Dicen que el lobo, cuando ama, no repite pareja.
No cambia cuando envejece.
No huye cuando hay problemas.
No abandona cuando duele.
Elige una sola vez… y se queda.
No porque no pueda encontrar a otra.
Sino porque no quiere.
Porque en su mundo, la lealtad no es un lujo.
Es la base de todo.
Cuando el lobo ama, lo da todo.
Acompaña, protege, comparte, se sacrifica.
Caza… pero no come solo.
Aúlla… pero nunca deja de escuchar.
Se adelanta… pero siempre regresa.
Y si su compañera cae, si se enferma, si ya no corre como antes… no la deja atrás.
Se adapta a su paso.
La cuida, la espera.
La defiende con los colmillos si es necesario.
Porque el lobo no busca una vida cómoda.
Busca una vida compartida.
Y así como se entrega a su pareja…
También cuida a los suyos.
A su manada, a sus crías.
A todo lo que ama.
No con palabras, con hechos.
No con promesas, con presencia.
Por eso, un lobo puede vivir rodeado de nieve, de hambre, de peligros…
Y seguir amando como el primer día.
Porque lo suyo no depende del clima, ni del momento.
Depende del corazón.
En un mundo donde muchos cambian de piel como si nada…
Hay lobos que eligen quedarse.
Y quedarse… de verdad.
This puppy definitely deserves a hero badge! I was so worried about those little ducklings, but this brave pup didn’t hesitate to jump right in and help. The way they interact is just too precious—proof that kindness has no species!
"No te des demasiada importancia. Cuidado con el ego y con darte demasiada importancia. No seas un escritor. Es una terrible forma de vivir tu vida. No ganarás nada con ello salvo pobreza, soledad y oscuridad. Así que si realmente quieres escribir, si te quemas por hacerlo, adelante. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te lo ha pedido".
Paul Auster
En México hay gente que no puede sacar su dinero del banco. No porque no sea suya. No porque haya orden judicial. Sino porque sus dedos, sencillamente, ya no marcan. La condición física que borra las huellas por vejez, por diabetes, por lupus, por tantos años de teclado o de tintes, acaba de convertirse, sin que nadie lo discutiera en serio, en una causa silenciosa de exclusión jurídica.
Cuando una señora de 85 años no puede disponer de sus ahorros porque el sensor no reconoce su huella digital, no estamos ante una molestia de ventanilla: estamos ante una interdicción de hecho, sin juez, sin curador, sin debido proceso. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la @SCJN, y la Convención Interamericana sobre Personas Mayores lo dicen sin rodeos: negar un ajuste razonable es, en sí mismo, un acto de discriminación. El banco que improvisa criterios de sucursal en sucursal, o que “presta” la huella del ejecutivo para entrar a la app del cliente, no está ayudando: está suplantando una voluntad que la ley protege.
Y encima viene la CURP biométrica. Una reforma que presume universalidad mientras deja fuera, de tajo, a quienes nacieron sin crestas o las perdieron con los años. Ese es el examen pendiente que tarde o temprano llegará a la Suprema Corte: si un Estado puede exigir como llave única de la identidad algo que una parte de su población, por razones ajenas a su voluntad, no puede entregar. Mientras tanto, los afectados siguen ahí, cargando tres identificaciones, rogando que el cajero sea comprensivo, viendo cómo su propio cuerpo, envejecido, enfermo o trabajado, se vuelve el obstáculo que el derecho tenía la obligación de remover.
La multitud que somos es prodigio y aberración, rescata de los escombros y también asfixia.
Esto es México en su química más pura, un destilado de nuestro ethos nacional de 1986 a 2026.
Y en 40 años, ¿qué ciudad habitaremos si no hemos matado a la esfinge?
https://t.co/EaRc2wrOP2
"Mi tío dice que los arquitectos se deshicieron de los porches delanteros porque no se veían bien. Pero mi tío dice que eso era simplemente racionalizarlo; la verdadera razón, escondida debajo, podría ser que no querían a la gente sentada así, sin hacer nada, meciéndose, hablando; ese era el tipo equivocado de vida social. La gente hablaba demasiado. Y tuvieron tiempo para pensar. Así que huyeron con los porches. Y los jardines, también. Ya no hay muchos jardines para sentarse. Y mira los muebles. No más mecedoras. Son demasiado cómodos. Pon a la gente en pie y corriendo por ahí".
"Fahrenheit 451", Ray Bradbury
📷H. Armstrong Roberts
Todo se jodió cuando confundimos valor con logro, sentido de vida con productividad, inteligencia con datos acumulados.
Quién sabe si haya punto de retorno.
Clint Eastwood !!!! ❤️
Aos 96 anos, Clint Eastwood quebrou nossas ilusões sobre envelhecimento. Não ofereceu consolo sobre anos dourados cheios de serenidade. Pintou a verdade: "A luz machuca os olhos. Respirar pode ser um trabalho duro. O teu corpo já não está a cooperar. Cada passo requer estratégia."
