LA TRINIDAD NO ERA SANTÍSIMA
El Estado no es para Vendettas.
Cuando una expersecutora olvida o ignora, intencionadamente, que las instituciones no existen para saldar cuentas personales.
La política chilena posee una vieja fascinación por las figuras que llegan prometiendo orden y terminan extraviadas en los límites que el derecho impone al ejercicio del poder. El caso de la exministra de Seguridad Trinidad Steinert parece inscribirse en esa tradición. Lo ocurrido no es una mera controversia administrativa: es un episodio que revela cómo la concentración de poder y los vínculos previos pueden erosionar las fronteras entre el interés público y las motivaciones personales.
El dictamen de la Contraloría es severo porque no se limita a cuestionar una forma, sino el fondo mismo de la actuación ministerial. Steinert solicitó información detallada sobre funcionarios de la PDI vinculados al caso “Clan Chen”, incluyendo antecedentes disciplinarios y eventuales denuncias penales. El órgano contralor concluyó que tales requerimientos no guardaban relación con las atribuciones legales del Ministerio de Seguridad.
En términos simples: la entonces ministra actuó fuera del marco que la ley le permitía. Y cuando una autoridad encargada de velar por la seguridad decide ignorar esos límites, el problema deja de ser burocrático y se convierte en político.
La gravedad aumenta al considerar el contexto. Steinert había sido fiscal regional de Tarapacá y mantenía una relación profesional previa con la brigada policial sobre la cual posteriormente solicitó antecedentes. La Contraloría fue explícita: existía un deber de abstención para evitar cualquier apariencia de conflicto de interés. Ese punto resulta devastador para la credibilidad de la exministra, porque instala una sospecha inevitable: ¿Por qué una autoridad recién asumida manifestó semejante interés en funcionarios específicos apenas 48 horas después de llegar al cargo?
Una pregunta simple que Steinert deberá responder, aunque difícilmente podamos darle fe. Seguro en dos días aún no sabía siquiera dónde quedaba baño del ministerio.
La política democrática no sólo exige probidad; exige también apariencia de imparcialidad. Las instituciones no funcionan sobre intuiciones privadas o pulsiones de revancha. Funcionan mediante competencias delimitadas y procedimientos. Cuando una autoridad comienza a comportarse como si el cargo le otorgara acceso irrestricto a información sensible, el Estado de Derecho empieza a degradarse.
La secuencia temporal —el oficio reservado, la solicitud de antecedentes y luego la remoción de la subdirectora de Inteligencia de la PDI— configura una cadena de hechos demasiado delicada para ser reducida a coincidencias. Aunque el dictamen no establece responsabilidades penales ni declara ilegal la desvinculación posterior, el episodio deja instalada una percepción corrosiva: la posibilidad de que estructuras estatales hayan sido utilizadas para resolver conflictos personales.
Ese es el tipo de prácticas que las democracias intentan erradicar. Porque cuando las policías comienzan a percibir que su estabilidad depende de afinidades políticas, la institucionalidad entra en una zona peligrosa.
También existe una ironía difícil de ignorar. Un gobierno que llegó al poder prometiendo restablecer el orden y fortalecer la autoridad termina enfrentando uno de sus primeros escándalos por abuso de atribuciones desde el corazón de su aparato de seguridad.
El caso Steinert deja una lección incómoda. El problema nunca ha sido solamente quién gobierna, sino cómo entiende el poder quien gobierna. Porque el autoritarismo no siempre se anuncia con estridencia; a veces comienza con un oficio reservado o una solicitud “administrativa” que supone que las instituciones existen para satisfacer obsesiones personales.
Y cuando eso ocurre, el riesgo no es únicamente una ministra excedida. El riesgo es acostumbrarse a que el poder considere normales esos excesos.
@MisColumnas
Hussam Ebu Safieh, "İsrail'in rehineler için ölüm cezası" ile öldürülecek olan Filistinli doktorlardan biridir (diğer 95 doktor arasında).
Onu öldürmelerine izin verme.
Bunu yeniden yayınlayın.
Por las expresiones de este sujeto casi enajenado cualquiera podría pensar que está teniendo una acalorada discusión política con un contrincante de la oposición. Pero no, es el PRESIDENTE DE CHILE discutiendo con UN NIÑO DE 10 AÑOS que le negó el saludo.
