Hay noches en las que extraño hablar contigo sobre cualquier cosa. No las conversaciones importantes, sino esas pequeñas tonterías que solo compartes con alguien cuando sientes que tienes un hogar en otra persona.
Admiro a quienes pueden cerrar una puerta y seguir adelante sin mirar atrás. Yo no funciono así. Me cuesta dejar ir, me cuesta desapegarme y me cuesta aceptar que alguien que significó tanto un día tenga que convertirse en un recuerdo al siguiente.
Es horrible la vida adulta porque, no importa lo que te pase anímicamente o si estás pasando un duelo por algo, la vida sigue y tu no puedes parar. Tienes que seguir adelante y, en muchas ocasiones, pretender que no ha pasado nada y llevar toda la carga por dentro.