En las circunstancias actuales, y ante los desafíos operativos y logísticos que enfrenta Venezuela, si usted está fuera del país, lo más efectivo es canalizar su ayuda a través de organizaciones reconocidas o de familiares directos.
Organizaciones como Cáritas de Venezuela, Fe y Alegría, Alimenta la Solidaridad, DVC, Fundana, entre otras, cuentan con experiencia y redes para hacer llegar la ayuda donde más se necesita.
En este momento, una donación bien canalizada vale más que el envío de insumos o materiales sin una estructura confiable para recibirlos y distribuirlos.
@Adisabeba Igual a la llegada de hoteles modernos que te ofrecen 3 días y dos noches llegas un viernes después de las 3 pm y sales el Domingo 11 am han pasado tres días y no pasan 72 horas. El día judío religioso empieza al atardecer ( cuando se logra ver la primera estrella) aprox. 6pm
Rodney Stark (1934–2022) fue un sociólogo estadounidense de la religión, profesor en universidades de Washington y Baylor, autor de más de 30 libros. Su tesis central es provocadora: muchos logros de Occidente no surgieron contra el cristianismo, sino gracias a él. Abro hilo 👇🏼
Atención a los resultados de este estudio sobre el efecto del aislamiento y de la soledad en la función cognitiva de los mayores: lo que es malo es el aislamiento, independientemente de que subjetivamente te sientas o no solo:
El artículo distingue claramente entre dos cosas:
-Aislamiento social (objetivo): Tener pocos contactos reales, pocas interacciones sociales, vivir solo sin redes, no participar en actividades grupales, etc. Es medible: ¿cuántas veces hablas con alguien, visitas, sales, etc.?
-Soledad (subjetiva): Sentirte solo, aunque tengas gente alrededor. Es el sentimiento emocional de desconexión.
Pues bien, lo que encontraron es que el aislamiento social real tiene un efecto causal directo y fuerte en el deterioro cognitivo en la vejez (mayor riesgo de declive mental, demencia, Alzheimer). En cambio, la soledad como sentimiento explica solo un 6% de ese efecto negativo. O sea, el 94% del daño viene directamente del aislamiento, no de si te sientes solo o no.
A MIS HERMANOS OBISPOS DE VENEZUELA
Hilo (1/2)
Caracas, 10-12-25
Queridos hermanos:
Paso a informarles del impase sufrido esta mañana en el aeropuerto de Maiquetía. Para cumplir con compromisos eclesiales en Madrid este fin de semana y la próxima
en España. Con retorno a Venezuela el 21 de diciembre. Lo más común en este último cuarto de siglo es padecer casi siempre, con contadas excepciones, al llegar a Migración el oficial de turno toma el pasaporte y sale a consultar “porque el sistema
no funciona”, “no aparece en la lista”…, en dos oportunidades me dijeron que aparezco difunto. En fin, siempre llego al aeropuerto con la mejor disposición de ánimo a ver con qué me encuentro.
Esta mañana, el oficial me dijo que si había revisado mi pasaporte porque no estaba al día y tenía que consultar. Se lo llevó y el bording pass para mostrarlo, me imagino,
a su superior. Al rato, dicha persona me dijo que el pasaporte presentaba problemas y que ellos no podían hacer nada. Que subiera a Caracas a la oficina central del Saime para averiguar. Pasada hora y media vino un soldado y me dijo que no podía
viajar. Le pedí me devolviera mi pasaporte para ir a reclamar mi maleta. ¡¡¡Hasta para ir al baño me siguió de cerca el funcionario, preguntándome a qué iba hasta
ese lugar!!!
Como era ya las 8:https://t.co/044XgpPk5u. y el vuelo estaba programado para las 8.30am, me dijo “Ud. no puede viajar y sígame”. En el piso superior por donde llegan los pasajeros me hicieron firmar unos papeles en los que dicen que por “incumplimiento de las normas para viajar” no podía hacerlo. Quise hacer una foto de dicho papel, pero no me lo permitieron y no de muy buenas maneras. Si yo insistía en la foto, me
amenazaron de quedar detenido. Seguí al soldado a quien le pedí reiteradamente me devolviera mi pasaporte. Al final, lo único que me entregó fue el bording para reclamar la maleta. Me acompañó hasta la salida de los pasajeros cuando llegan del exterior. Le pregunté varias veces qué tenía que hacer y a dónde podía ir. Me contestó que afuera me estaban esperando. Al pasar la puerta corrediza se devolvió y al cerrarse quedé solo afuera sin saber a dónde dirigirme.
Una amable señorita del servicio de información al pasajero me indicó que fuera al counter de la línea donde me atendieron bien y esperé cerca de una hora para que me entregaran la maleta. Del pasaporte nadie me supo dar información y alguien me sugirió no pierda su tiempo aquí en Maiquetía. Diríjase nuevamente hasta Caracas. Subí con la misma persona que me había llevado al aeropuerto y ya estoy en casa.
