El hipócrita es el que dice una cosa, pero hace otra, se comporta como un actor en la vida real y cambia su modo de ver las cosas; engaña, miente buscando el aplauso y el reconocimiento para satisfacer su propio interés. Su actitud interior es egoísta y su corazón está vacío.
La verdad nos da la auténtica libertad. No tengamos nunca miedo a la verdad, aunque parezca en alguna ocasión que el ser veraces nos acarrea un mal, que podría evitarse con una mentira. De la verdad no puede nacer más que el bien y la justicia. Nunca vale la pena mentir.
La hipocresía y falsedad como la mentira y doble moral nos impiden ver la grandeza y sencillez del otro. Cómo nos cuesta aceptar a los demás en su real dimensión humana, pues siempre estamos juzgándolos. Nos falta más coherencia, sencillez y humildad; fe y esperanza.
@Vikingonegroa Así pasa cuando sucede pero jamás perderé la Fe en la Wikingoneta, en la vida se gana y se pierde, pero nunca derrotado, mañana a seguirle dando con todo 💪🏻💪🏻
El Señor te llama a dar un paso más allá de donde estás, pues seguirlo es comprender su generosidad. Dile al Señor: ¡sí quiero responder a tu llamado, quiero hacer tu voluntad! Que tus acciones, esfuerzos y desvelos sean una respuesta sincera a la iniciativa gratuita de Dios.
San Francisco de Asís explicaba que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita para ser feliz. Caminemos ligeros de equipaje, sin ánimo de acumular y ostentar, sin derroches absurdos pero dispuestos a compartir y repartir cuanto tengamos, con quienes menos tienen.
Creer y amar a Dios no elimina las lágrimas, pero impide que el sufrimiento tenga la última palabra. Dios nunca abandona a sus hijos que confían en Él, pues allí donde nuestras falsas seguridades se derrumban nace una confianza más profunda y verdadera en Dios que ama y salva.
Jesús enseña que el perdón que recibimos de Dios conlleva una responsabilidad: extender esa misma gracia a los demás cuando nos la pidan. «Que nadie se vaya de ti sin haber contemplado ojos de perdón y misericordia». La justicia, el perdón y la misericordia van de la mano.
Nuestra conciencia es testigo y juez de nuestra conducta. Basta con escuchar su voz para cambiar nuestra vida. Sin embargo, hay situaciones en que nos habituamos a mal que, aunque nuestra conciencia nos lo diga no la escuchamos. Entonces surge la caridad y la corrección fraterna.
Dios busca a quien el mundo rechaza. Si queremos una vida centrada en Dios, pongamos en el centro de nuestra vida a quienes Dios mira con especial predilección.
Seremos fieles a Dios y al Evangelio si luchamos por restituir a todo ser humano sus derechos y su dignidad.
El martirio es triunfo del mártir y una derrota de la condición humana a la que pertenece el verdugo. No se es mártir solo por ser asesinado por la fe. Mártir es el testigo, con su vida y con su palabra, de la fe en Cristo y de la generosidad en saber servir y amar a los demás.
No busques a Dios por las cosas extraordinarias, sino pídele que te conceda experimentar su presencia todos los días, en todo lo que haces; que te permita sentirte siempre amado y bendecido por Él. Quien camina en su presencia obra con justicia, caridad, verdad y misericordia.
Limpiar el corazón significa aprender a hablar bien de los demás y a sembrar paz con nuestras conversaciones ordinarias. De nada sirve cuidar una imagen pulcra frente a la sociedad si lo que sale de nuestro interior daña la vida de los demás.