En la Sierra Tarahumara, donde el frío corta como un cuchillo, la escuela de adobe de 'El Salto' tenía un solo protector. Un perro flaco y valiente llamado 'Diccionario', que aprendió que los libros eran tan sagrados como la vida misma.
La maestra Elisa era una mujer joven que había llegado desde la ciudad con una maleta llena de libros y mucha determinación. Su primer amigo fue un perro mestizo, cruza de pastor, que dormía bajo el escritorio de madera. Los niños lo llamaron "Diccionario" porque, según ellos, el perro ponía mucha atención cuando la maestra leía en voz alta.
—"¡Maestra! ¡Vienen los hombres armados!" —gritó un niño una mañana mientras señalaba hacia el camino de tierra.
Un grupo de bandoleros, que se oponían a cualquier cosa que viniera del gobierno, se acercaba para quemar la pequeña biblioteca de la escuela. La maestra Elisa, con el corazón latiendo a mil por hora, ordenó a los niños esconderse tras el altar de la iglesia vecina.
Diccionario no se escondió. Se plantó en la puerta de la escuela, con el pelo del lomo erizado y los ojos fijos en los jinetes que desmontaban.
—"¡Quita a ese chucho de ahí, mujer!" —gritó el líder, sacando una antorcha—. "Esos libros solo sirven para meterle ideas raras a la gente."
—"No pasarán. La educación es de este pueblo" —respondió Elisa con voz temblorosa pero firme.
Cuando el hombre intentó dar un paso hacia adelante, Diccionario soltó un rugido que no parecía de un perro, sino de un león. Se lanzó, no a morder para matar, sino a interceptar la mano que sostenía la antorcha. Con un salto preciso, el perro arrebató el palo encendido y lo lanzó hacia el arroyo cercano. Los bandidos, sorprendidos por la ferocidad del animal y la calma de la maestra, titubearon.
En ese momento, los padres de familia del pueblo, armados con picos y azadones, aparecieron tras la colina al escuchar los ladridos de alerta. Al ver que no estaban solos, los hombres armados dieron media vuelta y se perdieron en la sierra.
"Diccionario salvó nuestros libros, maestra" —dijo un niño mientras abrazaba al perro, que ya volvía a ser el animal dulce de siempre.
La maestra Elisa escribió en su reporte mensual: "Aquí en El Salto, la alfabetización avanza. Tenemos 20 alumnos y un guardián que entiende que la luz de la razón debe protegerse con colmillos si es necesario."
Ella estaba protegiendo a su bebé con su última fuerza en el bosque quemado... Los bomberos sacaron con cuidado al pequeño cachorro, les dieron agua y se quedaron hasta que ambos estuvieron a salvo. Esto es humanidad pura ❤️
"Ya sabemos como funciona el sistema neoliberal capitalista, a la gente le cuesta más cada vez progresar. Ustedes me dirán que yo vivo cómodo en Miami, ta, pero algo leí en la vida"
El Bananero haciendo llorar a los libertarios, es un TIPAZO 🐐🐐🐐
@L_Munzenmayer@JoviNomas@PamJiles Sepa ud que los del dinero para comprar son precisamente los de derecha... Los de izquierda se convierten por evidencia o cambio cultural 😉
@palabo@PiensaPrensa@Carabdechile Señora , sepa ud que no se accidentaron , los atropellaron , bajo las condiciones que sea ni las policías tienen derecho a matar
KAST vs KAST
Hay algo profundamente enternecedor en ver a José Antonio Kast enfrentarse al Estado como quien pasa años insultando a un piloto… hasta que un día le entregan el avión. Resultó que despegar no era lo mismo que gritar desde el aeropuerto.
Durante años, —Kast candidato— fue una mezcla entre comentarista de matinal, administrador furioso de WhatsApp y profeta del apocalipsis nacional. Todo era culpa de alguien más, del gobierno de turno. Si subía la bencina, era incompetencia criminal. Si aumentaba la delincuencia, había que sacar tanques. Si el crecimiento era mediocre, Chile estaba a minutos de convertirse en Venezuela. El país siempre parecía al borde del colapso y sólo él, armado de una cuenta de X y una indignación industrial, podía salvarlo.
