Recrece el sol por detrás del río solando la ciudad de claror.
El pez luna rezonga aún entre las ramas.
Los lunes no saben bailar.
La pereza de los pies
sobre las calles calladas,
conjugan el día.
Luego el café,
sanando a los ciegos
y a los mudos y a los perdidos…
El amor real no inventa primaveras donde hay invierno; se sienta contigo en mitad del páramo, te sube el cuello del abrigo y te sostiene la mirada. No te promete salvarte del abismo, pero te garantiza que, si toca caer, el suelo hará menos ruido al romperos juntos.
Tengo la teoría de que el romance está desvaneciéndose porque también la gente ya no lee como antes, ya no se escribe como antes. Hemos perdido la magia de las palabras, el entender al mundo a través de metáforas, nombrar sin darle sentido. Nos hace falta vulnerarnos.