Les cuento esto para evitar tergiversaciones. Pero es algo que duele porque atenta contra los derechos que tenemos como ciudadanos, de lo que no se da respuesta alguna. Hoy, coincidencialmente es el “día mundial de los derechos humanos” con la campaña “sin información no hay derechos”. Sin igualdad de derechos, sin posibilidad de ser informado, difícilmente puede haber justicia y equidad.
Estamos en tiempos navideños. La fuerza está en la debilidad del pesebre, en la fragilidad de la verdad que se construye en paz, sin violencias y sin abusos. La esperanza pasa por el trabajo continuo por el bien de todos, principalmente de los
excluidos.
Queridos hermanos, que este incidente desagradable no sea el pan nuestro de los que no tienen rostro ni padrinos. Que el mensaje reiterativo del Papa León XIV “estamos dispuestos a buscar una solución y una paz duradera y también justa”. Es la tarea de todos y de los que tenemos alguna responsabilidad ética que ilumine el camino de todos nuestros hermanos. Que la Virgen de Loreto, cuya memoria celebramos hoy nos dé su bendición y ternura...
La cifra total de seres humanos que han existido
Hay ideas que sólo pueden entenderse cuando las reducimos a algo que podamos sostener entre los dedos. Un grano de arena, por ejemplo. Inútil, mínimo, casi ridículo. Y sin embargo, en la escala adecuada, un puñado de arena puede contar la historia entera de nuestra especie.
Imagina un reloj de arena gigantesco. En la parte superior resuena la vida: cada grano simboliza diez millones de personas recién llegadas al mundo. Catorce granos caen cada año: ciento cuarenta millones de nacimientos que entran al reloj con la misma inevitabilidad que la marea. Y ahí, suspendidos en un instante que creemos eterno, estamos nosotros: casi ocho mil millones de vidas comprimidas en un pequeño cúmulo verde. Es la humanidad viva, temblando aún con la ilusión de ser la protagonista de todo.
Pero la gravedad es una ley que no negocia. Seis granos caen hacia abajo cada año: sesenta millones de muertes empujadas por el simple y honesto desgaste de existir. Los granos rojos se acumulan en la parte inferior, donde duerme una multitud silenciosa. Allí están las huellas de aproximadamente 109 mil millones de personas que vivieron, respiraron, amaron y desaparecieron. Más de diez mil granos de arena apilados en la base del reloj. Una cordillera de cuerpos que alguna vez tuvieron un nombre.
La mitad de ellos vivió en los últimos dos mil años. El tiempo profundo no siempre es tan profundo como parece. En algún lugar de ese mar rojo está también el cadáver de Sócrates, que cayó al reloj siglos atrás, y la avalancha de niños que no sobrevivieron a las primeras civilizaciones. Más abajo aún, mezclados con el polvo de la primera agricultura, reposan los nueve mil millones de humanos que poblaron el mundo antes de que alguien sembrara un campo.
Cuando uno observa el reloj completo, deja de ser sólo un diagrama. Se vuelve una lección biológica, dura y hermosa: somos apenas un grano que cae, una estadística que se desliza, una respiración fugaz entre una multitud de muertos. Y esa fragilidad, comprendida a tiempo, no debería entristecernos. Debería despertarnos.
Porque, al final, la arena sigue cayendo. Y cada uno de nosotros —con nuestros errores, preguntas y pequeñas victorias— es apenas un instante luminoso en el largo experimento de la vida humana.
La guerra no resuelve los problemas, sino que los amplifica y produce heridas profundas en la historia de los pueblos, que tardan generaciones en cicatrizar. Ninguna victoria armada podrá compensar el dolor de las madres, el miedo de los niños, el futuro robado. ¡Que la diplomacia haga callar las armas! ¡Que las naciones tracen su futuro con obras de paz, no con la violencia ni conflictos sangrientos!
En este artículo Adam Morris plantea con respecto a lo inconsciente la hipótesis de la ceguera por falta de atención interna (IIB, por sus siglas en inglés). Según Morris, muchos procesos cognitivos de alto nivel, que parecen inconscientes, no lo son estructuralmente, sino que se deben a una falta de atención interna: es decir, no los notamos porque no los atendemos, de manera similar a como no vemos un gorila en un experimento clásico si estamos distraídos (ceguera por falta de atención externa).
https://t.co/iYZe5c6cXr
Peace be with you all! This is the first greeting spoken by the Risen Christ, the Good Shepherd. I would like this greeting of peace to resound in your hearts, in your families, and among all people, wherever they may be, in every nation and throughout the world.