Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
No puedo negar que dentro de mi corazón hay una oración que dice: Dios, concédenos una alegría más a este pueblo que ha sufrido tanto.
Quizás un partido de futbol puede considerarse una cosa banal, pero las esperanzas de un pueblo, nunca.