Pero ocurrió la tragedia menos prevista por el kastismo: ganó.
Y ahí apareció —Kast presidente—. Un hombre que pasó años criticando cada decisión de gobierno y que, al llegar al poder, descubrió que administrar un país exige algo más complejo que escribir “INACEPTABLE” en mayúsculas.
“El problema de Kast nunca fue la falta de convicción. Fue el exceso de simplificación”.
Gobernó durante años un país imaginario donde los problemas se resolvían con voluntad, slogans y frases diseñadas para viralizar.
La seguridad, por ejemplo. En campaña parecía protagonista de serie de Netflix: “Plan Escudo”, “Operación Frontera Final”, “Tolerancia Cero”. Faltaba apenas un tráiler con explosiones y música épica. Pero una vez en La Moneda, el libreto chocó con un detalle incómodo: no había plan, ni suficientes carabineros, ni inteligencia, ni presupuesto mágico, ni botón rojo para expulsar migrantes por Bluetooth.
Entonces el hombre que pedía militares en cada esquina comenzó a hablar de “coordinación institucional”, “limitaciones jurídicas” y “evaluaciones técnicas”. Traducido: descubrió exactamente las mismas restricciones que ridiculizaba cuando gobernaban otros.
La hipérbole como programa.
Quizás el momento más honesto del kastismo fue cuando explicó que sus promesas de expulsiones masivas eran una “metáfora”. Qué maravilla conceptual. La cuenta regresiva no era literal. Las promesas eran simbólicas. El reloj era poético. El plan migratorio era realismo mágico.
Porque —Kast candidato— era un hombre de certezas absolutas, —Kast presidente—, en cambio, parece un alumno justificando un trabajo que no alcanzó a terminar.
El enemigo era el estado… hasta que conoció sus comodidades.
Durante años criticó el uso de recursos públicos con fervor franciscano. Y sin embargo, bastó cruzar la puerta de La Moneda, su nueva casa, para enamorarse rápidamente de las bondades del aparato estatal. Resultó que el Estado opresor también tiene comedor, chofer, residencia y vajilla fiscal y puede organizar almuerzos a sus amigos con cuenta al erario.
El mismo hombre que denunciaba nepotismos hoy sonríe orgulloso mientras celebra el ascenso político a diputado de su hijo y sobrinos como si gobernar Chile fuese una pyme familiar.
Y qué decir de los ministros. Kast exigía renuncias antes de los cien días cuando era oposición. Pero gobernar tiene esa extraña costumbre de convertir a los “ineptos” en “equipos que necesitan tiempo”. El desempleo no desapareció con discursos. La economía no reaccionó a hashtags patrióticos. Y el Estado no se administró como un live de TikTok.
Kast, el presidente que jamás habría votado por sí mismo.
Lo más irónico del gobierno de Kast es que su opositor más feroz sería el propio Kast de hace tres años. El candidato viviría destrozando al presidente en X desde las siete de la mañana. Lo acusaría de ineptitud, tibieza, improvisación y excusas.
Y tendría razón.
Porque el gran descubrimiento de este gobierno no es que Kast haya cambiado. Es que siempre supo que gobernar era infinitamente más difícil de lo que gritaba. Pero la indignación daba votos y la complejidad no cabe en un tuit.
Al final, la verdadera metáfora no eran las expulsiones.
Era él.
@MisColumnas
🚨URGENTE
Kast increpa a una mujer en Villarrica, se pone tan nervioso que se le cae el celular y termina diciéndole “viva la libertad” a la gente.
La señora lamentablemte la tomaron presa.
¿Viva la libertad?
DATO PARA LOS FUTBOLEROS:
El Canal de Tv GEN, que es de Paraguay, transmite todos los partidos del mundial, tiene muy buenos relatores y comentaristas.
El canal lo encuentran en muchas APP que son gratuitas.
DE NADA 😁