En esta era de la inteligencia artificial, es urgente distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas. Existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculos estadísticos a partir de millones de imágenes ajenas. A los algoritmos les falta la chispa de lo humano. Por eso, la Iglesia desea renovar la alianza con los artistas y las instituciones culturales: una alianza para custodiar lo humano.
Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina. El discurso religioso debe exhortar constantemente a desarmar los corazones y las palabras. #ViajeApostólico #Francia https://t.co/rhk1KeKrpq
Los hombres se matan en el gimnasio y a nosotras nos gustan así: que lleguen llenos de energía y vitalidad a los 80 años, luchando por la soberanía latinoamericana del lado del pueblo.