afirmar y de resolver problemas sin esperar permanentemente que alguien venga a solucionarlos.
Eso es lo que intentamos hacer en EPF.
No hablamos desde una teoría.
Esto lo estamos haciendo y lo hacemos funcionar con nuestros propios medios.
El futuro digital no se declama. Se construye con conocimiento, trabajo y capacidad para resolver problemas.
Y, cuando hace falta, también se suelda.
Ing. Pedro
Dir. de EPF – Electrónica Para el Futuro
#Jubilacion
El aporte promedio de 1 monotributista general fue $19.215.
Hacen falta casi 23 de ellos para cubrir un haber mínimo + bono ($439.601). En cambio, 2,2 asalariados alcanzan para un haber de $935.000