Feliz y tranquila. La mayoría de las personas que hablan mal de mí nunca han recibido un daño de mi parte. Simplemente no soportan ver cómo
Dios sigue bendiciendo mi vida.
Quiero una vida tan rendida a Dios, que mis planes le cedan el lugar a los suyos, y mis sueños se parezcan más a lo que Él soñó para mí desde el principio.