Por favor ayuden a buscar a este muchacho su madre está desesperada todas somos madre y sabemos la angustia de ella, muestren está foto a sus hijos nietos y que le avisen a carabineros si lo ven
ESTE ES ZALIASNIK:
🔴 EN EL ESTALLIDO LE DICE A HERMOSILLA QUE RECOMENDARA EN LA MONEDA QUE SE CORTE EL INTERNET A TODOS LOS CHILENOS.
🔴 PROPONE PERSEGUIR POLITICAMENTE A JADUE, HUGO GUTIERREZ, KAROL CARIOLA Y GABRIEL BORIC.
🔴PLANIFICA CON HERMOSILLA LA MANERA DE DESTITUIR PARLAMENTARIOS
🔴CONSIGUE LISTA DE TELÉFONOS Y MAILS DE LOS PERSEGUIDOS
🔴PENSABA QUE EL ASESOR BENJAMIN SALAS LE METÍA MUCHO EL TEMA DE LOS DERECHOS HUMANOS A PIÑERA.
ASÍ DE SINIESTRO ES ZALIASNIK Y KAST LO PREMIÓ CON LA EMBAJADA DE ISRAEL.
La hipocresía de los católicos chilenos que apoyan politicas de extrema derecha, queda de manifiesto después de los mensajes del Papa en España, por lo que el principal diario El Mercurio no pone como noticia de importancia.
La derecha busca instalar la mentira de que la condonación del CAE “nunca se presentó”. Falso. El proyecto ingresó al Congreso el 7 de octubre de 2024, . No faltó proyecto: faltaron votos en el Senado, donde fue rechazado por la DERECHA. La historia está escrita.
Me uno a la campaña de pedir no darle RT a este mensaje que Kast detesta.
Kast es MENTIROSO, todos lo sabemos, pero no porque sea MENTIROSO, hay que inventar imágenes que lo muestren como un MENTIROSO. A veces un MENTIROSO odia que le digan MENTIROSO porque ser MENTIROSO es una de las peores cosas de la vida.
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Ministro Alvarado,
Estimado Claudio, la mentira no es un detalle menor, ni una travesura de campaña, ni una anécdota comunicacional. La mentira corroe la confianza pública, degrada la política y termina destruyendo aquello mismo que dice querer construir. Y usted lo sabe.
Su jefe llegó a La Moneda montado sobre una colección de afirmaciones falsas, promesas imposibles y distorsiones de la realidad que difícilmente encuentran comparación en la política chilena de las últimas décadas. Podría adjuntar aquí decenas de registros audiovisuales, pero sería un ejercicio redundante. Usted sabe exactamente de qué hablo.
Por eso resulta curioso escuchar hoy discursos sobre la honestidad, la transparencia o la limpieza del debate público. Es una especie de gimnasia moral bastante exigente: condenar los efectos mientras se justifica la causa. Porque cuando se conquista el poder abusando sistemáticamente del engaño, la autoridad moral para indignarse por una caricatura, una portada o una exageración ajena queda inevitablemente disminuida.
Podemos discutir si esa portada es apropiada, si contribuye al debate democrático o si refleja el nivel de seriedad que debiera tener la discusión política. Esa conversación es legítima y pertinente. Pero al final del día existe un problema mucho más profundo: José Antonio Kast carga con una reputación construida sobre reiteradas falsedades, y la consecuencia natural de ello es la desconfianza. La desconfianza no se detiene en quien la genera; inevitablemente se proyecta sobre quienes lo rodean, lo defienden y colaboran con él. Entre ellos, usted.
Hay errores que pueden corregirse. Hay equivocaciones que incluso pueden explicarse. Pero la mentira deliberada ocupa una categoría distinta. Es el ácido que erosiona las democracias desde dentro, porque destruye el único capital que sostiene cualquier sistema político: la credibilidad.
Y lo interesante es que esa factura suele llegar. A veces tarda años. Otras veces llega sorprendentemente rápido.
Por eso la pregunta relevante no es qué hizo el Partido Socialista para publicar una portada incómoda. La pregunta que usted debería hacerse es mucho más sencilla y, probablemente, mucho más incómoda:
¿Qué hicieron ustedes para merecerla?
Atte.