Mi ex y yo terminamos a los 27 años.
Tres años juntos. Sin una razón grande.
Solo dos personas que dejaron de esforzarse al mismo tiempo. No hubo pelea final.
Un día ella me dijo:
—Creo que esto ya no está funcionando.
Yo no lo negué.
—Creo que tienes razón —le respondí.Y eso fue todo.Pasaron dos años.
Cada uno por su lado.
Nuevos trabajos. Nuevas rutinas. Alguna que otra salida que no llegó a nada.Un día nos cruzamos en un supermercado.
De esos encuentros que uno no planea.Ella estaba igual.
Yo creo que yo también.Hablamos diez minutos en el pasillo de cereales.
Cosas normales. El trabajo. La familia. Nada importante. Al despedirnos me dijo:
—Me alegra verte bien.
—A mí también —le respondí.Y la vi irse.Esa noche le escribí.
—Fue bueno verte. ¿Algún día tomamos un café?Tardó dos días en responder.
—Claro. ¿El jueves?Nos tomamos ese café.
Luego otro.
Luego una cena. No fue como antes.
Fue mejor.
Porque los dos habíamos vivido cosas.
Habíamos cometido errores solos.
Habíamos aprendido lo que no supimos cuidar la primera vez.Llevamos un año y medio juntos de nuevo.
Sin prisa. Sin dramas. Sin dar nada por sentado. No le cuento esto como una historia de amor de película.
Te lo cuento porque aprendí algo que no creía:
A veces las personas no salen de tu vida para siempre.
A veces salen para que los dos crezcan por separado
y vuelvan siendo mejores versiones
de los que alguna vez no supieron quererse bien.
Cuando me preguntan cuál es mi lenguaje del amor, yo les digo que todos. Porque cuando estás enamorado de alguien no hay cosa que no harías por hacérselo saber.
qué cosa tan bonita la curiosidad….. hacia las cosas y hacia otras personas. querer saber todo y querer escuchar todo. y preguntar preguntar y preguntar… una pequeña forma de amor