"No temamos morir, pues Cristo murió por nosotros; muramos con la esperanza de la vida eterna, pues Cristo resucitó para que resucitemos."
San Agustín. (Serm. 375B, 1)
Hoy en día se escucha mucho el:
“Si alguien te resta, elimínalo de tu vida”.
Prefiero pensar en que si alguien te resta, lo pongamos en una cajita de “No dejaré que me influya”
Porque quizá con el tiempo, con tus actos, puedas influir a que esa persona cambie.
Para Dios, tú eres esa pequeña moneda que el Señor no se resigna a perder y busca sin cesar: quiere decirte que eres precioso a sus ojos, único. Nadie puede reemplazarte en el corazón de Dios.
Yo acepto que me hablen solo para favores y con mucho gusto, si está a mi alcance, les voy a ayudar. No me parece grosero, ni siquiera tienen que preguntarme por toda mi vida antes de pedirlo, tranquilos, y al grano, que la vida es para apoyarnos entre todos.