Hablando de la desaparición del Ascenso–Descenso, quiero compartir mi vivencia en esa liga y lo que significó para mí.
Después de jugar cuatro años en Primera División con @CruzAzul, se me rompieron los dos tendones de Aquiles. Me mandaron a Cruz Azul Hidalgo para recuperarme y, siendo honesto, pensé que mi carrera se había terminado.
Pasar de Primera División a la Liga de Ascenso lo sentía como un retroceso del que difícilmente habría vuelta atrás.
Al principio jugaba desganado, desmotivado. Estaba gordo, descuidado y sin ritmo. Pero tuve la fortuna de encontrarme con Víctor Manuel Aguado, quien prácticamente me devolvió la vida en esa división:
“Inténtalo. Tu calidad no está en duda; solo tienes que recuperar lo físico y el ritmo”.
Y así fue.
Después de dos años prácticamente sin ritmo, en cuatro meses estaba de regreso. Al terminar ese torneo, Víctor se fue después de que nos eliminara Veracruz y llegó José Luis Trejo.
Con José Luis yo era el más veterano, con apenas 24 años. Mis compañeros tenían 18 o 19 y dos o tres entre 20 y 25.
Llegamos a la final contra Curtidores, que a la postre ascendería derrotando a Venados de Mérida. El Estadio León estaba a reventar, como cuando fuimos campeones en 1997.
Perdimos en tiempos extra, con aquel gol de oro de Chuy Mendoza.
Ese día entendí muchas cosas.
Primero, cumplí un reto personal: volver a jugar a buen nivel después de dos lesiones muy graves. Se lo había prometido a mis padres.
Después entendí que, aunque la liga quizá no tenía el mismo nivel futbolístico que la Primera División, era una competencia tremendamente intensa: mucho correr, meter la pierna, competir y, también, chispazos de mucha calidad.
Pero sobre todo entendí algo mucho más importante:
La gente vive de la ilusión.
Para muchos, el futbol es una medicina momentánea; una pasión que los distrae, los emociona, los motiva y muchas veces les da un motivo para seguir adelante.
Jugar en Irapuato, Ciudad Victoria, Zacatepec, Veracruz, Zacatecas, Durango, Tijuana, Colima, La Piedad, San Luis, Saltillo, Guadalajara o Mérida, con estadios llenos, me permitió vivirlo de primera mano.
El rival se jugaba la vida semana a semana buscando el ascenso, mientras nosotros estábamos inmersos en un proyecto real de formación y desarrollo de futbolistas.
Y esa era precisamente una de las grandes virtudes de esa liga: servía para competir, para formar y para soñar.
A mí me permitió volver a jugar a cierto nivel —aunque mis piernas ya no daban para mucho más—, regresar a entrenar con el primer equipo, salir a la banca en la Liga MX, jugar amistosos e incluso jugar la Pre Libertadores de 2001.
Y a muchos otros compañeros les sirvió para adquirir un roce competitivo fundamental para desarrollarse y llegar a jugar al más alto nivel.
Yosgart Gutiérrez, Norberto Ángeles (QEPD), Jaime Ruiz, José Alberto Hernández, Víctor Gutiérrez, Tomás Campos, Alejandro Corona, Erick Marín, Marvin Cabrera, Aarón Galindo, Ricardo Osorio, Melvin Brown, Joel Huiqui, Rogelio Chávez, Luis Orozco…
Solo por mencionar a algunos de los compañeros con los que compartí esa etapa. Seguramente se me escapan varios y me disculpo de antemano.
Unos tuvieron carreras más destacadas que otros, pero todos encontraron en esa competencia un espacio para crecer.
Por eso, cuando hablamos de la desaparición del Ascenso–Descenso, creo que no debemos hablar solamente de una categoría o de un formato de competencia.
Hablamos de oportunidades.
De formación.
De plazas y aficiones que sueñan con ver a su equipo llegar a Primera División.
De futbolistas que necesitan competir para crecer.
Y de una parte de nuestro futbol que, con el apoyo y la estructura adecuada de la FMF y de los propios clubes y ciudades, podría seguir siendo fundamental para el desarrollo de nuestro futbol.
Yo lo viví desde dentro.
Y por eso sé que el Ascenso era mucho más que una liga.
#Futbol
voy a extrañar el desmadre y el delulu colectivo, ver señales por todos lados, que sea 15 de septiembre cada semana, los memes, el “quiere volar”, la fe en 11 cabrones nomás porque sí. la neta, aunque la fifa se empeñe en lo contrario, el mundial es y siempre será de la gente.
Pero así es Cruz Azul, te lleva al límite, te rompe un poco, te obliga a mirar el partido con el corazón atravesado. Y aun así, ahí estamos. Porque a veces el fútbol no arregla la vida, pero te devuelve un pedazo de esperanza.
@Profeco compré un vuelo en @Aeromexico (del que por cierto soy clienta rewards) el costo fue de 15,000 pesos, me equivoqué solo con el segundo apellido en el nombre de mi papá y no me quieren hacer el cambio.