Mas o verdadeiro peso da velhice não é físico. É emocional. Ao cruzar os anos 90, seu círculo social diminui. A maioria das pessoas que te conheceram quando eras jovem desapareceram. O telefone parou de tocar. O ritmo dos dias abranda. A pílula mais amarga não é a dor. É a ausência de alguém que queira te ouvir.
Eastwood explicou por que os idosos repetem histórias. Não é para me gabar. É para se ancorar a uma realidade onde eles eram ativos, amados e relevantes. "Você se encontra repetindo histórias, adicionando detalhes, não para convencer ninguém, mas para sentir que você ainda está conectado a algo", disse. "Você tenta transmitir coisas aos jovens, mesmo quando vê o tédio nos olhos deles".
Vivemos em uma cultura que trata a longevidade como um troféu, mas ignora a solidão que a acompanha. Louvamos o rápido e o brilhante. Não deixamos espaço para o ritmo lento dos idosos.
Clint Eastwood é um gigante do cinema, mas suas palavras falam por cada idoso de 90 anos. São bibliotecas vivas da nossa história. Quando os ouvimos, algo mágico acontece. Fechamos o fosso entre gerações. Rugas não são sinais de envelhecimento. São mapas de uma vida plenamente vivida. E é um privilégio ouvir sua viagem.
"Mi padre fue un hombre bueno. Vivió en esa época en que todo era malo. En que no se podían hacer planes para el mañana, pues el mañana era incierto y el hoy no terminaba todavía. Los tiempos eran malos: no se veía el cielo ni la tierra; ni si había sol o si el viento venía del norte o del sur. Todo era malo para el mundo. Pero mi padre era bueno y creía en la vida".
"Mi padre", Juan Rulfo
ANDROID KULLANICILARI, BUNA DİKKAT EDİN!
Telefonunuz "Depolama dolu" uyarısı verdiğinde fotoğrafları, videoları ve uygulamaları silersiniz. Buna rağmen yer açılmaz.
Çünkü asıl sorun sizin dosyalarınız değil; Android'in arka planda gizlice biriktirdiği sistem çöpleridir.
Dün telefonumdan tek bir fotoğraf, video, uygulama veya sohbet silmeden tam 35 GB boş yer açtım.
Bunu nasıl yaptığımı adım adım anlatıyorum:
👇
Ante las frecuentes críticas que recibió Saramago por la puntuación y la sintaxis en sus novelas, él contestó en este fragmento de Cuadernos de Lanzarote:
Un joven mexicano creó “Encuéntrame 72”, un sistema para localizar personas desaparecidas en las primeras 72 horas, el periodo más crítico en una búsqueda. 🇲🇽🔍
Desarrollado por el estudiante oaxaqueño Jesús Alejandro Jiménez López, este proyecto utiliza inteligencia artificial, reconocimiento facial y análisis de datos para agilizar la localización de personas y apoyar a las autoridades y familias en momentos donde cada minuto puede marcar la diferencia.
Su iniciativa ha llamado la atención dentro y fuera de México, demostrando que la innovación también puede convertirse en una herramienta con un profundo impacto social. 💙🤖
Que gran momento en radio mi querido y admirado @LuisCardenasMx El trabajo de los periodistas es ser la voz de quienes no pueden hablar y tú lo hiciste por la mayoría de los ciudadanos
Mi hijo me dijo que era gay a los 19 años.
Un domingo en la tarde.
Sin drama. Sin llanto.
Solo los dos en la cocina y él con la voz firme.
—Papá, necesito decirte algo.
—Dime.
—Soy gay.
Me quedé callado.
No sé cuánto tiempo.
Él esperaba.
Yo no era un hombre cerrado. O eso creía.
Pero en ese momento no supe qué decir.
Y el silencio duró demasiado.
—¿Estás bien? —me preguntó él.
—Sí —le respondí.
Pero no estaba bien.
Estaba procesando.
Estaba tumbando cosas que había imaginado sin darme cuenta.
Una novia. Una boda. Unos nietos de cierta forma.
No le dije nada de eso.
Le dije que lo quería.
Que eso no cambiaba nada.
Él me abrazó.
Pero algo quedó en el aire esa tarde.
Un silencio que ninguno de los dos llenó del todo.
Pasaron semanas.
Yo seguía normal por fuera.
Por dentro reorganizando cosas.
Un día él me llamó.
—Papá, ¿de verdad estás bien con esto?
—Sí, hijo.
—Porque a veces te noto raro.
—Es que estoy aprendiendo —le dije.
Silencio.
—¿Aprendiendo qué?
—A querer al hijo que tengo y no al que imaginé.
No lo planeé.
Se me salió.
Él no dijo nada por un momento.
—Eso es lo más honesto que me has dicho en la vida —me dijo al fin.
Hoy mi hijo tiene 23.
Tiene novio. Lo he conocido.
Es buen muchacho.
No llegué perfecto a esto.
Llegué honesto.
Y a veces eso es suficiente.
Porque amar a alguien no es aceptar solo lo que esperabas de ellos.
Es aprender a querer lo que son
aunque no coincida con lo que soñaste.
Y ese aprendizaje no siempre es rápido.
Pero vale la pena cada paso que da.