Lamentablemente quienes viven evitando el dolor al nivel de la inacción y creyéndose a salvo, suelen convertirse en sus propios verdugos. Quizás porque el precio que se paga para que nada te lastime, es que nada te emocione.
Hay un silencio muy pacifico cuando te deja de importar algo que te importaba mucho. El silencio de lo necrosado, porque se te murió de tanto que te importó y te fuiste de rosca.
silvina ocampo: soy todos los lugares que en mi vida he amado. soy las sombras que entraban en un coche, la luminosidad de un puerto (...) soy todas las palabras que adoré, en los labios y libros que admiré (...) soy todo pero nada es mío, ni el dolor, ni la dicha, ni el espanto.