@AlcCuauhtemocMx@AlessandraRdlv@Profeco Si vas a comer a El Mexicano Restaurante y Mezcalería en Cuauhtémoc, que sepas que les vale verga tu seguridad. Tienen un manejo pésimo de veneno para rata en zonas donde sirven comida, y cuando les dices que casi matan a tu mascota, te mandan con su abogado.
@TerrorRestMX
Mi perrita Amaranta está hospitalizada porque comió veneno para rata que estaba TIRADO EN EL PISO de El Mexicano Restaurante y Mezcalería, en la alcaldía Cuauhtémoc, CDMX. Esto es lo que encontré cuando volteé a verla debajo de la mesa.
Tener raticida expuesto en área de clientes no es solo negligencia hacia los animales: es un riesgo sanitario para CUALQUIER persona que coma ahí, incluidos niños. @AlcCuauhtemocMx@AlessandraRdlv@Profeco
Vivir sola ha sido un loop eterno de pagar y cargar y pagar y cargar y pagar y limpiar y limpiar y limpiar y pagar y cargar y cargar y limpiar y pagar y cargar y pagar y cargar y pagar...
Increíble que un futbolista con preparatoria trunca con los 19 años recién cumplidos tenga más consciencia social que un ex presidente de un país de primer mundo
the real reason you’re tired all the time: it’s not your workload. it’s your open loops. the text you haven’t answered. the apology you owe. the decision you’re avoiding. the conversation you keep postponing. these run in the background of your mind all day, draining your battery. close your loops. watch your energy return. mental clutter is more exhausting than physical work ever will be.
Lo único que diré respecto a que las iglesias evangélicas sean culpables de la caída del futbol, y de la destrucción del tejido cultural latinoamericano es q no es gratuito que los presidentes que está montando la ultraderecha sean hombres de show como los pastores evangélicos
Dos jugadas de este Mundial me dejaron pensando en algo que trasciende el resultado: cuánto tensiona el reglamento del fútbol principios que, fuera de la cancha, damos por intocables.
La primera fue la anulación de un gol de Egipto ante Argentina. El VAR se retrotrajo a una falta cometida en el origen de la jugada, varios segundos y muchos metros antes de la definición, para borrar el tanto. En este caso la decisión pudo ser correcta: el contacto existió. Pero el principio que la habilita inquieta. Si un gol, el hecho más definitivo del juego, el que hace estallar un estadio y un país, puede deshacerse retrocediendo a una fase previa cuya frontera es interpretativa, entonces ningún gol es del todo firme hasta que alguien, desde una cabina, decide hasta dónde mirar hacia atrás. La certeza, ese bien que en el derecho protegemos como sagrado, queda supeditada a una apreciación elástica sobre dónde empieza una jugada.
Hay un viejo aforismo jurídico que parece darle la razón al videoarbitraje: causa causae est causa causati, la causa de la causa es causa de lo causado. Si la falta originó la jugada, y la jugada terminó en gol, ¿no es la falta, al final, causa del gol? Suena impecable, pero tiene trampa. El propio derecho que acuñó la máxima aprendió pronto a ponerle freno: sin límites, todo termina siendo causa de todo, y habría que sentar en el banquillo también a quien fabricó el arma, y al que le vendió el acero. Por eso la doctrina se queda en la causa próxima y no persigue la cadena hacia atrás hasta el infinito; el aforismo se agota en una o dos iteraciones, no en varias jugadas y muchos metros de distancia. El VAR, en este caso, sí la persiguió. Retrocedió pases y metros como si el hilo causal no tuviera que cortarse nunca. Toma el aforismo, pero se olvida de su límite.
La segunda es más antigua, pero igual de incómoda: la sanción que trasciende al infractor. Una expulsión que no solo se paga en el partido donde se comete la falta, sino en el siguiente. Y como el fútbol es una empresa colectiva, el castigo, formalmente individual, lo termina cumpliendo todo un equipo, una afición, casi un país. En 1998, Zidane fue expulsado en la fase de grupos y su ausencia dejó a Francia al borde de la eliminación ante Paraguay, salvada apenas por un gol de oro. La falta fue de uno; el precio estuvo a punto de pagarlo una nación entera.
Conviene recordar que esta norma no es de derecho divino. Las tarjetas nacieron apenas en 1970, y la propia FIFA acaba de reformar en 2026 el castigo por acumulación, precisamente para que los seleccionados no se pierdan partidos decisivos. Es decir: la institución ya admitió que el diseño podía ser injusto. Solo que la reforma se quedó a medias, porque atacó la acumulación de amarillas pero dejó intacta la raíz: que una pena recaiga sobre quienes no cometieron la falta.
Naturalmente no pido un fútbol sin reglas ni sin tecnología. Pido, apenas, que reparemos en la paradoja. En el torneo que más se acerca a lo que Shankly llamaba, con ironía, algo más importante que la vida y la muerte, dos de sus normas: la falta de certeza del gol por actos futbolísticamente lejanos y la pena que trasciende al infractor, chocan de frente con nociones de justicia que en cualquier otro ámbito nos parecerían inaceptables.
El fútbol se toma licencias que el derecho no se tomaría. Vale la pena, al menos, pensarlas.
I’m not a big soccer guy, but Catholic faith is clearly a God-given x2 multiplier to the Soccer skill tree
The rise of Pentecostalism in Brazil is directly correlated with the collapse of its soccer program.
Meanwhile, some random Catholic island like Cabo Verde can randomly go blow for blow with Argentina.
God loves Catholic soccer players