@AntoGriezmann gracias por ser como eres! Gracias a tu actitud empecé a cambiar mi perspectiva y a ser más positivo ! Gracias por darnos tanto ! Gracias x ser @atleticomadrid ! Gracias x tu honradez y por demostrar y decaer!
Todos los q criticáis al máximo goleador de la historia espero que alguna vez en la vida la cagueis y que nunca os perdonen ni aunque os lo curreis de por vida
idc what others say, or what their entitled asses write on twitter, for me you’re not just a legend but the biggest reason me and many others started watching football, you’ve given us the happiest memories and i’ll never move on, i miss you already grizou
No sólo nos deja Griezmann.
José María Giménez también merece una despedida a la altura.
No es Griezmann. No es una leyenda de cifras, ni de goles, ni de portadas. No ocupa su lugar en la historia del Atlético por impacto ofensivo, por talento diferencial o por estadísticas incontestables.
Ocupa otro lugar.
El de los jugadores que dieron el cuerpo... literalmente.
Giménez llegó muy joven al Atlético y ha pasado toda su carrera europea en el club. Ha sido central, capitán, defensa de área, futbolista de choque, de duelo, de orgullo. También ha sido un jugador castigado por las lesiones. Demasiado castigado. Y eso ha marcado su carrera, su continuidad y la percepción que muchos tienen hoy de él.
Pero conviene no confundir las cosas.
Una cosa es reconocer que sus lesiones han sido un problema deportivo. Otra muy distinta es convertir eso en desprecio. Giménez no se lesionó por falta de compromiso. Muchas veces se rompió precisamente por jugar al límite, por competir como vivía el Atlético de Simeone: con tensión, con agresividad, con el cuerpo por delante.
Se puede discutir si su ciclo debía terminar antes. Se puede discutir su rendimiento reciente. Se puede discutir su peso actual en la plantilla. Lo que no debería discutirse es su compromiso.
Porque Giménez ha dado mucho al Atlético cuando ha estado en condiciones de hacerlo.
Ha dado años, carácter, jerarquía, heridas, recaídas, vueltas, partidos grandes y una manera de defender que durante mucho tiempo explicó muy bien lo que era este equipo. No fue un futbolista decorativo. Fue uno de los rostros de la trinchera rojiblanca.
Y un club como el Atlético no debería despedir a los suyos como si fueran mercancía amortizada.
Para eso ya están otros clubes, otras lógicas y otros discursos.
El Atlético, si todavía quiere ser otra cosa, debe saber reconocer también a quienes no se van perfectos, ni intactos, ni en la cima, pero dieron la cara. Estuvieron.
Giménez no deja una leyenda limpia. Deja una historia llena de lesiones, sí. Pero también llena de entrega.
Y eso merece respeto.
Mucho respeto.