"Te mando un audio porque es más fácil".
Será más fácil para vos.
Yo voy a tener que escuchar tu podcast de 4 minutos cada vez que necesite un dato porque despreciás la gloriosa tecnología de registro de información conocida como escritura que nos legaron los sumerios.
Nunca Le Digas A Un Niño Que No Se Puede:
Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua.
La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.
Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que consiguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.
A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.
Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente
-¿cómo ha podido conseguirlo? comentaban entre ellos.
Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.
Adaptación de un cuento popular.
El Sonido De La Hierba Al Crecer.
Según la neurocientífica Anne-Laure Le Cunff, leer libros no solo entretiene o educa la mente, sino que produce cambios fisiológicos reales que ayudan a regular el sistema nervioso, pasando del estado de estrés al estado de descanso y recuperación.
La lectura aprovecha circuitos cerebrales muy antiguos que nuestros ancestros usaban para interpretar el entorno natural, como huellas, nubes o sonidos. Aunque la lectura de textos escritos solo tiene unos 5.000 años, el cerebro reutiliza esas mismas redes neuronales para procesar palabras, lo que se conoce como la hipótesis del reciclaje neuronal (de Stanislas Dehaene).
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Cuando leemos, especialmente ficción, el cerebro activa muchas de las mismas áreas que se usarían si estuviéramos viviendo las experiencias descritas. Esto genera una inmersión que ralentiza el ritmo cardíaco, profundiza y regulariza la respiración, reduce la tensión muscular y desplaza el sistema nervioso autónomo del modo “lucha o huida” al modo “descanso y digestión”. A diferencia de las redes sociales, que fragmentan la atención, la lectura requiere un foco sostenido, lo que la convierte en una actividad especialmente restauradora.
Además, leer ficción funciona como un ensayo a bajo riesgo de situaciones reales de la vida, ayudando a practicar empatía y respuestas emocionales. En un mundo hiperestimulado y lleno de distracciones, la lectura se convierte en una de las herramientas más accesibles y efectivas para calmar el cuerpo y la mente al mismo tiempo.
Para aprovechar mejor estos beneficios, es recomendable leer una mezcla de ficción y no ficción, elegir bien el momento (especialmente antes de dormir), crear rituales de lectura, adaptar el tipo de libro al estado emocional del momento y, sobre todo, seguir la propia curiosidad para lograr una inmersión completa.
En resumen, leer un buen libro no es solo un placer intelectual sino que es una forma natural y poderosa de regular el sistema nervioso y recuperar el equilibrio en una época de constante sobreestimulación.
“La clase magistral es inútil y está desfasada”, dijo el ponente del curso de formación ante un grupo de docentes que escuchaban atentos su ponencia de una hora de duración. #MicrorrelatosDocentes
“One day, you will be old enough to start reading fairytales again.”
― C.S. Lewis, The Chronicles of Narnia
(The Bed-Time Book, 1907 Jessie Willcox Smith; 1863-1935)
Bye
Para cuando se nos olvida vivir, recordatorio de Walt Whitman:
«Jamás hubo otro comienzo que ahora
Ni más juventud o edad que ahora
Ni habrá jamás otra perfección que ahora
Ni más cielo o infierno que ahora».